¿Cómo surgió la idea para realizar La culpa

La culpa surge de varios deseos frente a la idea de repensar el montaje, como montajista sentía la necesidad de jugar con el montaje interno, generar flujo y una atmósfera adecuada a ese universo inventado. De una imagen mental surgió la idea de la casa cómo propiedad privada y el cuerpo como una propiedad patriarcal. Los signos en nuestras vidas se van remodelando con el pasar del tiempo, de este concepto surgió la certeza de grabar en una casa de campo. Un lugar atemporal donde los valores morales estuvieran estancados en el tiempo, la cámara tiene la necesidad de representar esa impotencia física que también nos genera culpa. La escena de la casa y lo que vemos allí también es el reflejo de nosotros. El bagaje histórico/cultural que traemos encima se pone en crisis frente a una pantalla de cine.

En tu cortometraje somos testigos de una historia violenta, pero de una forma en la que pocas veces lo hacemos, vemos lo justo y necesario para entender y sentir todo a la distancia adecuada ¿Porque decidiste contar la historia de esta forma?

La casa es una estructura muy simbólica y cargada de contenidos que, a veces por la velocidad del día a día no observamos, nos distraemos. Muchas veces vemos pero no absorbemos lo qué pasa delante de nuestros ojos. En la culpa los signos otorgan al espectador lo que necesita para absorber el hecho, donde no existe doble moral y ninguna información previa que pueda cambiar el punto de vista. Resulta necesario digerir nuestra angustia para criticar lo qué pasó en la pantalla.

Hay un trabajo de fotografía realmente fantástico ¿Que tanto te involucras en estos aspectos?

Siempre participé de proyectos de amigos y colegas haciendo cámara, de esa forma encontré la manera de comunicar un pensamiento cinematográfico y también de cuestionarlo. Esas experiencias me enriquecieron mucho, pude observar diferentes puntos de vista de otros directores. En la soledad de mi casa en San Telmo revisando cuadros de Edward Hopper tratando de comprender de donde venía tanta potencia, noté que la ausencia era esa que intrigaba tanto. Surgió el guion y me junté con Micaela Masetto, Directora de fotografía, le presenté la propuesta y salimos a buscar locaciones en el campo, en principio en el interior de la provincia de Buenos Aires. Luego sumamos al equipo a la productora Florencia Castro, junto con Nicolás Schneider encontramos la locación deseada. Ahí mismo supimos que deberíamos grabar esta historia. Para mí la fotografía y el arte cumplen la función primordial de reorganizar los signos en armonía y transformarlos en potencia. Es el área en la que me siento más cómodo.

¿Cómo se financió La culpa?

La culpa se financió de forma independiente, contaba con un presupuesto propio que se complementó con la productora Florencia Castro. Tuvimos algunas demoras para terminar la postproducción, buscábamos alcanzar estándares altos y con mucha lucha y esfuerzo, logramos finalizar el proyecto como deseado. Tuvimos la suerte de consolidar un pequeño equipo de grandes profesionales independientes que con su trabajo enriquecieron muchísimo nuestro proyecto tanto en la preproducción, durante el rodaje como en la finalización del proyecto.

¿Qué directores te sirven de inspiración?

Para el cine muchas cosas me influenciaron, en medio de ellas la música, la soledad de vivir en otra tierra me hizo retomar muchas cosas de mi país de origen, la tropicalia explotó en mi cabeza debatiendo todo pensamiento crítico referente al lenguaje, sentí la necesidad de abrazar y pelear contra esa inquietud, de intentar comprender nuevas cosas y de aceptar lo nuevo. Sobre todo las experiencias vividas en este país. Poetas de la música como Novos Baianos, Mutantes, Gilberto Gil me hicieron pensar en la deconstrucción. Esto me permitió ver que no se puede estar atado a las estructuras, que es necesario intervenir, modificar, transformar, es "explicar para confundir y confundir para esclarecer" como dice Tom Zé. Otros artistas como Caetano Veloso me hicieron pensar en la infinidad de atmósferas posibles que se pueden crear para contar algo muy íntimo. Películas como Una Mujer Bajo Influencia de John Cassavetes me hicieron recalcular toda la dirección de mi trabajo, directamente repensar el tiempo en función a lo que quiero contar y la potencia de trabajar en las relaciones de poder. Michael Haneke con El séptimo continente me hizo entrar en euforia, más por la epifanía de encontrar algo tan original y genial. Andréi Tarkovski con Nostalgia, La infancia de Iván, Stalker, estas obras son una invitación a repensar el tiempo en el cine, no hay como citar tantos genios y no dejar a varios afuera. En el cine argentino, Lucrecia Martel me hizo sentir que yo estaba estudiando en el país correcto, Fabián Bielinsky, Leonardo Fabio, Gustavo Fontán son otros directores que me hicieron amar el cine argentino.

¿Te encontrás trabajando en otros proyectos?

En este momento estoy en proceso de escritura de un largometraje, mientras atravieso ese período, sigo grabando proyectos de amigos, haciendo trabajos con color, montaje y cámara. Creo que no se puede parar de producir, más aun en esta coyuntura que estamos atravesando, es necesario reunir fuerzas de gente apasionada para acompañar y a su vez intervenir los procesos socioculturales que se están desarrollando. Considero el contexto actual argentino muy enriquecedor para el cine independiente a pesar de la adversidad que esto conlleva⚫

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Titulo: La culpa

Año: 2018

País: Argentina

Director: Jesús Alves