Entrevista a Verónica Balduzzi, directora de No hace falta estampilla

Andrés Schinocca 12 - Septiembre - 2018 -Entrevistas-Foco: FIDBA 2018 - Festival internacional de cine documental de Buenos Aires.

 

En conversación con la joven realizadora Verónica Balduzzi, nos cuenta como fue el proceso creativo y de producción durante la realización de su cortometraje No hace falta estampilla, el cual se estrenará en el Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires (FIDBA) el próximo sábado 15 de septiembre a las 14hs. en el Cine Cosmos, participando de la Competencia de Cortometrajes Argentinos.

 

¿Cómo se fue dando el proceso de producción y cuánto tiempo te llevó?

Este cortometraje se fue construyendo de a poco, a lo largo de un de proceso de dos años.  Durante ese tiempo me dediqué a salir con la cámara a la calle, a recolectar imágenes y sonidos, pero sobre todo a observar. Me fui dando cuenta de que si se está en un lugar el tiempo suficiente, las cosas empiezan a aparecer. Intenté experimentar con un proceso de producción que se diferenciase del tradicional, un modo de hacer películas en el cual las etapas de escritura-rodaje-edición no estuviesen necesariamente así ordenadas. Algunas veces las imágenes con las que me encontraba eran disparadoras del texto, y otras veces eran las correspondencias las que me llevaban a distintos puntos de la ciudad.

 

¿Cómo fue esto de ponerte a vos como personaje? ¿Fue una decisión desde el comienzo? ¿Qué te implicó esto?

La decisión de ponerme a mí misma en escena surgió en el momento en el que me interesé por filmar el registro de los sonidos de la ciudad. Mi personaje envía Buenos Aires a Laura desde la cotidianeidad de los elementos que tiene a su alcance, como por ejemplo su propia mano, y eso se parecía mucho a la manera en la que estaba filmando: con amigos, probando y errando, con el trípode a todos lados. Las cartas son documentales, por momentos reflexiones muy íntimas. Que fuera yo quien las leyera hacía sentido para mí, más allá de la inevitable (y muy grande) vergüenza de verse en la pantalla.

 

Imagino que debe haber sido difícil tomar la decisión de poner punto final al cortometraje.  ¿Cómo fue?

Como fue un proceso que implicó ir filmando, escribiendo y editando alternadamente, nunca hubo un momento en el que se pudiera “dejar de” hacer alguna de estas cosas. Hasta último momento estuve filmando cosas nuevas, y a medida que esas imágenes se incorporaban fui descartando otras. Durante el tiempo que estuve dedicada a esto fui cambiando mucho, también en mi forma de mirar y en las ideas de montaje que iba explorando. Creo que este corto se parece mucho a un diario filmado, y por eso el momento en el que termina siempre será un poco arbitrario.


Encuentro un relato algo obsesivo y hasta por momentos algo perturbador. ¿Cuánto de esto pensaste que así sea, si crees que así es? 

Creo que pudo haber sido el traslado inevitable de mis propias obsesiones. De todas formas yo lo siento más bien despatarrado.

 

El título nos advierte que la estampilla no es necesaria, pero da la sensación de que hay fuerzas y necesidades expresivas muy puntuales, que motorizan la narración. Por ejemplo, el punto de vista femenino apareciendo como tema. ¿Crees que esto así?

La mención a la estampilla en el título tiene que ver con la pregunta de cómo sería para nosotros, o por lo menos para mí, el intercambio de correspondencias en esta era digital. La carta como objeto que se espera, o como papel que lleva las marcas hundidas por la fuerza hecha con la lapicera, ya es obsoleta. Pensando en este contexto quise probar equivalentes, es decir, cómo sería enviar imágenes y sonidos conservando lo artesanal de una carta escrita a mano. En cuanto al punto de vista de una mujer acerca de su relación con las calles de la ciudad, me interesaba como tema intentar trasladar la experiencia de una mujer al transitar la vía (vida) pública, un terreno que poco a poco fuimos e iremos conquistando pero que ha sido históricamente el lugar de los hombres, en oposición a los interiores de la vida privada (el hogar familiar, la cocina, la habitación cerrada) asignados a las mujeres.

 

En principio se podría decir que "No hace falta estampilla" es un relato personal, propio e intimista. Sin embargo, percibo cierta comunión con temáticas y hasta temores e incertidumbres, propias de una generación. ¿Crees que está en el corto este vínculo entre el relato intimista y el social? ¿Te lo propusiste?

Creo que el desafío de los relatos íntimos, documentales y en primera persona, es poder hablar de otras cosas a partir de la experiencia o percepción personal, generando movimiento e intercambio con el entorno. Es decir, poder partir de uno mismo para producir puntos en común con su contexto; tocar al otro. No sé si lo habré logrado, pero es una pregunta que me interesa a la hora de filmar.

Mauro Lukasievicz

mlukasievicz@caligari.com.ar

@MLukasievicz

Entrevista a Verónica Balduzzi