Entrevista a Irene Yagüe Herrero y Alberto García Ortiz, directorxs de La grieta

Antonella Defranza 9 - Septiembre - 2018 -Entrevistas- Foco: FIDBA 2018 - Festival internacional de cine documental de Buenos Aires.

 

El documental de Irene Yagüe Herrero y Alberto García Ortiz expone cómo las clases más marginadas de Madrid sufren desalojos (desahucios) de las casas que ocupan al no poder pagarlas, mientras estas casas se convierten en un negocio para el Estado. Allí en el “primer mundo” también hay crisis y también esta crisis es documentada. Observacional y sumamente poético,  La Grieta se mete en la vida de estas familias y en la nuestra, haciéndonos ver, imaginar o recordar que es eso de no poder pagar y quedarse sin casa.)

Se podrá ver en el marco de CineMigrante y en Competencia Internacional en el FIDBA.

¿Cómo fue el trabajo en equipo? ¿Tenían experiencia en trabajar juntos?

Irene Yagüe Herrero (IYH)- Alberto y yo estábamos trabajando juntos en un proyecto de teatro del oprimido. Rodábamos las clases de un grupo formado por personas migrantes y no migrantes que contaban sus experiencias de vida en Madrid. La visión cinematográfica previa de Alberto y mi experiencia periodística encajaron muy bien a la hora de afrontar un tema complejo por la cantidad de áreas que atraviesa, social, económica, política, legal, y que los medios de comunicación cubrían como un drama social en tiempos de crisis sin investigar el contexto o darle el tiempo necesario para interiorizarlo si no se estaba en esa situación. Queríamos contarlo desde un punto de vista más respetuoso y honesto, con tiempo y una narrativa cinematográfica. Así comenzamos a filmar en equipo de cámara y sonido. Filmamos desahucios, manifestaciones, asambleas, acciones de desobediencia, iniciativas ciudadanas todas y de resistencia a un problema que afectaba a gran parte de la población de clase trabajadora. Lo pasamos bien rodando en las calles, con mucha paciencia, esperando a que se dieran las conversaciones, sin intervenir en un guión que se escribiría después en la sala de montaje. Esa fue la parte más dura, la edición de las más de 300 horas de material. Queríamos contar en estilo de cine directo, sin entrevistas ni narraciones en off, lo que estábamos atestiguando en las calles. Después dividimos el material en dos bloques: el primero, sobre vivienda pública, es la película que hemos estrenado. La precuela hipotecaria aún está por llegar.


 

¿Cómo surge el interés de documentar las historias de estas dos familias marginadas (vos les decís quinquilleras)?

(IYH)- A finales de 2011 comenzamos a oír hablar de los desahucios, palabra hasta ese momento desconocida por nosotros. Una mañana nos encontramos con una manifestación en nuestro barrio: los vecinos y vecinas se colocaban en la puerta de la casa de una familia que no podía seguir pagando el alquiler para evitar que la policía los expulsara de su casa. Nos llamó mucho la atención la forma en que las vecinas se oponían a la expulsión de la familia: colocando sus cuerpos para evitar que la policía entrase en la casa y sacase a la familia, todo un acto de desobediencia ciudadana. Así es como decidimos seguir filmando e investigando sobre un problema que crecía: los desahucios que se producían por no poder hacer frente a las cuotas hipotecarias. Con la crisis del empleo, muchas personas perdieron su trabajo y dejaron de poder pagar las altas mensualidades de sus créditos con el banco. Las crisis de las subprime en Estados Unidos cortaron el crédito bancario y los intereses estaban por las nubes. Los precios de las viviendas habían aumentado tanto en los años anteriores, que las familias tenían que dedicar la mayoría de sus salarios a pagar la vivienda. Durante los dos años siguientes se llevaron a cabo en España miles de desahucios y muchas familias perdieron sus casas. Fue en 2013 cuando conocimos a las protagonistas: Isabel, Dolores y al resto de vecinas de ese bloque de viviendas en el barrio de Villaverde. Llegamos allí junto con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), el movimiento antidesahucios que había ganado el apoyo de la mayoría de la sociedad por detener miles de desahucios de familias trabajadoras. El problema en ese bloque era diferente: las viviendas de Isabel y Dolores eran Públicas de Protección Social, es decir, destinadas a las familias más vulnerables, sin ingresos. Aquí no eran las entidades bancarias quienes desahuciaban, sino los gobiernos locales (Ayuntamiento y Comunidad de Madrid). La situación era especialmente sangrante porque estaban expulsando de sus casas a personas sin apenas recursos, dependientes de las ayudas públicas y que no tenían alternativa habitacional. Y las expulsaban de unas viviendas públicas, construidas precisamente para albergar a familias sin recursos. Es decir, en plena crisis, los gobiernos locales echaban de sus casas a las personas más vulnerables. Así es como conocimos a Isabel y Dolores, unas mujeres valientes, cabezas de familia que peleaban como leonas por un techo para sus hijos. Durante los años de rodaje en las calles, también filmamos varias ediciones de la Feria Inmobiliaria de Madrid, donde la industria de la vivienda celebra sus conferencias para tratar los problemas del sector. Ahí entendimos la otra parte de la historia, pues fuimos testigos de cómo los grandes fondos de inversión aterrizaban en España para comprar vivienda y hacer negocio con ella. En plena crisis y con el fin de saldar las deudas, los gobiernos locales de la capital comenzaron a poner en venta paquetes de vivienda pública a precios de saldo. Vendían muy barato las casas que se habían construido para el uso de las personas más vulnerables. Y ahora que los fondos de inversión las compraban, tenían que vaciarlas. Se produjeron muchos desahucios de viviendas de protección social.



¿Cómo fue meterse en sus casas, en su intimidad y vivir con ellos el momento de ser desahuciados (desalojados) de las casas que ocupan, siendo cámara y a su vez ojo de resistencia por el lugar donde se ubican para mostrarlo?

(IYH)- Durante ese verano, ese bloque de viviendas sufrió la expulsión de varias familias. Casi cada día había un desahucio que se ejecutaba con mucha violencia por parte de la policía. Eran situaciones muy tensas, donde se dejaba sin casa a personas que antes de la crisis, ya tenían problemas para acceder a una vivienda digna. Pasamos muchas horas y días en ese bloque de edificios, parecía que las autoridades se habían ensañado con las más familias más pobres. A pesar de la compleja situación, las familias nos acogieron y nos abrieron las puertas de sus casas. Pronto nos dimos cuenta de que todo lo que tenían lo compartían: hacían comida y avisaban por la ventana para que bajáramos a comer. Pasamos muchas horas con ellas. Eso nos hizo ganarnos su confianza. No hacíamos el papel de los medios de comunicación de masas o de la televisión, no teníamos prisa. Queríamos contar la historia desde un lugar más observacional y mostrar qué ocurría antes y después del desahucio. Qué suponía para las familias a nivel emocional. Nosotros no dejábamos de rodar, llegamos a contar con más de 300 horas grabadas de metraje.


En el documental queda claro que las familias hablan en su propio argot y que de algún modo no se sienten parte de la sociedad española. ¿Esto es resultado del problema de vivienda o es un problema anterior, por ende mayor, que tiene que ver con la discriminación de estos grupos en el ámbito social y laboral?

(IYH)- Isabel, Dolores y sus familias se definen como mercheras, un colectivo históricamente marginado, de orígenes nómadas, que solían vender quincalla (artículos de metal) en mercadillos ambulantes y que se asentaban y construían sus viviendas con sus propias manos. Durante años, muchas familias gitanas y mercheras fueron expulsadas de sus casas, que después derribaban y eran realojadas en casas de protección social en barrios de la periferia madrileña. No es que Isabel y Dolores no se sientan parte de la sociedad española, es que ha habido y hay discriminación hacia ellas. Se les llama despectivamente “quinquis” porque se asocia su modo de vida y su carácter desobediente con la delincuencia y las actividades ilegales. También hay mucho racismo, se les considera ciudadanos de segunda que se benefician de las ayudas sociales y los subsidios. Así es como los mercheros desarrollaron un lenguaje que solo ellos pudieran entender, como reacción a una sociedad que les ve diferentes y que desconfía de ellos. El caso de Isabel ilustra muy bien la historia del colectivo: su familia ya fue desalojada de la casa donde vivían hace más de 20 años. En ese momento, al derribar la casa que su padre había construido con sus propias manos, les dieron en alquiler social (un alquiler por debajo del precio de mercado, acorde a sus ingresos) en la vivienda que aparece en La Grieta, propiedad del Ayuntamiento de Madrid y de donde ahora les quieren desahuciar por la falta de pago un par de mensualidades.


¿Cómo condiciona el hecho de ser migrante el problema habitacional?

(IYH)- El hecho de ser migrante condiciona, claro. Pero opino que más condiciona la capacidad económica de la familia. Si eres pobre y migrante, lo tendrás difícil para acceder a una vivienda, encontrarás trabas legales y económicas. Sin embargo, en España, para fomentar la compra de vivienda, se ofrecían papeles de residencia a los compradores que se gastaran más de medio millón de euros al adquirir una vivienda Durante los años del boom hipotecario en España (antes de la crisis de las subprime en Estados Unidos), las entidades financieras se dedicaron a dar crédito de manera masiva. Todo el mundo adquiría préstamos bancarios para comprar casas, a pesar de los elevadísimos precios de la vivienda en el país. La compra de vivienda era alentada por el Gobierno como una inversión para el futuro y familias trabajadoras, muchas migrantes que trabajaban en el sector de la construcción, limpieza y cuidando de personas mayores, se endeudaban de por vida para pagar las mensualidades de casas con precios inflados. Una vez que el crédito se cortó y el país entró en una crisis del empleo, muchas de estas familias se quedaron sin casas y con las deudas vitalicias. La actual ley hipotecaria española no permite la dación en pago, el mecanismo por el que una vez devuelto el bien hipotecado (la casa), la deuda desaparece. Pero este es el tema de la llamada estafa hipotecaria, perpetrada por los bancos y permitida por un Gobierno Central que se negó a cambiar la ley en el Senado. Y esto afectó a muchas personas migrantes, que trabajaban en España y que hoy aún pagan o deben al banco por casas que no habitan; o que regresaron a sus países de origen huyendo de la deuda.


 

¿Cómo ve el resto de los españoles el tema de la ocupación de casas, pero que a su vez son luego ocupadas por el Estado para proyectos de negocios?

Alberto García Ortiz (AGO)- La percepción social de la ocupación de la vivienda en España dio un giro de 180º grados gracias a la crisis. En los momentos pre crisis, la ocupación era mal vista por la mayoría de la población porque se atribuía exclusivamente a los alquileres donde los  inquilinos dejaban de pagar al propietario para “aprovecharse” de unas leyes que protegían más a los inquilinos que a los propietarios. Tras la llegada de la crisis, los cientos de miles de desahucios, el paro  y los recortes sociales del gobierno crearon la tormenta perfecta para que la percepción sobre la ocupación en la sociedad cambiara; ahora, se veía a un gobierno que rescataba a los bancos mientras dejaba a las personas a su suerte. La ocupación se veía como el último recurso de una familia cuando los poderes públicos abandonaban a un sector importante de la sociedad. El trabajo de sensibilización de la PAH en este sentido ha sido inmenso durante estos años, cambiando la percepción que tiene la sociedad sobre la ocupación de viviendas cuando éstas permanecen vacías. En España hay cientos de miles de casas vacías, mientras hay muchas personas que no pueden acceder a una vivienda digna por motivos económicos. Al mismo tiempo, los gobiernos locales que mostramos en La Grieta vendían viviendas  públicas a fondos de inversión extranjeros a precio de ganga para aliviar sus respectivas deudas.  Gracias a las protagonistas, Dolores e Isabel, podemos como espectadores ver cuáles son los efectos reales de estas políticas.


 

Hablaban de 300 horas para editar. De todas las etapas que tuvo el documental, entre investigación, guión, rodaje y edición ¿esta última fue la más compleja?

(AGO)- Partimos de la base que dentro de estas distintas etapas, la investigación y el guión son casi inexistentes en este tipo de rodaje de Cine Directo. Es más, se investiga sobre la marcha, conforme las situaciones se suceden. Teníamos la sensación de que algo estaba cambiando con la llegada de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca ya que era la cara más visible de la lucha contra los recortes del gobierno y, en cierto modo, era la cristalización del movimiento de ocupaciones de plazas en el año 2011 conocido como el 15M. Nosotros seguíamos los acontecimientos, en cierto modo, nos dejábamos llevar por ellos y postergábamos el trabajo de guión para el montaje. Sabíamos que nos íbamos a enfrentar a muchas horas de metraje y que no sería tarea fácil moldear y condensar tanto material en una película que tuviera aspecto y sensación cinematográfica, con personajes potentes con los que el público empatizara y con una historia que emocionara. Por eso, la etapa más creativa, a la vez que sacrificada (casi tres años), fue la edición.

 

Irene, la experiencia de lo que viviste en Latinoamérica en tu paso y trabajo en Guatemala ¿fue condicional en el abordaje de este tema?

(IYH)- Mi paso por Centroamérica desde luego cambió mi forma de ver el mundo y de afrontar la realidad social. Allí participé por primera vez en producciones cinematográficas, trabajando en equipo en situaciones de tensión y aprendiendo a contar historias de distintas formas. Desde luego, conocer el mundo latinoamericano me ayudó a comprender la vida y los esfuerzos que latinoamericanas y latinoamericanos hacían aquí para sacar adelante a sus familias ante un problema tan grave como es el del acceso a la vivienda. Muchas personas provenientes de América Latina decían que estas expulsiones tan violentas por parte del Estado no se daban en sus países cómo se daban aquí, a pesar de ser España un país “del primer mundo”.

Fuera del valor que yo pueda dar sobre la película, que me parece excelente y muy verdadera, La Grieta tuvo en España un muy buen recorrido y se proyecta en dos festivales de nuestro país en este mes: en la novena edición del festival CineMigrante de Buenos Aires y en el sexto FIDBA. ¿Por qué creés que en Argentina fue de tanto interés?

(AGO)- Gracias por el cumplido. Estamos muy contentos que la película tenga este recibimiento en Argentina. La verdad es que desconocemos realmente las razones por las que una película funciona bien en ciertos países, sólo podemos especular al respecto. En este caso, no hay que ir lejos para encontrar los puntos en común que hay entre Argentina y España como la historia  que une a ambos países, la inmigración reciente primero a raíz de la crisis Argentina de 2001 hacia España y, el mismo proceso pero a la inversa 10 años después, etc. La verdad es que creemos que las personas más indicadas para contestar esta pregunta son las argentinas por lo que, si nos permiten, se la lanzamos a ustedes; nos encantaría saber vuestra opinión sobre por qué esta película suscita tanto interés en Argentina.

 

¡Vamos a dejar que la gente se los exprese en las salas donde seguro se acercarán a hablarles! ¿Están trabajando en algún proyecto nuevo?

(AGO)- Como ya mencionamos antes, La Grieta consta de dos partes distintas sobre el mismo periodo de crisis/vivienda. La que se proyecta aquí trata sobre la vivienda pública y la que está todavía en fase de montaje trata sobre la crisis hipotecaria. En la retaguardia, también estoy trabajando también en una película sobre Cassavetes, el cineasta independiente de Nueva York, en clave tragicómica.

Antonella Defranza

antodefranza@caligari.com.ar

Entrevista a Entrevista a Irene Yagüe Herrero y Alberto García Ortiz