Entrevista a Giselle Chan, directora de Lapso, una espera

Mauro Lukasievicz 15 - Abril - 2018 -Entrevistas- Foco: 20º BAFICI, Buenos Aires Festival Internacional Cine Independiente

 

 

 

¿Cómo definirías Lapso, una espera?

Lo definiría como un híbrido entre lo documental y lo que se dice que es ficción, porque sus límites son difusos a lo largo del corto, están indefinidos y al mismo tiempo se complementan. Por momentos, su forma de mostrar tiende hacia lo observacional, en otros esa modalidad se quiebra como si fuera desde sí mismo. Para clasificarlo rápidamente se puede decir que es experimental, aunque me parece que el término híbrido hace hincapié en esta mezcla y relación dual de recursos tanto documentales como ficcionales. Ese híbrido es un acercamiento a la observación de objetos en el espacio fuera de este planeta. Es una actividad que realiza un grupo de personas (hombres adultos y mayores, mujeres, adolescentes, niños) ya sea por su curiosidad, profesión, placer.

 

¿Cuáles fueron las principales búsquedas y desafíos que te planteaste al realizarlo?

Uno de los desafíos que me propuse desde el principio fue utilizar una imagen infrarroja grabada con una cámara de 8 mm, que le da esa textura particular del píxel y ruido. Al mismo tiempo que esto era un desafío también significaba una cierta limitación para el público al que estaba dirigido, porque actualmente lo que es el audiovisual “dominante” nos acostumbra y demanda la más alta definición. Como respuesta, o más bien como pregunta a por qué y si realmente es necesaria la definición perfecta, decidí posicionarme desde esta imagen de baja calidad; lo que dio paso a esta estética particular que fue una de las primeras cosas con las que me encariñé y no iba a soltar. Abrió lugar a la idea de ver en la oscuridad, develar lo que el ojo humano no puede ver porque los rayos infrarrojos están fuera del espectro visible. Filmábamos, la mayor parte, con luces “invisibles” que no se ven físicamente en la realidad pero sí a través de cámara. A partir de ahí, con ese anclaje, la búsqueda de la obra se embarcó en vivenciar la observación. A modo de juego de dirección de miradas era un observar, nosotros realizadores/espectadores, cómo este grupo observa hacia el exterior; nosotros apuntando con las cámaras y micrófonos, ellos apuntando con sus telescopios. Es paradójico que, al ser un corto sin diálogos, la palabra hablada fue lo que durante el proceso guió y disparó esa búsqueda. Teníamos grabadas entrevistas y conversaciones casuales que surgían, y al reescucharlas profundizaban los pensamientos y puntos de vista del grupo. Sus diálogos fueron necesarios a modo de investigación y creación del vínculo, pero es el sonido de sus equipos, el híbrido tecnología-naturaleza nocturna del lugar lo que hace vivenciar la observación desde el sonido. Otro gran desafío fue el de dirigir porque nunca había estado a la cabeza de un proyecto, esto implicó en lo personal una maduración.

 

 

¿Cuáles fueron las principales trabas que te encontraste?

Las principales trabas estaban relacionadas con la organización de los rodajes. Más allá de que la filmación era lejos de la ciudad, estábamos sujetos al pronóstico ya que el cielo tenía que estar despejado para poder hacer las salidas astronómicas en el campo durante las noches, las primeras fueron en otoño y el resto en invierno. Pero el dato que prácticamente definía si se rodaba o no, del que estábamos más pendientes, era la fase lunar. Este tipo de observaciones se realiza en luna nueva, o sea cuando no hay luna porque al ser la luna de un tamaño grande y reflejar una luz tan intensa encandila al ojo y no le permite ver objetos lejanos. Por eso, en fechas cercanas a la luna nueva si llovía o estaba nublado, esperábamos a la próxima que aproximadamente es cada un mes. Algo no menor fue que diseñábamos el corto dentro de la facultad, lo que implicó limitaciones todavía más estrechas de tiempo por las fechas de entregas, correcciones, etc. La ventaja al ser en la facultad es que tuvimos variedad de opiniones y críticas, literalmente de todo tipo, que hubo que enfrentar.


¿Cómo se financió Lapso, una espera?

Lapso, una espera fue autofinanciado. Fuimos nosotros mismos, el equipo, el que lo financió. Fue un corto de muy bajo presupuesto, así lo planificamos para poder realizarlo. La mayor parte de los equipos eran nuestros y otra parte eran prestados de amigos y compañeros. 

 

 ¿Qué directores te sirven de inspiración?

Hay dos directores que me encantan, admiro y fueron referencias claves porque de algo chiquito, un detalle, algo efímero, despliegan un mundo particular. Uno de ellos es Andréi Tarkovski, tanto para el diseño fotográfico, encuadres, tamaños de planos, movimientos internos de cuadro, como la duración de los planos en el tiempo, lo que resalta la idea de espera íntimamente relacionada con la astronomía. El otro es David Lynch, por su forma de enrarecer desde el diseño sonoro remitiendo a una atemporalidad, por priorizar los ambientes y servirse de ellos para componer música con sintetizadores.

 

¿Te encontrás trabajando en otros proyectos?

Sí, actualmente estoy trabajando en el proyecto con el que me recibiría, quiero seguir investigando y trabajar con texturas de imagen diferentes a las que estamos acostumbrados. Todavía es muy incipiente la idea, como disparador está la relación entre el sentido visual y auditivo.

Mauro Lukasievicz

mlukasievicz@caligari.com.ar

@MLukasievicz

Entrevista a Giselle Chan