Entrevista a Gisela Montenegro, directora de Historias del viento

Antonella Defranza 14 - Septiembre - 2018 -Entrevistas- Foco: FIDBA 2018 - Festival internacional de cine documental de Buenos Aires.

 

En la inconmensurable Meseta de Somuncura, en nuestra Patagonia, se extiende un viento que trae las voces de lejos, los mensajes tan esperados a los pocos y solitarios Habitantes de esta región. Trae las leyendas y las noches largas. Gisela Montenegro observa con su cámara y el sonido atento dentro de los puestos que miran a un horizonte que parece no conectar con nada. Posiblemente el documental nos ayude a conectar con nosotros mismos.


“Esa sensación de incomodidad que por ahí genera, termina por introducirnos en ese mundo de andar tan lento y de otro tiempo. La inmediatez, la sobrecarga visual y sonora y el ritmo al que estamos acostumbrados contrastan inmediatamente en esta invitación al desapego, al despojo, atento a descubrir nuevas sensaciones”.

¿De dónde surge la idea de Historias del Viento? Al final está dedicado a tu papá.

Historias del viento nace de la intriga que nos generó saber de un lugar tan inmenso y despoblado como es la Meseta de Somuncura, en donde los pocos pobladores que la habitan, viven completamente aislados. El proyecto inicial lo desarrollé con dos amigos con quienes estudié cine, Santiago Gershanik y Jandri Magneres y con esa poca información que teníamos del lugar, nos embarcamos en el desafío de filmar una película a 1500km de donde vivíamos, en un lugar desconocido, con un esfuerzo de producción inmenso y autogestivo. Así, hicimos dos viajes de investigación en el que nos vimos incluidos en la cotidianeidad de los habitantes y vislumbramos algo de la grandeza del vivir ahí, un lugar mágico, con mitos y leyendas rodeándolo todo. Volvimos de cada viaje con tanto material y tan empapados de ese aire que teníamos motivos más que suficientes para llevar adelante Historias del viento. La idea de conseguir financiamiento finalmente fue un hecho, y por distintas cuestiones nos fuimos desencontrando y este primer equipo se desintegró. Historias es una película de mucho movimiento a nivel personal; despedidas, la muerte de mi papá y mi maternidad, la pérdida más dolorosa y la felicidad más inmensa en medio del proceso creativo y el desafío de seguir adelante con esto que sentía que tenía que ser. En este contexto tan personal y sensible se termina de germinar la película. Está dedicada a mi papá porque en su ausencia me encontré con esta mirada contemplativa y siento que muchos paisajes le pertenecen. Me gustaría que hubiera llegado a verla.

 

¿Cómo fue el proceso de investigación y guión? ¿Hubo un guión antes de salir a rodar?

Iniciamos el proceso de investigación a partir de anécdotas que me contó un familiar de Valcheta, un pueblo cercano a uno de los accesos a la Meseta. Buscando un poco más de información en la web, nos organizamos para hacer el primer viaje cargado de expectativas. Nos encontramos con un lugar increíble, de paisajes interminables, mucho viento y unos caminos por momentos intransitables. La gente del lugar nos recibió de la mejor manera, con intriga pero dispuestos a abrirnos las puertas de sus puestos y contarnos su historia. Hicimos varias entrevistas, recabando la mayor cantidad de voces e historias posibles, el clima adverso y algunos inconvenientes mecánicos nos hicieron ver hasta dónde podíamos llegar. Con mucha información, trazamos una línea descriptiva de por dónde podía ir la película. Descubrimos que la soledad era un lugar común, que ellos eran los sin voz porque hasta ahí llegaban mensajes del exterior pero ellos no tenían manera de comunicar nada. Con el segundo viaje ya sabíamos quién iba a ser nuestro “personaje” principal que funcionaría como guía hacia el resto; la convivencia y los momentos de charla nos permitieron lograr la cercanía que necesitábamos para que el rodaje fluya con naturalidad, se generó mucha confianza y respeto mutuo. Con mucho tiempo de escribir y reescribir llegamos a un guión, que sobre todo necesitábamos para aplicar a un financiamiento. Sabíamos que eso que estaba escrito era totalmente susceptible a sufrir cambios  y modificaciones. Y de hecho fue lo que pasó. De ese guión no queda casi nada, en el proceso surgieron tantas cosas, mi propia vida cambió tanto, que al momento de viajar a rodar yo era otra, y así mi mirada.

 

¿Cómo lograron meterse en las vidas de estas personas anónimas que resultan los personajes de tu película?

La primera aproximación al lugar la hicimos con un grupo de personas que organizó una campaña para llevar calor a Somuncura. En el lugar no hay servicios y tampoco se consigue leña para calefaccionarse o cocinar, entonces la comunidad se organiza todos los años para ayudar a los pobladores a sobrellevar las temperaturas bajo cero del invierno. Así fue como fuimos por primera vez a la Meseta, registrando un poco la campaña y conociendo a algunos pobladores, charlando, contándoles lo que queríamos hacer. Pasamos tiempo con ellos, los acompañamos en sus quehaceres, la convivencia fue fundamental y muy enriquecedora.

 

¿Cuánto tiempo estuvieron allá rodando? ¿Cómo fue el tiempo de observación y rodaje?

En total fueron 4 viajes, a lo largo de 6 años. La falta de electricidad y el tener que llevarnos desde el agua hasta la leña, no nos facilitaba el poder quedarnos muchos días; ir y volver al pueblo nos llevaba mucho tiempo y las necesidades de producción exigían viajar en una fecha determinada que es cuando ocurre la pialada, una vez por año. Los dos primeros viajes fueron de observación, de conocer, de explorar formas estéticas y creativas, de entrevistar y los últimos de rodaje. Fue en el último viaje en el que la película terminó de tomar la forma que tanto busqué.


El uso de tiempo casi realista en un documental de observación puede llegar a hacerlo largo o aburrido, sin embargo en este funciona perfectamente para generar suspenso y hasta impresionarse en algunos momentos donde todo está muy tranquilo. ¿Cómo fue esta elección narrativa?

Si, ese fue el mayor desafío; esa observación de tono realista es producto de la sensación de tiempo detenido que me generó el lugar, de introspección constante. Una vivencia transmitida a través de la duración de los planos, de la forma de construir las acciones. Esa sensación de incomodidad que por ahí genera, termina por introducirnos en ese mundo de andar tan lento y de otro tiempo. La inmediatez, la sobrecarga visual y sonora y el ritmo al que estamos acostumbrados contrastan inmediatamente en esta invitación al desapego, al despojo, atento a descubrir nuevas sensaciones.

 

El uso del sonido es muy interesante también, en especial con las mínimas intervenciones de tiempo y espacio que nos da la radio y los mensajes y en estas voces del viento que traen sus historias ¿Fue pensado a priori o surgió de la misma observación de lo que documentaban?

La radio fue el elemento que más fuerza tuvo en un principio, iba a funcionar como nexo a lo largo de toda la película; conocer que ese era el único medio de comunicación por el cual la gente de la Meseta podía recibir información, abrió las puertas de un nuevo mundo, con lógicas distintas y mostró una suerte de desventaja que de alguna manera tenía que estar planteada. Ellos reciben mensajes, pero no tienen la posibilidad de enviar los suyos. Llegamos al lugar sabiendo la importancia de la radio en sus días pero me pasó que al vivenciar esa ceremonia del momento en el que comienzan los mensajes al poblador, sentí que era un momento de intimidad que tenía que ver con una necesidad de conexión, de cercanía, de dejar esa soledad diaria por un momento; y esas intervenciones puntuales creo que así lo expresan. Y en la búsqueda de una voz intrínseca a ese mundo, el entramado de mitos y leyendas desprendiéndose de la radio como portadora de voz, mezclándose con el viento en la sucesión de paisajes.


 

También hay un gran trabajo de la estética. ¿Te serviste de alguna referencia?

Me sirvió la mirada de algunos trabajos de Loznitsa. El aire, la inmensidad, la relación hombre-naturaleza, la contemplación en el tiempo eran la premisa.

 

¿Con qué tipo de financiamiento contaron finalmente?

Si, recibimos financiamiento del INCAA por la vía documental digital.

 

¿Cómo ves el estado actual del cine nacional, en especial el cine documental?

Creo que a nivel social estamos viviendo momentos complicados, la educación que es la principal herramienta que tenemos como sociedad está en una tensión constante, la cultura colmada de recortes y desfinanciamiento. Cada vez se hace más difícil producir. Pero creo que desde la autogestión, desde las asociaciones y los distintos movimientos que se fueron creando, el cine documental se ocupa visibilizar y hacerle frente a los distintos momentos políticos que atravesamos.

 

¿Te encontrás en algún proyecto nuevo?

Estoy empezando a trabajar sobre una idea que me resuena desde hace un tiempo, algo así como un ensayo acerca del amor, documental experimental tal vez.

Antonella Defranza

antodefranza@caligari.com.ar

Entrevista a Gisela Montenegro