Entrevista a Lucía Ravanelli, directora de Chike

Mauro Lukasievicz 3 - Noviembre - 2017 -Entrevistas- Foco: 4to Asterisco Festival Internacional de Cine LGBTIQ.

 

 

Chike plantea aperturas a muchos debates actuales en el feminismo y al debate de por dónde pasa la orientación sexual al fin y al cabo, si es por el género o por el sexo ¿Pensaste Chike de esta forma antes de llevarlo a cabo? ¿sentís que pudiste expresar todo lo que querias al verlo finalizado?

 
Sí, nos hicimos muchas preguntas que aún seguimos investigando y reflexionando. La historia la desarrollamos con Lucas (Perna Gutiérrez, co-guionista) a partir de una idea visual: una adolescente frente a un espejo se faja sus mamas porque no se identifica con ese reflejo que ve, quiere anular lo que se consideran “los pechos de una mujer”. Mientras lo hace, otra adolescente se acerca y le besa la mejilla. A partir de aquí, la primera pregunta que nos surgió fue: ¿qué es “ser mujer” y que es “ser varón” dentro de una cultura occidental, heteronormativa y binaria (sexo femenino-mujer, sexo masculino-varón)? Nosotrxs para nada somos teóricos ni pretendemos serlo pero sí estuvimos, y estamos, en una instancia en la que esas preguntas vienen siempre a la cabeza y, seguramente con errores, tratamos de respondernos. En Chike, Ana decide ser Matías porque hasta ahora piensa que ser varón es llevar pelo corto, no tener tetas y portar un pene. Este pasaje y esta decisión le sirve para poder construir su identidad de género, su vivencia del género con el que se quiere mostrar. Seguramente en el futuro, decida operarse sus genitales para poder completar tal decisión. Pero tal vez no. Y esa es una cuestión muy compleja para personas que nos construimos dentro de un sistema varón-pene, mujer-vagina. Seguramente no es fácil transitarlo porque tampoco lo es comprenderlo. Por eso, ser feminista te hace no volver nunca más a ser igual que antes porque entendés que la sexualidad y la identidad de género son vivencias personales que bien alejadas tienen que estar del juicio. Es fundamental que todxs podamos reflexionar por qué somos lo que somos. Hoy en día “ser mujer” requiere “tener” unas cuantas características. Algunas más nocivas, otras no tanto. Si las mamas no estuvieran tan cosificadas y la depilación tan estimada, quizás esos parámetros no nos indicarían que tenerlos signifiquen “ser mujer”. Pero sí lo hacen y es un círculo muy difícil de pensar. Lo que nos toca es tratar de repensar que la cultura donde nacemos (dentro de un sistema capitalista, por cierto) nos forma de una manera para cumplir ciertos mandatos. Nuestros sentimientos y experiencias nos hacen reafirmar tales mandatos o nos hacen romperlos. Y si no llegamos a romperlos, al menos los cuestionamos.
 En lo que concierne a Chike, alguien que tiene vagina no se identifica con el género femenino por lo que toma ciertos elementos del masculino para construirse en este último. Él está enamorado de una adolescente. Frenamos: pero si nació con vagina, ¿no deberían gustarle los varones? Allí también aparece lo que se pretende de la orientación sexual predominante: ser heterosexual. Al fin y al cabo, como quiere ser varón “estaría bien” que le gusten las chicas. Y ahí agregamos otro factor: la co-protagonista que esconde su orientación sexual frente a sus amigxs, gusta de Ana. Gusta de ella como mujer, no como varón. Por lo tanto se genera un conflicto entre ambas. Y eso las lleva a tomar decisiones sobre lo que sí o no quieren. El final de Chike sería como la apertura a otra etapa en la vida de ambas.
 De todos modos, no hay manera que Chike responda todas estas cuestiones pero creo que sí logra abrir el debate.

 

Los sentimientos de los personajes principales están representados de una excelente forma y sobre todo con mucha sutileza ¿Cómo fue el trabajo para lograr esto y que tanto tiempo te llevo?

Muchas gracias. Hicimos tantísimas versiones de guión. Una y otra vez hasta comprender que “lo no dicho”, o lo dicho con mesura, y el trabajo con la mirada, te invita a contemplar y a emocionarte. Las actrices, Rosario (Ramos Ísola) y Sofía (del Tuffo), han hecho que esto sea un trabajo muy hermoso e intenso. Hicimos varios ensayos (si mal no recuerdo, aproximadamente un mes antes de rodar) para que ellas encontraran esa mirada, esa leve risa, esa pequeña frase y cómo decirla. Ellas completaron lo que quisimos mostrar, cuestionando al guión y a lxs personajes. Nos preguntamos y repreguntamos un montón de veces. Y confiamos plenamente entre nosotras. Eso creo que fue fundamental, al menos para mí, porque si no confían en vos, te colocás en el rol de una autoritaria que quiere mostrar la historia de una única manera, la mía. Y no es así. El guión tenía que interpelarlas para que ellas pudieran profundizar en sus sentimientos y encontrar la manera de mostrar esas vivencias. Por supuesto que poniendo en común cuál era el eje y la esencia del relato que escribimos.

 

¿Para realizar el guión con tanta precisión hablaste con personas que hicieron la transición y/o con quienes se quisieron hacer cirugía?

Sí. Junto a Lucas y Rosario entrevistamos a un joven trans. Para ese momento, la versión del guión que teníamos ,algo así como la número 13…, planteaba un escenario con más discriminación. A él le gustó. Él también nació con el sexo femenino y experimentó la transición en la adolescencia para identificarse con el género masculino. En el momento en que lo entrevistamos tomaba hormonas pero no estaba operado. Nos contó que ya no deseaba hacerlo porque así se sentía cómodo. Él fue una luz en el camino porque hablaba con mucha frescura y con ojos de honestidad brutal. Nos contó de sus dificultades, sus miedos y su seguridad. Chike no es su historia pero sí una parte de su relato.


Durante el desarrollo del corto haces un gran escape a los clichés habituales de las historias de bulliyng convencionales en las que generalmente uno está esperando el “golpe” y el final macabro en cambio en Chike la fortaleza final viene de parte de la protagonista y más aún en la inmensa escena final ¿Porqué tomaste esta decisión?

Bueno, muchas gracias. Fue una decisión que llevó mucho trabajo porque con Lucas nos encontramos reflexionando una y otra vez de los roles que tenemos asignados al nacer y cómo combatirlos. La primera versión del relato era eso mismo que decís, ese “golpe” esperado hacia el final para contarle a quien lo viera que la discriminación es una porquería. Porque nuestro afán era mostrar que la escuela y la iglesia nos imponen un modo de vivir, único e incuestionable. Pero unos meses después, pensando y pensando, escuchando ciertas devoluciones, hice un “clic” y le dije a Lucas que el final tenía que ser una reafirmación de lo que el protagonista quería y deseaba. Lucas aceptó y nos pusimos a trabajar de lleno en esa dirección. El desarrollo tenía que estar apuntado a mostrar algunos días durante su adolescencia y su amorío. Siempre consultando con nuestro grupo e incluso con el que fue nuestro asistente de dirección. Tanto él, Federico (Rodríguez Seveso), como el productor, Hugo (Souto), ayudaban a darle forma a la estructura. En definitiva, éramos todxs compañerxs de escuela.
Así, el eje de este guión fue acudir a lo que todxs (o algunxs, o muchxs) vivimos en la adolescencia: el amor, la soledad, el desamor, la no aceptación, la confianza en unx mismx. Nos dimos cuenta que no queríamos darle lugar al discurso homo/transfóbico de manera explícita porque lo “no dicho” puede llegar a ser más interpelativo: ¿por qué la/él protagonista está sola/o? ¿por qué la co-protagonista esconde lo que siente? ¿por qué no se muestran los adultos?
Chike podría ser una de las tantas maneras en que alguien vivencia sus sentimientos durante la adolescencia. Al fin y al cabo, el amor y la soledad no tienen género ni orientación sexual. El problema es que convivir con la discriminación seguramente haga que el amor y la soledad se vivan de una manera aún más traumática. Pero este corto propone no dejar que el miedo te paralice o te determine. Resistir y combatir es un camino muy difícil pero sumamente noble.

 

Hay un gran logro en cuanto a lo técnico y visual en el corto ¿Cómo se financió Chike?

Chike es la primera realización que hago de un modo semejante al profesional, en el sentido de los roles que hacen al cine. Porque Carola (Forster) se encargó de que la fotografía tenga una razón de ser, al igual que Lourdes (Pérez) lo hizo con el sonido o Manuel (Franco) con el arte, o la película final con el montaje de Jessica (Dubois). Y el cine es eso, un trabajo artístico colectivo. Chike se realizó como la tesis para recibirnos de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (ENERC). En mi caso, para el rol de dirección. La escuela cuenta con equipos propios (cámara, sonido y luces) por lo que no debimos alquilarlos. A su vez, nos dieron un presupuesto de 30.000 pesos para cubrir los gastos de fletes y catering durante 4 días. Como grupo, cada uno puso un poquito más de dinero para cubrir algunos gastos extras. Pero no mucho más. El reto era elegir 4 días de una misma semana y filmarlo.

 

¿Qué directores te sirven de inspiración?

A medida que pasa el tiempo voy descubriendo directores clásicos o no tan clásicos y nunca se acaba esa lista. Pero hay etapas. Raúl Perrone fue el primer cineasta que me abrió la cabeza a la hora de contar una historia cinematográficamente, sin importar qué dispositivo tengas o cuánto dinero. Así conocí cómo contar algo a través de una cámara, yendo a su taller en Ituzaingó. Luego comenzaron a aparecer nombres como Leonardo Favio, Jim Jarmusch (son como mis dos grandes amores aunque aún me falta investigarlos más), Lucrecia Martel, Paul Thomas Anderson, Los hermanos Dardenne, Aki Kaurismäki (lo conocí de más grande), por nombrar al algunxs que se me vienen ahora a la cabeza. Después hay películas que siempre las siento en el alma como “La fille sur le pont” o “Bagdad Café”. Gracias a profesores como Vanessa Ragone pude conocer a la hermosa documentalista Agnès Varda, o profesores como Cristian Bernard pude conocer el cine de los 70 en Estados Unidos que revientan todo con películas como “The Parallax View”, “Deliverance” o “The conversation”. En fin, es como una sopa muy grande llena de imágenes y modos de contar.
De todos modos creo que la mayor inspiración es nunca dejar de sentir. Algunas noticias que ves o lees, incluso tus experiencias, no pueden no conmoverte. Tus convicciones no pueden callarte. Y esos son talismanes que espero siempre me acompañen.

 

¿Te encontras trabajando en otros proyectos?

Sí, de hecho con el mismo productor de Chike, Hugo, estamos trabajando otro proyecto de cortometraje que ojalá salga. Es una historia que sucede en el altiplano argentino y el tono roza el western. Mientras tanto sigo escribiendo el largometraje que vengo masticando hace años para contar una historia sencilla de cotidianidad, soledad, amor y desamor, soy malísima para los taglines.
Todo esto esperando que el actual INCAA siga financiando al Cine Argentino en pos de sostener muchísimos puestos técnicos y seguir fomentando la diversidad cultural, claro.

Mauro Lukasievicz

mlukasievicz@caligari.com.ar

Entrevista a Lucía Ravanelli