Entrevista a Mariana Rojas, directora de La cura del espanto

Antonella Defranza 16 - Abril - 2018 -Entrevistas- Foco: 20º BAFICI, Buenos Aires Festival Internacional Cine Independiente

 

Con una belleza y un latir permanente, LA CURA DEL ESPANTO es, simbólicamente, una sanación interna y social. Es la historia de una mamá y un hijo, pero es la historia de todas las mamás, de las mujeres, de las angustias, de las manifestaciones de los cuerpo. Es la soledad y la respuesta necesaria para poder dormir los miedos.

Luego de su corto El Vendaval, Mariana Rojas vuelve a indagar en el universo de la mujer y su problemática social, dejando casi sin aliento en varios momentos al espectador y reflexionando en el final.

¿Cómo llega la idea de La Cura del Espanto?

El corto surgió de varias vertientes. Por un lado, en 2016 estábamos proyectando nuestro corto anterior “El Vendaval” en varios lugares y en el Festival Luz de ADF le otorgaron a Lola Paula Montenegro (Directora de fotografía) un premio que consistía en poder alquilar algunos equipos para filmar algo. El año pasado, decidimos con Lola y Daniela Raschcovsky (Productora) usar ese premio  para filmar un corto. Por otro lado, hace dos años estoy embarcada en la escritura de un largometraje que empecé cuando me reencontré con unas cintas  de videos que mi familia grabó entre los años 1998 y 2003, en donde la maternidad de mi vieja veinteañera con dos hijas más la crisis 2001 pegándole duro al país se ven en pequeños fragmentos  de nuestra vida familiar. Nada muy distinto a lo que nos pasa hoy. Le pasé ese guión a Lola y a Dani y decidimos filmar un corto que nos permita aproximarnos a la búsqueda de ese largo, que no sucede en el 2001, sino ahora mismo. Nos juntamos con Lola a charlar de climas (naturales y lumínicos), lugares, sensaciones, planos que queríamos probar de ese guión, pero  teniendo en claro que no queríamos hacer escenas del largo sino algo nuevo. Así, durante una semana laburé en mi casa con todo eso que habíamos charlado, más algunos recuerdos de mi infancia en donde acompañaba a mi vieja a lo de una curandera en Laferrere que se llamaba Marta a curarle el susto a mi hermana menor , que heredaba de ella todas sus angustias y no paraba de vomitar. ¿Cosa de Mandinga? No, se llama desigualdad.  Finalmente, escribí el guión de “La cura del espanto” a modo de prólogo de la historia del largometraje.


El cortometraje tiene un ritmo de mucho suspenso y sus escenarios sirven para ello. ¿Por qué Laferrere?

En un momento de crisis, de políticas de ajuste y vulneración de derechos, los sectores más populares son los primeros afectados. Nuestros barrios, nuestros pibxs, todxs nosotrxs.  La de decisión de filmar en Laferrere responde a una hipótesis que el corto intenta plantear desde su génesis: Los cuerpos sienten la desigualdad. Filmar en el barrio nos permitió dialogar con eso. No construirlo “como si fuera en”, sino meternos en el barro con los equipos, la gente y construir desde adentro. Me molesto mucho cuando veo representaciones de nuestros barrios hechas en estudios o en la gran Ciudad. Siento que nos están tomando el pelo. La resistencia en estos tiempos, implica entre muchas cosas, asumir responsabilidades. Filmar en el barrio para mi, es una responsabilidad y un compromiso. Vivo y trabajo en Laferrere por absoluta decisión, hoy no firmaría en otro lugar porque esto es lo que más conozco, lo que más quiero mirar y escuchar. Descentralizar, involucrarse y filmar en los márgenes, significa para mí, contribuir a un cine más diverso.


 

El trabajo de dirección es muy minucioso. Hay una actriz protagonista (Victoria Veliz, que es Clarisa) y también no actores. ¿Cómo armaste el elenco?

Antes de encontrarme con Victoria, abrimos una convocatoria de actrices por las redes. Hubo una instancia de casting en donde entendí que esa situación me incomoda un poco. Pedirle de la nada a alguien algo como prueba desde un lugar de “dirección”. En esa instancia, no encontré al personaje, no sé por qué. Las actrices eran muy buenas. Un día me acordé que hace unos años vi una obra de teatro en donde actuaba un amigo llamada “Los intérpretes”. Ahí estaba Vicky, me detuve ella esa vez porque era la única mujer,  pero nunca más la vi. Le escribí por facebook y le pregunté si quería leer el guión. Nos vimos a los pocos días en el hall de la ENERC y hablamos dos horas sin parar con una conexión que sucede cuando algo pasa de verdad. La flasheé con ella. No le saqué fotos, no probé ninguna escena. Solo hablamos y sentimos que estábamos hablando de lo mismo y estábamos en la misma. Lo mejor que nos pudo pasar. Cuando nos despedimos, no me aguante y le mandé un whatsapp para decirle que Clarisa era ella sin dudas y empezamos a trabajar en mi casa de Laferrere durante varias semanas. Creo que el trabajo que hicimos juntas fue de las experiencias en donde más aprendí hasta ahora. Hacíamos cosas como pasarnos música, videos, fotos, viajar juntas, caminar por la calle, comprar cosas para el bebé, estar en la habitación de Clarisa, elegir la ropa. Fue un laburo muy a la par y con mucha confianza de ambas partes. El resto del elenco son vecinas, amigas y amigos de mi familia, mis viejxs, mi hermana. “Marta”, la curandera es Zuny Lopez, trabajamos juntas en una escuela de Isidro Casanova. Cuando pasa la vorágine del rodaje y puedo detenerme a pensar a la distancia el por qué  de esta forma de trabajar con lo más cercano, con lo más familiar, es porque creo que cuando armó un elenco pienso en los rostros y en las historias de esos rostros.  Esa frontera entre la historia real de cada persona y lo que sucede en el rodaje que es completamente nuevo, más exactamente, en el momento en que la cámara graba. Lo vivo como algo extraordinario, de catarsis y de mucha adrenalina. Como si ese momento nos sanara a todxs un poco, colocándonos en un momento que es absolutamente extraño,  haciendo algo que nos transforma, que sale de lo cotidiano de cada unx.


¿Cómo lograste que la mamá y el bebé (Bastián) tengan esa empatía que acompaña todo el corto?

Bastián es hijo de Narela, que trabajó mucho tiempo en el taller de mi mamá. Nos conocemos hace varios años. Cuando estábamos en la instancia de buscar bebés se lo propuse y aceptó. En los ensayos en mi casa con Vicky, venía Narela con Basti un rato y de esa manera se fueron familiarizando.  Jugaban lxs tres en la habitación, a veces era solo probar que Basti esté un rato con Victoria a solas sin que llore. Pero no solo fue el trabajo entre Victoria y el bebé sino entre Victoria y la mamá del bebé. La confianza se fue construyendo entre lxs tres y en rodaje ya había una relación , eso nos ayudó mucho.

 

¿Qué búsqueda estética tenías en la cabeza y que lograste finalmente en tanto encuadre, luz, arte, sonido y montaje?

La referencia fueron los cassettes mini vhs que encontré de mi familia en los noventa. Los encuadres muy cercanos  como si la cámara está participando de esa situación, acompañando, como un personaje más. Con Cecilia Assalini (Dirección de sonido) pensamos la construcción de un fuera de campo que viene de todos lados: casas vecinas, habitaciones, niños jugando, música, animales, que se encima con la situación del plano visual y que sugiere un universo vivo y presente más allá del personaje. En esa idea lo principal fue pensar en que Clarisa, son muchas mujeres, muchas familias. El montaje lo pensamos con cortes y elipsis también en función de estas referencias, pero que en este caso ayuden a construir un tiempo confuso, que puede ser muy denso o muy abrupto, que se relaciona a su vez con el estado de la protagonista.  El corto pasa en un día, pero el personaje hace tanto que pueden ser muchos más. Cuando estás angustiada, cansada, preocupada, cuando no comiste o no dormiste bien, la percepción se modifica. Fue una propuesta que asumimos con Noe Couto (Montaje) y que creo de mucho aprendizaje en la etapa de post producción.


Gran parte de staff del corto se conforma de mujeres. ¿Fue buscado así?

Somos casi todas amigas de la facultad de hace varios años. Nos elegimos ya en segundo año del paso por la ENERC en el 2013, e hicimos muchas cosas juntas incluida nuestra tesis. Ya hay confianza y nos conocemos, eso hace que el trabajo sea distinto y el resultado final mucho más. Y cuando nos toca armar nuestros equipos priorizamos siempre hacer el cine entre mujeres por decisión humana y política, porque siempre somos la minoría y estamos hartas. En un equipo de treinta, diez son mujeres y con mucha suerte, la mitad. Todas las que formamos parte de este proyecto lo sabemos porque todas laburamos en la industria en algún momento y nos fumamos cosas que no nos gustaron por conservar el laburo. Lo que no quita reconocer el trabajo que muchos compañeros aportaron a nuestro corto. Pero nosotras sabemos muy bien cómo es trabajar muchísimo  por lo que tal vez, un compañero que hace menos cobra más y en un proyecto con tantas complejidades como el nuestro, claro que si somos todas mujeres las cosas salen mucho mejor.

 

¿Qué opinás sobre el momento histórico que estamos pasando como mujeres y cómo está tratada la maternidad en Argentina y en el cine nacional?

Lo celebro todos los días. El tan sólo hecho de tomar conciencia de lo que está pasando y de lo importante que es este momento de cambio desde el presente hacia el futuro, me emociona. Por suerte nosotras y todas las que vienen, vamos a tratar de construir una sociedad menos enferma, violenta y machista desde cualquiera de nuestros lugares, el cine, la docencia y todo lo que nos rodea. Como docente es un aprendizaje constante que atravesamos entre compañerxs y estudiantes. En el cine también, por suerte cada vez somos más contando y mostrando. Manifestando nuestras voces y miradas. Como dice la hermosa consigna del colectivo de Mujeres Audiovisuales, transformando el mundo con nuestras miradas.En cuanto a la maternidad en el cine argentino, creo que es diverso. Cuanto más diversas sean las representaciones, los relatos y los discursos, mejor. Pero el gran problema de nuestro cine hoy, son las pocas posibilidades que le están dejando al cine independiente, que es el pilar sustancial de la pluralidad de relatos y construcciones contrahegemónicas, alternativas y más importantes. La política del ajuste viene por todos nuestros derechos, entre ellos, la cultura. El cine queda en manos de lxs que más tienen, y lxs que no tenemos nada, difícilmente podamos seguir filmando. El ajuste en este caso, implica menos voces, menos miradas, menos diversidad,  menos oportunidades, menos espacios, menos recursos, menos películas.


¿En cuánto tiempo y con qué financiación se filmó? ¿Tiene distribución?

Lo filmamos en tres días con el apoyo del Festival LUZ de ADF y con los ahorros de Daniela Raschcosvky, Nahuel Tosto y los míos. El proyecto comenzó a desarrollarse en julio del año pasado y lo terminamos el 3 de enero. La distribución está a cargo de nosotrxs, recién e iniciando la etapa de inscripción a festivales.


¿Estás trabajando en nuevos proyectos?

Sigo desarrollando el proyecto de largo, que a partir de mayo de este año lo seguiré trabajando en el marco de un taller del Ciclo Radar Cine en el Centro Cultural Recoleta.

 

¿Qué es curar el espanto?

El espanto es la desigualdad, la desocupación, la exclusión, la estigmatización, la violencia, la vulneración de nuestros derechos y lo que esto produce en nuestro día a día, en nuestro entorno y en nuestros cuerpos. Que quienes están en el poder, no tiren una para nosotrxs y hagan todo lo contrario. Si esto no para, se replica en las  generaciones que vienen, persiste mucho tiempo, genera más y más desigualdad y cuesta años salir. Ya nuestra historia lo demostró muchas veces. No sé como se cura. Pero creo en la organización popular, en el amor y la fuerza de lxs que tenemos cerca para crear, para acompañarnos, para ayudarnos, para luchar con lo que tenemos y podemos.  En el cine y la educación como puentes, como posibilidades para transformar, decir y mostrar.

Antonella Defranza

antodefranza@caligari.com.ar

Entrevista a Mariana Rojas