Entrevista a Nicolás Torchinsky, director de La nostalgia del centauro

Mauro Lukasievicz 13 - Septiembre - 2018 -Entrevistas- Foco: FIDBA 2018 - Festival internacional de cine documental de Buenos Aires.

 

 

 

¿Cómo llegaste a la historia de Alba y Juan y que tanto hay de documental y que tanto de ficción en este acertado acercamiento a las tradiciones gauchas que van desapareciendo?

Conocí a los protagonistas de la película a partir de un viaje a la provincia de Tucumán en búsqueda de locaciones para un cortometraje. En ese viaje, mi amiga Mirta Gloria Soria, hija de los protagonistas, nos invitó a pasar unos días en la casa de sus padres: Alba y Juan. Compartimos varios días de mucho intercambio y allí apareció la idea de hacer una película juntos. Ambos estuvieron de acuerdo y definimos que la palabra que nos guiaría sería “tradición”. A partir de ese momento nos comprometimos a comenzar tan pronto como pudiéramos. Un par de meses después emprendíamos el viaje con el equipo de la película para lo que sería la primera etapa de rodaje.
Debo decir que no me siento cómodo con una categorización demasiado marcada o estricta entre ficciones y documentales. Para mi una buena película documental tiene algo de ficción y una buena película de ficción tiene algo de documental. La película es una mezcla, un encuentro de materiales híbridos. Fue clave entender cómo relacionarnos desde la cámara con los personajes, las acciones y los espacios. Y tengo la sensación de que todo lo verdaderamente importante de esta experiencia fue lo que no programamos y sucedió, como un milagro, delante de la cámara.

 

 En La nostalgia del centauro no nos encontramos ante una historia narrada linealmente sino ante una experiencia audiovisual que nos enfrenta a diferentes momentos de la vida cotidiana de Alba y Juan ¿Como fue el proceso para el rodaje? ¿Utilizaste algún tipo de guión para avanzar?

El rodaje se hizo por etapas. Al primero fuimos con unas notas y algunas imágenes mentales surgidas de nuestro intercambio que nos sirvieron como guía, y abiertos a lo que la experiencia nos propusiera. No sabíamos si el experimento en el que nos estábamos embarcando terminaría siendo una película. Al segundo rodaje, un año después y con un trabajo de montaje ya iniciado, fuimos con varias propuestas ya que entendíamos mejor hacia dónde se dirigían los materiales. A la película la escribimos en el montaje.

 

Por momentos vemos las distintas situaciones desde la periferia pero en otros momentos la cámara nos muestra todo de manera tan íntima que nos hace sentir parte del mundo de los protagonistas ¿Como fue el trabajo con Alba y Juan y cuanto tiempo te llevo ganarte su confianza?

La película nace desde la confianza. Al habernos conocido a través de una de sus hijas, desde el principio hubo una muy buena predisposición al intercambio y al encuentro. Después se generaron lazos de afecto. Tuve la suerte de contar con un equipo verdaderamente receptivo, propositivo, delicado y abierto. El equipo de rodaje integrado por Baltasar Torcasso (Director de fotografía), Ignacio Maggi (Asistente de dirección), Malena Kremenchuzky (Jefa de Producción) y Eugenia Reynoso (sonido directo) es otra de las razones de la cercanía. Entre todos nos llevamos muy bien y generamos el clima para poder entendernos y trabajar. Pero en cualquier caso, Alba y Juan estuvieron cómodos con nosotros porque respetamos sus espacios, sus tiempos, sus humores, sus ganas, lo que a ellos les interesaba hacer con nosotros y lo que no.


Resulta muy interesante como jugas con los cortes de escenas y como están montadas cada una de ellas ¿Cómo fue el proceso del montaje y que tanto material tuviste que dejar afuera?

Tuve la suerte y el privilegio de poder escribir la película en el montaje junto con Ana Poliak (reconocida directora de cine y montajista). El proceso duró aproximadamente 2 años, pero no de trabajo continuo sino por etapas al igual que el rodaje. Se montaron los materiales del primer rodaje para tratar de encontrar nuevas ideas, y a su vez vislumbrar qué imágenes, sonidos, situaciones podrían rimar con lo que ya teníamos. Un año después volvimos a viajar. Al retornar y al visualizar el material, ya sabíamos que teníamos lo que necesitábamos para escribir la película.
Si bien no generamos una gran cantidad de material, cuando se encuentra el corte final de una película, por lo general, quedan muchos materiales valiosos afuera. Tengo la sensación de que con los mismos materiales uno podría hacer distintas películas, pero en algún momento, si no desde un principio, se elige la película que se quiere hacer y se trabaja en esa dirección.

 

La Nostalgia del Centauro participó en competencia en dos prestigiosos festivales como son Visions Du Réel de Suiza y Dok Leipzig de Alemania ¿Cómo fue la recepción del público y que sensaciones te dejó?

Fueron experiencias muy valiosas para mi. Nunca antes había participado de festivales de esa envergadura y poder ver desde adentro cómo funciona el sistema de mercados y cómo se generan intereses alrededor de las películas fue todo un aprendizaje. Algo que rescato mucho es el encuentro con otros cineastas de otras partes del mundo. Escuchar sus pensamientos y motivaciones a la hora de hacer cine, pero a su vez compartir como cada uno se las arregla para continuar produciendo con los problemas que cada cual tiene en su territorio, con sus culturas e idiosincrasias.
La recepción y las devoluciones del público fueron muy interesantes para mi. Es una película que la siento muy local y no me había imaginado como sería mostrarla en un festival en el exterior. De hecho, un programador de me comentó que tuvieron que debatir mucho para ver si programaban la película, y que uno de los argumentos que se esgrimieron en contra fue: “y a quién le importan los gauchos?”. De cualquier manera, me llevé la impresión de que son públicos receptivos e interesados. Compartieron palabras y pensamientos muy enriquecedores que me sirven para pensar en mis próximos trabajos. También tienen sus prejuicios y muchas veces, por más que las propuestas se salgan de las búsquedas naturalistas, es difícil que no se perciban exclusivamente como experiencias etnográficas.

 

¿Cómo se financió La Nostalgia del Centauro?

Desde el inicio la película se produjo de forma autofinanciada (con ahorros y aportes de amigos y de todo el equipo de la película). Al no saber si el experimento que nos propusimos llevar adelante, finalmente se terminaría convirtiendo en una película, no salimos en búsqueda de financiamiento. También contamos con el apoyo de la Universidad del Cine –FUC- y de Milkwood con equipos para el rodaje. Una vez que encontramos el corte final de montaje nos presentamos y obtuvimos el apoyo del INCAA para la postproducción digital –apoyo fundamental para terminar la película-.


¿Te encontras trabajando en otros proyectos?

Si, ya estoy filmando, pero es un proceso que pareciera bastante largo y es muy temprano para entrar en detalles.

Mauro Lukasievicz

mlukasievicz@caligari.com.ar

@MLukasievicz

Entrevista a Nicolás Torchinsky