¿Cómo llegaron a la historia de Luis Quijano?

En Córdoba, entre 2014 y 2017 más o menos, se llevaron a cabo una serie de juicios muy importantes. No es que antes o después no hubieran sucedido, pero por ejemplo el juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en el campo de concentración La Perla es una causa histórica por la cantidad de crímenes, el volúmen de la prueba, la cantidad de testigos y acusados… En ese contexto, aparece Luis Quijano quien se presenta a declarar voluntariamente para contar todo lo que sabía sobre su padre y lo que él mismo había vivido compartiendo espacios y actividades junto a los grupos de tareas. Desde ya que era un testimonio rupturista en relación a todo lo que venía del lado de los acusados, abroquelados en esa especie de pacto de silencio que casi nunca rompen. Así que nos propusimos contactar con Luis para conocer su historia, y al mismo tiempo chequear con fuentes judiciales cuál había sido su aporte en las causas, o si su testimonio era verosímil. Y ahí comenzó entonces un trabajo de acercamiento y de generación de confianza mutua, en el que nosotros decidimos suspender de algún modo los preconceptos ideológicos que traíamos para poder empatizar con una historia y un personaje así, ya que de otro modo iba a ser muy difícil crear las condiciones para poder filmar con él. 


En el documental hay una gran cantidad de material de archivo que es utilizado para contextualizar la historia, pero también para mostrar la vida de Luis ¿Cómo fue el trabajo de recopilación y que tanto material tuvieron que dejar afuera del corte final?

Esto tiene vínculo con lo dicho antes. A medida que Luis fue confiando en nosotros y en nuestro trabajo fue siendo más flexible en relación a lo que le pedíamos para la película. No sólo con los archivos si no también con muchas escenas que grababamos. Esto es lo que digo que tiene que ver con suspender los juicios ideológicos como estrategia para avanzar, porque de las cajas de archivos aparecían cosas realmente increíbles, desde fotos de su padre con los máximos responsables de la represión en Argentina, hasta pequeños souvenirs que guardaban de los operativos, y si nos hubiéramos dejado atravesar por las sensaciones que eso provoca no hubiéramos podido avanzar. Y en eso creo que Quijano también fue inteligente porque vió que nos interesaba algo más profundo; entonces, de a poco fue siendo más generoso y abierto con esos materiales pero también con su manera de trabajar él mismo frente a cámara. Quedó material afuera, claro, pero siempre pasa eso. Además Luis es un poco una rata de biblioteca así que guarda fotos, recortes, archivos, objetos;  y además le gusta grabar, y sacar fotos así que hay un buen registro audiovisual de sus experiencias y las de su familia. Algunas cosas quedaron fuera porque no encajaban con el corte final de la película, y otras porque -es lógico- Luis no quiso mostrarlas o no quiso que avancemos en esas líneas de trabajo, lo cual es natural; uno avanza hasta donde puede o hasta donde se lo permiten.

Si bien hay varios logros en El hijo del cazador, creo que el más importante es el de haber logrado los testimonios tan íntimos de Luis ¿Cuánto tiempo trabajaron con él para que se pueda abrir de esa forma ante la cámara y porque decidieron hacerlo con el frente a cámara con un plano negro de fondo?

Al poco tiempo que lo conocimos y vimos que ya se había generado un vínculo de confianza decidimos que lo teníamos que grabar, aún cuando no tuvieramos del todo cerrada la propuesta integral de la película y menos aún presupuesto para hacerla. Y esto es lo que a mí me gusta particularmente de trabajar en formato documental: el hecho de que el contexto, el fuera de campo, lo vivencia y muy particularmente lo social, el contexto político, muchas veces hacen parte del campo, de lo que termina siendo efectivamente la película, después. Y me explicó: cuando lo conocimos a Luis faltaba muy poco para las elecciones de 2015 y no sabíamos qué podía pasar si ganaba Macri, es decir cómo iba a decantar la percepción pública sobre los juicios y la memoria histórica del período dictatorial. Y si bien Quijano parecía un tipo genuino y abierto, más allá de sus posturas políticas, no sabíamos si ante un cambio de paradigmas él podría arrepentirse o no querer exponerse tanto. Al fin y al cabo es hijo y nieto de militares y ex gendarme, por lo que era un terreno neblinozo para nosotros en ese momento, todavía. Por tanto, decidimos que debíamos grabarlo pronto y trabajar para mejorar o regrabar todo lo que se pudiera luego, pero ya con ese primer testimonio asegurado. Sí trabajamos y pensamos bastante en la puesta en escena. La figura de él mirando a cámara y con el fondo oscuro tiene que ver con una idea de interpelar al espectador. El testimonio de Quijano es un discurso incómodo, lo fue siempre para nosotros y esa incomodidad queríamos transmitirla en la película porque es un tipo de incomodidad que te hace pensar, te saca del lugar común. Es una historia que te interpela en lo racional, en lo emocional, en lo político…  y como la vida de Luis es una vida atada a la historia del país nos parecía que no era a nosotros a los que debía hablar el personaje en cámara, si no directamente al público. Por eso improvisamos una manera de grabar en la que él si bien nos está respondiendo a nosotros, en la puesta en escena funciona como un diálogo directo con el espectador. Si vos te sentás en el cine el tipo te está mirando directamente a los ojos, es un diálogo que está teniendo con vos. Igual, no inventamos nada, esto ya lo hizo Errol Morris un montón de veces, pero es un dispositivo que en este caso, por la historia que se relata, me parece que funciona bastante bien.

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Hay algo muy interesante en la forma en que está planteado el documental, pareciera ser que en ningún momento vemos la opinión de ustedes, como que dejan que el espectador se vaya dando cuenta de la historia por sí solo ¿Porque decidieron narrar de esta forma?

Yo creo profundamente en la capacidad del espectador. Y por tanto creo que es muy difícil que alguien no se de cuenta del punto de vista de los realizadores en relación al tema y al personaje. Claro, no pusimos placas diciendo “esto está bien, esto está mal” como quizás estamos acostumbrados como público a que nos guíen, pero en el fondo me parece que la postura es clara y que el público sí puede decodificar la propuesta. Lo que sí pasa, y en eso no le esquivamos al bulto, es que hay una construcción narrativa y de puesta en escena, consciente, en la que el personaje primero parece que es una cosa, y luego muestra un lado B con el que es difícil de conciliar. Es la incomodidad que te decía antes y que sí, la potenciamos nosotros desde la puesta en escena y desde el montaje, pero como estrategia narrativa. Después, cuando esa sensación pasa, yo creo que la postura de la película es bastante clara. En algunas charlas posteriores a la película nos han preguntado “¿qué pasaría si este film lo ve alguien que no tenga la formación o educación suficiente para entenderlo?” Y ahí yo veo un menosprecio en las capacidades del espectador, cuando no del ciudadano, que no comparto.


¿Porque decidieron dejar para el final, los últimos 20 minutos, los momentos más fuertes?

En parte por lo que te comentaba en la pregunta anterior, por una estrategia narrativa. Es difícil explicar esto sin contar la película, pero básicamente si lo que sucede en los últimos 20 minutos del film hubiera estado al inicio, la percepción sobre el personaje sería otra completamente y la película no funcionaría como funciona ni lograría esa cosa de interpelación con el público que nos interesaba trabajar.

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¿Cómo se financió El hijo del cazador?

La verdad es que al inicio la financiamos nosotros porque no podíamos esperar los tiempos de concursos y subsidio. Luego ya sí tuvimos apoyo del IDFA Bertha Fund, y de la Municipalidad de Córdoba a nivel desarrollo; para producción ganamos un subsidio del INCAA a vía digital; y para la post nos ayudó el fondo de postproducción del Polo Audiovisual de Córdoba.

El cine argentino se encuentra en un momento muy delicado ¿Qué opinas de la situación actual y hacia dónde creen que se dirige?

Lo urgente es salir del atolladero en que ha puesto esta gestión al Instituto, porque si bien creo que el INCAA como organismo madre del cine necesita cambios, y muchos, la gestión actual no sólo que no avanzó en esa transformación si no que paralizó la actividad administrativa. Por tanto la urgencia es volver a hacer mover los engranajes de esa maquinaria, ojalá suceda sin tener que esperar a Diciembre. Y en relación al futuro, yo quiero hacer una consideración importante: para los realizadores y realizadoras del interior muchas veces la discusión sobre el estado actual del cine o el funcionamiento del instituto es una realidad tan lejana que parece poco prioritaria. En la mayoría de las provincias es tan urgente que el INCAA ejecute sus presupuestos como que genere políticas de fomento verdaderamente federales. El Instituto queda lejos, lejísimo en todo sentido. Yo vengo de Córdoba, que al menos tiene una ley audiovisual muy reciente, y universidad con escuelas de cine, pero el país está lleno de realizadoras y realizadores en que no encuentran manera de potenciar, hacer crecer, y menos aún producir sus ideas. Y eso es sumamente injusto si pensamos que los fondos son de todos⚫

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Titulo: El hijo del cazador

Año: 2018

País: Argentina

Director: Federico Robles