Entrevista a Gabriel Medina.
“El BAFICI es un espacio que hay que defender”

Paola Jarast 2 - Octubre - 2016 -Entrevistas

 

 

Varela Varelita, tradicional café palermitano donde el reconocido realizador es habitué, fue el espacio elegido para una distendida entrevista en la que repasamos sus trabajos y gustos en materia de cine, así como sus influencias cinéfilas y literarias.

¿Considerás que Los paranoicos y La araña vampiro son películas de género? ¿Cómo ves el cine de género en la Argentina? 
Me cuesta encasillarlas. Tienen autonomía propia. No soy consciente cuando las hago. Sí soy consciente de que tengo ciertas influencias y de que tengo ganas de hacer una película que trabaje el miedo o que tenga cierto tono lúdico o de humor. Pero no me propuse hacer una comedia romántica cuando hice Los paranoicos, ni de ningún género definido. Con La araña vampiro sí es verdad que pensé un poco más en el terror. Nunca pienso en hacer una película de género sólida y atenerme a ciertas reglas. No me gustan las reglas, no como premisa. Me manejo con libertad a la hora de filmar y de escribir. La araña vampiro para mí es más de aventuras, y Los paranoicos, un drama romántico. Pero la gente en Los paranoicos se ríe mucho, así que bienvenido sea. Sí es verdad que quise mirar con humor al personaje de Gauna, con cierta simpatía, sin reírme de él ni juzgarlo. Hay tanta oscuridad, que verlo con un tono más luminoso me parece que hace que se martirice tanto el personaje. En las dos películas hay mucha oscuridad. Es algo mío; yo lo puedo ver. En general soy bastante inconsciente. No suelo pensar por ejemplo que una película tiene que funcionar como una comedia romántica. Supongo que si me encargaran una comedia romántica, sí trabajaría mucho eso porque yo consumo mucho el género, me gusta mucho. Más que nada me gustan las historias. Me cansé de los modelos narrativos industriales. Hay muchas fórmulas. Veo el guión en todos lados, una estructura que se repite en todos lados. Voy muy poco al cine. No me interesa. Lo último que vi de cine argentino que me conmovió mucho fue Juana a los 12, Mauro, Vil romance, de Campusano, me gustó también. Va por ese lado lo que realmente me está gustando últimamente.
Con respecto al cine de género en Argentina, me falta mucho por ver. Veo lo que me llama. Si no, veo clásicos, me los proyecto. Películas de los 80, o Aristarain. Rejtman me gusta. Me gusta el cine de los 70. Tengo tanas películas que me tocaron el alma para volver a ver que no me atraen los superhéroes, no me atrae Star Wars. Fue muy lindo Star Wars en su momento, pero prefiero volver a ver Inteligencia artificial, o Tiburón. O Indiana Jones con mi hijo. Con mi hijo prefiero ver esas películas que las de Avengers. Tendrá sus méritos. Vi alguna de superhéroes, no la puedo juzgar tampoco. Para mí las películas de superhéroes son una porquería, son basura.


¿Viste Kryptonita? 
Sí, me parece que tiene cosas interesantes y trasciende el género. Me pareció una apuesta. Tiene un mérito. Tiene valor. Es como una película media punkie. No porque lo desprecie. Tal vez me estoy perdiendo algo. Me gusta el western, la aventura, el terror. Para mí, la última película de David Lynch es una película de terror, y Darío Argento es terror. Hay poco terror hoy que esté bueno. Conjuro. James Wan es un tipo que me parece interesante. Me gustó la de Muschietti, Mama, pero es más como una de terror que se va para la aventura. El terror me parece que está bueno, me gusta. Y la comedia me gusta también. Pero la nueva comedia americana ya me hinchó las bolas. Se repite a sí misma. Tonto y retonto me parece divertida. Me gusta para verla con mi hijo. La comedia americana me parece interesante: Superbad, Adventureland, Ligeramente embarazada, This is 40. Para mí, la última gran comedia, con la que me doblé de risa en el cine, fue El gran Lebowski. Ahí vi algo nuevo. Tarantino me hace reír. Lo último moderno que vi en el cine fue Pulp Fiction. Después hubo películas que me gustaron mucho, que me hicieron llorar. Pero creo que el cine terminó con Pulp Fiction. Fue lo último que me partió la cabeza. Me gusta mucho Kiarostami también. Estoy leyendo y viendo clásicos más que otra cosa. Tengo ganas de ver cine japonés otra vez, Dreyer, Carpenter.


Volviendo a tus películas, ¿te identificás con los personajes de Hendler y Piroyansky? 
Sí, claro. Yo en ese momento leía mucho; me gusta mucho la literatura en primera persona. Lo último que leí que me cambió y me hizo crecer fue Mario Levrero. Yo en ese momento estaba leyendo Sam Sheppard, Fitzgerald. Y obviamente, los Beatniks.


¿Sos muy lector? 
Sí, aunque de 10 libros que leo, 8 no los termino. Los que termino son los que me parten la cabeza. Termino 4 o 5 por año. Tengo la mesa de luz llena de libros. Tengo el hábito de leer antes de irme a dormir. Me quedó desde chiquito. No puedo dormir si no leo. Me ayuda a poder estar en contacto con la lectura. Me acerca al estado de somnolencia, a los sueños, empiezo a viajar leyendo dormido. Me transporta a esa realidad que me parece que está buena que es la de los sueños. Las ideas generalmente me vienen de golpe y cuando estoy muy sobrio y despierto, cuando el cerebro está fresco, no embotado.


¿Estás trabajando en algún proyecto en este momento? 

Sí, siempre, en 4 proyectos. Uno, donde más concentración y energía estoy poniendo, es Los psiquiatras, que es una continuación del mundo de Los paranoicos, aunque el tema y el foco están puestos en otro lado. Es como abrir una puerta y volver a ese mundo, a esas calles, esos departamentos, a esas vidas. Diez años después. Es de aventuras. Va a estar Hendler, que va a ser un alter ego mío también, no tan alter ego como en Los paranoicos, mucho más verborrágico y ambicioso. Y también está Alan Sabbagh. La historia está contada desde dos puntos de vista. Es una buddy movie.


¿Qué significó para vos que tus dos películas se estrenaran en el BAFICI? 
Con cómo están el negocio y el mercado de la distribución hoy en día, a mí el BAFICI me ha ayudado mucho. Tanto el BAFICI como el Festival internacional de cine de Mar del Plata son muy buenas plataformas de lanzamiento para las películas. Primero, tenés a toda la prensa mirando ahí. Tenés un montón de público ávido de cierto tipo de cine que está atento. Es el mejor lugar donde estrenar una película nacional hoy. Una película nacional que va por otro reel. El BAFICI es un espacio que hay que defender. Significó ayuda. Me abrió las puertas. Fui a un montón de otros festivales. Tenés que estrenar en un festival afuera y te tiene que ir bien para que después tenga repercusión acá. Si no hoy se estrenan acá, están 2 semanas y no se entera nadie. Vuelvo a Juana a los 12. Me pareció increíble, y estuvo una o dos semanas en el Gaumont en un horario marginal. No puede ser que pase eso. Es un poco el mundo de hoy. La gente consume estupideces. No estoy desprestigiando ni juzgando, ni me interesa hablar mal de la gente, pero es la realidad. El programa que mayor rating tiene en la televisión es el de Tinelli. Las películas que más espectadores tienen en un 90% son todas chotas. Yo creo que el ser humano está perdiendo contacto consigo mismo. Está perdiendo el poder de contemplar. Fijate en un colectivo cuánta gente está mirando por la ventanilla y cuánta gente está mirando el teléfono. Eso de alguna manera repercute en el consumo del entretenimiento. Es verdad que también se trasladó mucho a 40 pulgadas, a la computadora y al teléfono. Se está perdiendo la posibilidad de contemplar a un personaje en su vida cotidiana, la libertad, o acompañar a los personajes de Kiarostami, contemplar los planos generales de John Ford en pantalla grande. Eso es un arte. Son películas que están concebidas para la experiencia de estar contempladas en una sala de cine. Eso se está perdiendo porque la gente se aburre. Necesita estímulos. Estímulos con colores, sonidos, de montaje, necesita estar despierta. Si no tiene ese estímulo de rapidez, pierde la concentración. Creo que eso se traslada al cie y a muchas otras cosa. Hoy por hoy creo que estoy mucho más cerca del cine contemplativo que de otro cine. Necesito tiempo. Cuando las películas son tan rápidas, no entro. Y a mí me gustan los videojuegos, ojo. Pero me gusta irme al Botánico y mirar un árbol. Y trato de tirar el teléfono a la mierda durante un rato, porque es muy fácil entretenerte. Te aleja de vos mismo. La gente está sola, y se angustia y se aburre, y eso impide que pueda profundizar. Yo veo una película de Tarkovsky o de Kiarostami, con planos tranquilos, y es como estar en un viaje.


La araña vampiro pareciera estar imbuida de ese espíritu de contemplación.
En algún punto, sí. Yo quería filmar lo que cansa subir una montaña. Fue una experiencia de cómo trabajar el tiempo en el cine. A mí me gusta mucho Monte Hellman, es un director norteamericano que trabaja eso. Hizo una gran película que se llama Two–Lane Blacktop. Esa fue una referencia importante para La araña vampiro. Me gustan Wenders y Jarmusch.


En las series La niña elefante y Buenos Aires bajo el cielo de Orión trabajaste al frente de grupos de jóvenes. ¿Es algo que te gusta? 
Lo que hice en La niña elefante fue acompañar durante el proceso de realización. Ahora estoy con un proyecto muy independiente en el que estoy trabajando con actrices de LNE, con otros que fueron alumnos míos. Cuando estoy hablando con alguien de 18 o 20 años me siento a la par. Me miro al espejo y veo que tengo canas en la barba y me sorprendo. Creo que en el momento en el que puedo hablar de la experiencia de paternidad, siento adultez. Soy adulto, pero no perdí nunca esos 20 años. Me gusta trabajar rodeado de jóvenes. Me hace sentir vivo. Necesito eso. Me gusta venir acá a Varela y estar hablando con chicos de 20 años, me gusta dar clases. Me estimula. Me gusta escucharlos, saber en qué andan. Sigo teniendo 20 años en algún punto. Sigo escuchando la música que escuchaba a los 15. Trato de no perder eso, ni al niño de 7 que vio Tiburón en un cine gigante de barrio. Si perdés la libertad y la inocencia que tenía cuando eras niño, la rebeldía y la actitud contestataria que tenías cuando eras adolescente, la pulsión vital que tenías a los 20, el salto al vacío que tenés que dar en los 30. Si no te transformás en un joven viejo o en una hormiga. Me gustan los márgenes. Me gusta estar al margen de todo. No me siento parte de esta cotidianeidad. Del sistema. Me pone triste ver a la gente entrar y salir de sus oficinas todos los días. No fui por el camino del dinero. Doy clases, hago tutorías. Pasé momentos económicos complicados. Costó, pero me mantengo en mi camino. Quiero hacer cine. La publicidad es algo que me quema la cabeza, algo que no puedo hacer. No puedo estar poniendo la cámara para algo que no me interesa, para gente que no me interesa, para un mercado que es el mismo que critico. Me parece que cada uno tiene que encontrar su forma de disfrutar la vida. Trabajar para otros no me permite ser libre. Escribí un papelito que pegué arriba de mi diploma de director de cine que dice “Trabajo para mí”. Siempre veo eso y tengo una foto en blanco y negro que sacó un amigo mío en una playa en Uruguay 20 años atrás. Dos sombritas que se están metiendo al mar. Estaba atardeciendo, entonces se abrió el diafragma. No se distingue bien, está borroso, pero se ven dos figuras que se están metiendo al mar con los brazos en alto y yo le puse “La libertad”. Esa también la tengo pegada. Esa es la manera de estar al margen. Estar en este café pensando una película es la manera de estar al margen. Poder contemplar el apocalipsis que creo que estamos viviendo. Porque la mayoría del mundo va a ningún lado. Fui al Cerro de los 7 colores. Fui por primera vez al norte el año pasado. Tuve la oportunidad por trabajo de ir. Me habían dicho que tenía que ir, que era hermoso, y no pude disfrutarlo porque constantemente había grupos de personas que venían, hablaban, se sacaban fotos y se iban. Me sorprendió cómo la gente perdió la capacidad de sentarse y contemplar. Dije “Este es el fin de la humanidad”. La pérdida de contacto con lo sublime y espiritual.


Siempre optaste por trabajar para vos mismo. ¿Fue difícil en ese sentido la experiencia de trabajar por encargo en Bs. As bajo el cielo de Orión?
No, porque me dieron absoluta libertad para hacer lo que yo quisiera. No me bajaron ninguna línea política. Yo jamás hubiera hecho una cosa así. Tuve muchas limitaciones, pero se me dio mucha libertad. Se salió a filmar de maner a muy improvisada. El contenido de ficción que había era muy inferior al requisito de 48 minutos que nos pedían. Creo que si hubiera sido una serie de 25 minutos, hubiera estado perfecto. Y todo al pedo, porque al final me enteré por Twitter de que se estrenó en internet. No voy a hablar de política, pero se hicieron muchas series que quedaron tiradas por ahí. Algunas se hicieron con amor y mucho esfuerzo. Otras se hicieron con el único objetivo de hacer dinero. Que vengan un productor y un director a hacerlo de taquito para facturar es un horror. La cultura tiene que ser no un trabajo, sino una misión.


¿Estás satisfecho con el resultado final de la serie? 

Sí, claro. Quiero a sus personajes, quiero a los actores, al equipo técnico. Tengo grandes recuerdos de esa época, y quiero mucho a la serie. Siento que a diferencia del cine, no pude terminarla como yo quisiera. Me parece que se puede hacer una película con eso, que se puede reeditar. Estoy tratando de ver cómo hago. Tal vez en algún momento ponga energía para ver si eso es posible.

 

 

Entrevista a Gabriel Medina