“Quería hablar de diferentes niveles de violencia y opresión”. Entrevista a Martín Rodríguez Redondo, director de Marilyn

Rocío Molina Biasone 11 - Octubre - 2018 -Entrevistas

 

 

¿Qué fue lo que sentiste o pasó por tu cabeza en el momento en que te enteraste del caso, allá por 2009?

El caso de Marcelo Bernasconi, hoy Marilyn, sucedió en un contexto en el que se empezaba a debatir la Ley de Matrimonio Igualitario. Como siempre, cuando hay debates en torno a ampliaciones de derechos, hay mucha resistencia y violencia de parte de los sectores más conservadores y reaccionarios. Y este caso, de alguna forma, venía a confirmar muchos prejuicios juntos: puto, pobre y asesino. Recuerdo que la primera nota que salió en el diario El Día de La Plata, el periodista decía que se había sentido herido “en su orgullo gay”. Las primeras declaraciones de Bernasconi afirmaban que había cometido los crímenes porque no aceptaban su homosexualidad. Y quise ir a la cárcel a conocer qué había detrás de esta afirmación, para intentar entender el contexto en el que esta tragedia había ocurrido. Además de entrevistarme varias veces con Bernasconi, leí todos los testimonios del juicio, así como las actas y declaraciones del fiscal y jueces. Y era indignante leer la cantidad de prejuicios que contenían.

 

¿Por qué se te ocurrió convertir esta historia en un largometraje de ficción?

Me interesaba contar el proceso que había llevado al crimen, y eso era posible únicamente recreándolo en una ficción. Un documental solamente me hubiese permitido dar cuenta del presente de Marilyn en la cárcel. Pero yo quería contar en tiempo presente lo que ya había sucedido. Era un caso muy complejo, en el que la víctima terminaba convirtiéndose en victimario. Habitualmente las personas del colectivo LGBT que sufren bullying y discriminación terminan suicidándose, o sea, terminan siendo víctimas. Este caso era muy polémico porque terminaba con el gatillo disparando hacia el otro lado.

 

La película abarca los sucesos ocurridos hasta el momento del crimen, y termina abruptamente luego de este. ¿Qué era lo que te interesaba retratar de ella y su historia, y qué tanto tuvo que ver Marilyn misma con esa decisión de contar el antes y no el después?

Quería hablar de diferentes niveles de violencia y opresión: de una familia que era oprimida por un patrón y por ciertos habitantes del pueblo, y a la vez, de un adolescente que era oprimido y violentado por su familia y el pueblo. La película no solo aborda la identidad de género del protagonista, sino que es mucho más profundo. Habla de la identidad a secas. Es alguien a quien no se le permite ser, alguien cuya identidad es negada y anulada. La película termina abruptamente porque para mí no hay nada más después de un hecho así. Lo que hay es una gran angustia y tragedia. Marcos destruye a su familia, pero también se destruye a sí mismo, ni siquiera puede salir de esa casa. El final no es liberador, no creo que ningún crimen lo sea. Por eso la duración del llanto. Y para mí no había una instancia posterior, porque hubiera sido una condena moral de mi parte. No quería que hubiera una escena con la llegada de la policía y demás, con el castigo. El espectador tiene que ser libre de poder decidir qué vio, sin que yo como realizador emita un juicio moral sobre los hechos narrados.

 

El campo, su inmensidad y silencio, es otro gran protagonista de esta obra, la jaula menos pensada, ¿dónde se filmó Marilyn y cómo llegaron a esa locación?

Marilyn se filmó en Cañuelas y Uribelarrea en su mayor parte. Las escenas del Carnaval se realizaron en Bartolomé Bavio, en el mismo Carnaval al que la real Marilyn iba a bailar. Personalmente me hubiese gustado filmar toda la película en un campo habitado realmente por peones, pero dadas las características de nuestra producción y las pocas semanas de rodaje que teníamos, tuvimos que ambientar una casa abandonada desde cero, en la zona de Cañuelas. Era una buena locación porque se podía acceder por asfalto y pocos metros de camino de tierra, cosa importante para no frenar una producción debido a las lluvias. Tuve que priorizar la producción a la verdad que yo sentía que podía tener un espacio habitado realmente por peones de campo. Fui varias veces al Carnaval de Bavio y era un lugar increíble en cuanto a su verdad. Había mucha gente, mucha más gente que en otros carnavales de pueblo, pero sobre todo había muchos prejuicios hacia las personas gays y trans. La gente se tomaba fotos con las trans, pero de una forma burlona, como parte de un “show de freaks”. Y esa verdad me pareció importante de poder rescatar.

 

En otras entrevistas mencionaste que la idea de volcar esta historia al cine la tuviste casi apenas te enteraste del caso, y que de hecho empezaste un proceso de preproducción ya en ese entonces: ¿a qué se debió la espera para realizar la película?

Es cierto que apenas leí la noticia, quise hacer una película. Empecé a trabajar en el argumento en el año 2010 y enseguida nos seleccionaron en un foro de coproducción en el Festival de Valdivia (Chile) con la intención de conseguir coproductores. Pero ningún proyecto recibe financiación extranjera si antes no tiene garantizada la financiación en su propio país. Recién en 2015 ganamos el Premio Ópera Prima del INCAA y eso nos habilitó a tener confirmado un gran porcentaje de financiación y a buscar más fondos en el extranjero. Completamos la financiación con el fondo Ibermedia y un fondo de coproducción argentino-chileno. Así que a fines de 2016 pudimos encarar el rodaje. Durante el 2017 estuvimos trabajando en el montaje y participamos de Cine en Construcción del Festival de Toulouse, donde ganamos un premio y conseguimos un agente de ventas internacional. Los siguientes meses seguimos trabajando en la postproducción en Chile, hasta que fuimos seleccionados en la Berlinale y estrenamos en febrero de 2018.

 

El trabajo de todo el elenco es un gran acierto que ha tenido tu ópera prima, las interpretaciones son verdaderamente excelentes, ¿cómo fue el proceso de selección de actores y actrices? ¿Tenían todxs una formación previa en actuación?

Para mí, la verdad era muy importante. La película transcurría en un entorno rural, y yo no pertenecía a ese entorno. Si bien había ido de chico muchas veces al campo, no era mi mundo. Así que en principio empecé un proceso de investigación, conociendo y entrevistando a diferentes trabajadores rurales, observándolos. La búsqueda de Marcos fue un proceso largo y difícil, nos llevó casi un año junto a la directora de casting, María Laura Berch. En un inicio, yo quería que fuera un peón de campo real y comenzamos esa búsqueda. Pero no resultó, porque había muchos miedos y prejuicios para vestirse de mujer, por ejemplo. Buscamos también actrices trans adolescentes, pero nos dimos cuenta que era muy violento de nuestra parte, hacerlas pasar por el proceso inverso. Estaban en plena adolescencia, aceptando e iniciando su transición, como para pedirles que se cortaran el pelo e interpretaran a varones. Porque el protagonista es un varón que está en pleno descubrimiento de su sexualidad. Le gustan los hombres, le gusta vestirse de mujer, pero en esa instancia en la que se encuentra y en ese contexto rural en el que vive no se identifica aún como una chica trans. Finalmente hicimos un casting muy amplio y apareció Walter Rodríguez que nos envió unas fotos donde estaba maquillado pero vestido de varón. Tenía una libertad para moverse con ambigüedad entre ambos géneros que nos pareció fundamental para el personaje. Se cosía su propia ropa “femenina” y era totalmente desprejuiciado y ambiguo. Tenía diecisiete años, pero una gran seguridad en su elección sexual. Una vez que lo confirmamos, tratamos de que todo el resto del elenco tuvieran esa misma verdad y esa sutileza en el registro actoral. Yo estaba buscando una sequedad deliberada en el tono de las actuaciones. Había mucha violencia durante la película y las emociones se iban trabajando por dentro, conteniendo e implosionando. Trabajamos mucho en integrar y unificar los tonos de actuación, porque había actores profesionales (la actriz chilena Catalina Saavedra, Germán de Silva, Andrew Bargsted, Germán Baudino), actores en proceso de formación (Walter Rodríguez, Rodolfo García Werner) y personas de Cañuelas que nunca habían actuado en su vida (Josefina Paredes, Susana Taylor, Gastón Leiva, entre otros).

 

¿Qué impacto ha tenido este caso en la población de la localidad donde vivió Marilyn? ¿Cómo ven hoy lo sucedido?

Creo que hay una posición muy dividida. Hay gente que apoya a Marilyn y sigue en contacto con ella aún hoy, desde la cárcel. Y hay otra gente que no quiere saber nada, que no quieren que vuelva nunca más al pueblo, que incluso afirman de forma violenta que “no se lo van a permitir”. Muchos lo siguen viendo como “el puto asesino”, como “Marcelo Bernasconi”, sin respetar su transición de género. Y hay cierto sector que no entiende y la juzga, que piensan que se podría haber ido, que podría haber buscado ayuda, etc.

 

En varias notas sobre la película se puede ver una confusión hacia la identidad de la protagonista: hay quienes concibieron a Marcos como “un chico gay”, y quienes entendieron que se trataba de una persona trans, pero que insistieron con la identidad masculina (“un joven transexual”). ¿Creés que aún falta información sobre identidades disidentes en la cultura popular, e inclusive, en el periodismo, o pensás que se trata más bien de una falta de empatía?

Yo intenté ser fiel a la realidad en este sentido, a la subjetividad de la verdadera Marilyn. Y, quien hoy es Marilyn, hizo su transición de género en la cárcel. Pero cuando tenía dieciocho años y vivía en el pueblo se identificaba como un varón gay que le gustaba vestirse de mujer en los carnavales. No se identificaba como una chica trans. Mi personaje Marcos está en plena etapa de autodescubrimiento y experimentación, y esa ambigüedad creo que puede incomodar en cierto sector políticamente correcto. Seguramente si su familia no lo hubiese reprimido como lo hizo, Marcos haría su proceso de transición y terminaría asumiendo su identidad de chica trans. Pero su familia no se lo permite, su identidad es negada. La ambigüedad del protagonista quizás no ayuda a encasillarlo en un género concreto. En el contexto en el que vivía Marilyn, la palabra homosexual no se entendía, según el relato de la propia Marilyn. En 2018 y viviendo en la ciudad, y perteneciendo a una clase media progresista es más fácil. Pero en ese contexto no lo era. Si bien existe la Ley de Identidad de Género, hace falta un cambio educativo y cultural muy grande. Algunos periodistas me preguntan cómo tienen que hablar de Marilyn, si de él o de ella. En ciertas generaciones mayores que las nuestras hay mucha resistencia al cambio. En ciertos sectores del periodismo y de la crítica hay prejuicios y falta de empatía, sin dudas. Ya por el hecho de ser una “película de temática LGBT” tiene menos valor. De todos modos, pienso que el caso de Marilyn resulta incómodo también en el mundo LGBT.

 

En tu opinión, ¿es diferente el público o el entusiasmo que hoy recibe a Marilyn, de aquel que podría haberlo hecho cinco, seis, siete años atrás?

Al empezar a escribir el guión, creí que el proyecto tenía actualidad en ese momento, en 2010. Cuando se empezó a retrasar, pensé que iba a perder vigencia. Hoy constato que el tema, lamentablemente, no perdió vigencia. Llega en un momento donde hay una mayor aceptación, pero a la vez en que se espera que haya una mirada más positiva. En gran parte, creo que es un efecto producto del éxito de Una mujer fantástica. Para bien, ayudó a masificar la mirada sobre las personas trans y ayudó a entender la discriminación. Para mal, pienso que es una película totalmente falsa, de una trans de clase alta, sin problemas, idealizada y cuyo único ataque de furia es zapatear sobre un auto. Esa no es la realidad de las personas trans en ningún país de América Latina. Es una mirada for export que transforma en “digerible” para la sociedad a una chica trans que es rica, joven, bella y cantante de ópera. Hay una mayor aceptación sobre el tema en los medios, gracias a los avances legales y culturales. Pero sigue habiendo violencia cotidiana contra lxs chicxs trans, que son asesinadxs o violentadxs por su identidad de género.

Tras varias proyecciones en festivales y de cara al estreno comercial, ¿cómo fue la recepción de la película hasta ahora? ¿Qué te sorprendió, para bien o para mal, de las reacciones del público y la crítica?

En general, la película ha tenido una recepción muy buena en los festivales. En todos los países donde he estado, siempre invito a chicas trans a ver la película y salen emocionadas y me agradecen que se hable del tema. A pesar de no justificar el crimen, pueden entender el contexto de violencia y se sienten identificadas. Hombres y mujeres gays también se sienten identificadxs, gente de nacionalidades muy diversas. No solo de América Latina, sino de Alemania, Polonia o Israel. Los pueblos y los entornos conservadores y reaccionarios son igual de crueles y hostiles para las sexualidades disidentes. Esto me ha sorprendido para bien, el grado de universalidad que ha tenido un caso tan particular. Para mal, pienso que cierto sector LGBT, sobre todo de programadores de festivales o de vendedores de películas de esta temática, han encontrado la película muy negativa, porque no vende lo que se supone que una película de temática gay debería vender: cuerpos sensuales, chicos lindos, erotismo, etc. Y porque no deja una mirada positiva sobre el tema. Cierto sector LGBT ya no quiere hablar del dolor y de la discriminación. Cierta crítica perezosa ha comparado mi película con Secreto en la Montaña, y me ha cuestionado porque no cambié el final de la película por otro más positivo.

 

En tu opinión, ¿es diferente el público o el entusiasmo que hoy recibe a Marilyn, de aquel que podría haberlo hecho cinco, seis, siete años atrás?

Al empezar a escribir el guión, creí que el proyecto tenía actualidad en ese momento, en 2010. Cuando se empezó a retra

Rocío Molina Biasone

rociomolinabiasone@caligari.com.ar

Entrevista a Martín Rodríguez Redondo

Estreno en cines Jueves 11 de octubre.