Entrevista a Francisco Bouzas, director de La cuarta dimensión

Antonella Defranza 13 - Abril - 2018 -Entrevistas- Foco: 20º BAFICI, Buenos Aires Festival Internacional Cine Independiente

 

“La cuarta dimensión construye un mundo, una plataforma simbólica interna que se demuestra sensible a definiciones que tomamos por sentado, a espacios que creemos familiares, y que se levanta ante la adversidad con el dolor que ello puede causar”.

Indagar en el interior de la interpretación desde lo que el mismo rodaje ofrece, casi como un ejercicio documental en una ficción, y crear así un espacio intangible a lo largo del film es lo que se propone Francisco Bouzas con su ópera prima en Competencia Latinoamericana en el próximo BAFICI.

¿Qué es La Cuarta Dimensión? ¿De dónde surge esta idea?

La cuarta dimensión es una idea que se descubre y desarrolla a lo largo de la película, es un espacio intangible, una visión, un aleph del más acá. Decir cualquier cosa más acerca de la cuarta dimensión irìa en perjuicio del encuentro que la audiencia debe hacer con ella.

 

¿En cuánto tiempo fue  filmada y con qué financiación?

El tiempo de rodaje es difícil de determinar. Digamos que es un proceso que se inició de alguna manera en el 2012 y finalizó en el 2017. Con respecto a la producción, la película es una co-producción entre Argentina y Bolivia. En Argentina los fondos provinieron básicamente de mi productora NNMcine y del INCAA, mientras que en Bolivia recibimos apoyo por parte del Gobierno Autónomo Departamental de Santa Cruz.

 

¿Cómo llegaste al protagonista? ¿Es actor? ¿Qué desafíos tuvo dirigirlo?

En el 2012 comencé un camino misterioso y seductor en Ciudad Oculta que aglomeró un sin fin de actividades, entre ellas una murga llamada Los locos no se ocultan (sobre la cual realicé mi cortometraje homónimo). Conocí a César en esos tiempos y desarrollamos una gran conexión humana, inesperadamente intensa. César era actor antes de conocerme, lo era sin saberlo, todo lo que hace exuda creatividad, pocas veces en la vida uno se encuentra con personas cuya potencia creativa fluya con semejante naturalidad. ¡Es imposible no quedar cautivado ante tal carácter! No siento que haya tenido que dirigirlo, aunque muchos pasajes la película no es más que una gran puesta en escena que surgió desde la complicidad que habíamos formado años antes. Durante el rodaje, con César sentimos la película casi en simultáneo, con grados de consciencia variables pero con una intensidad muy constante. Es por eso que digo que no se si lo dirigí, o si nos dejamos dirigir por algo más grande que es el cine, o incluso por algo mayor, pero estoy divagando.

 

¿Cómo te armaste para el viaje a Bolivia, donde transcurre gran parte del largometraje? ¿El equipo técnico viajó desde acá completo? ¿Por qué Bolivia?

Bueno, la elección de Bolivia fue más bien una imposición del devenir de la historia. Hace algunos años, hubo un giro radical en la vida de César que lo llevó a una especie de exilio en su pueblo natal en Bolivia; la película se fue con él. El rodaje en Bolivia consistió en dos etapas, una de investigación y experimentación, la otra puramente dedicada a filmar. Tuve la suerte de trabajar con un gran aliado que me ha dado el cine que es Luciano Salerno y juntos diseñábamos el rodaje a medida que iban transcurriendo los días, con una mezcla de improvisación y certeza. Ambas etapas transcurrieron sin mayores contratiempos, lo cual es fuente de desconfianza por el altísimo nivel de intensidad que llevábamos.

 

¿Cuál fue la búsqueda estética de la película, en cuanto a los encuadres, el arte y el montaje?

La película se presenta anclada al interior de la figura humana, en particular a la de su protagonista. Es difícil hablar de una película que aún no existe, ya que todavía nadie la ha visto. Creo que el encuentro con la audiencia de alguna manera completa la experiencia de hacer una película y resignifica las intenciones que uno pudo haber desarrollado. “La cuarta dimensión” construye un mundo, una plataforma simbólica interna que se demuestra sensible a definiciones que tomamos por sentado, a espacios que creemos familiares, y que se levanta ante la adversidad con el dolor que ello puede causar. Todos los aspectos de la película contribuyen en esta construcción y logran, en mi visión, articular un complejo diverso, caótico pero contundente. En este sentido, el montaje realizado por Jimena García Molt cumplió un rol fundamental y logró llevar a la película a un lugar de inusitada potencia.


Tus películas hablan de personajes en los barrios, la murga, y en este caso del exilio también ¿Cómo influye tu profesión en este contexto que estamos viviendo?

Desconfió de mi profesión, no se si tengo una. Sí sé que todo lo que hago lo hago dentro del mundo del cine, pero trato atacar este mundo desde lugares muy dispares en un  intento quijotesco de no aburrirme. Si debiera decir algo sobre el cine y el contexto en el que estamos viviendo es que todo es incierto, y esto debe movilizarnos profundamente como cineastas. El cine argentino está en jaque, pero no es algo muy distinto a lo que sucede afuera. En un mundo donde las pantallas dominan todo me parece que es necesario volver a preguntarse ¿qué es el cine? Y puede que la respuesta sea desencantadora, pero está en nosotros, las nuevas generaciones, en re fundarlo. Creo que es necesario construir una nueva plataforma simbólica sobre la cual poder reconocernos como individuos pertenecientes a un todo, sujetos a mareas similares, sino estamos condenados a la desidia y terminaremos ahogándonos en la desconexión más triste.

 

¿Qué sorpresas como director te deja la experiencia de que tu Ópera Prima se estrene en el BAFICI?

No tengo idea, todavía no entiendo muy bien de qué se trata. Creo que podré responder esto una vez que termine el festival. En principio es un sentimiento de felicidad muy grande, porque yo crecí con el BAFICI, yendo a ver 20 o 30 películas por festival, viviendo a pleno la experiencia de un festival de cine. Fue en el BAFICI que vi algunas de las películas que más me conmovieron, aunque también vi cosas que me resultaban incomprensibles, lo cual no va en detrimento de lo otro. Me parece increíble poder formar parte del festival desde otro lugar y estoy muy agradecido por la oportunidad.

 

En una nota que te hicimos en Caligari en 2017 predecías que con los tiempo siniestros del cine la película se terminaría estrenando a principios de 2018. ¿Qué ves del momento actual del cine nacional?

Me había olvidado de esto, ¡que inesperadamente acertado estaba! Hubieron tantos cambios en el cronograma de la película últimamente que desconfío de mis propias palabras, no descarto la posibilidad de haber mentido. Con respecto a la situación del cine nacional, me parece nefasta. No entiendo los tiempos del Instituto ni las nuevas resoluciones, no quiero depender de ellas para realizar mis películas porque realmente suelen transformarse en problemas más que en soluciones. Sin embargo, no hay muchos mecanismos alternativos para producir una película en Argentina, lo cual deja al cine argentino en una encrucijada. Es muy desestimulante que la cultura haya dejado de ser una política de estado, es descuidar el patrimonio simbólico y eso me parece una catástrofe.

 

¿Estás con proyectos nuevos? ¿Cuáles?

Si, estoy filmando mi próxima película “Desaparecer”, la misma trata sobre la desaparición de un jóven en Misiones y la búsqueda que realiza uno de sus amigos para descubrir la verdad. Es una película que no ha sido fácil de realizar, si bien ha participado de una serie de festivales en calidad de desarrollo. Es una película híbrida y mutante, compleja de abordar, pero que está llegando a su final. “Desaparecer” es un policial suprareal. Espero poder estrenarla el próximo año, aunque quizás esté mintiendo de nuevo.

Antonella Defranza

antodefranza@caligari.com.ar

Entrevista a Francisco Bouzas