Wekwaindu (2017), de Lucila Mariani

2 junio - 2019. Por: Lucila Da Col - Cortos

Reivindicación de niña y mujer

A primera vista (y a primera escucha o lectura) Weikwandu nos resulta un título que genera cierto extrañamiento. Descifrar esta palabra resulta significante a la hora de interpretar su contenido. Para ello es preciso rastrear en la cosmogonía de los Pueblos Originarios de América Latina donde el ritual femenino de la pubertad en el pueblo Nambiquara (pueblo originario brasileño ubicado en el oeste de Mato Grosso y en Rondônia) se caracteriza porque luego de pasar la primera menstruación, la wa’yontãdu (niña menstruada) es recluida en una casa construida para tal fin con hojas de palmera, es la wa’yontã’ã sihdu (casa de la niña menstruada). Debe permanecer en ese espacio entre uno y tres meses. Luego se prepara una gran fiesta donde miembros de otras aldeas Nambiquara viajan para retirarla de la reclusión y así la joven (Wekwaindu) pasa a ser considerada una mujer "formada" y “en condiciones de casarse”. Desde este premisa cultural y ritual parece construirse el cortometraje de la guionista y directora Lucila Mariani que retrata el primer período menstrual de una niña. De esta forma y enhorabuena, se rompe con el tabú que siempre ha conllevado esta instancia fisiológica y se construye una mirada cuidadosa y tierna de quien sabe de lo que habla y se anima a decirlo.

La pequeña protagonista tiene su primera menstruación durante un juego de escondidas, lo cual no resulta casual ya que suele ser un hecho que genera vergüenza. A ese evento le prosiguen todos los rituales típicos con el que cualquier mujer puede identificarse. Desde el primer paquete de toallitas, el ramo de flores que algún familiar regala a la reciente “señorita”, la incomodidad corporal y anímica y demás rasgos típicos de una púber en ebullición hormonal. Una cámara seguirá a la joven en sus actos cotidianos pero desde un sitio contenedor, como si quisiera protegerla y darle reparo a algo tan natural y tan poco revisado por el cine desde una visión que no conlleve una situación traumática. Recordamos así lo que le ocurría a Carrie White quien por ignorancia y exceso de religión creía estar desangrándose y se convertía en el centro del bullying escolar (Carrie, 1976).

¿Qué es una mujer? Es una pregunta que algunas niñas pueden hacerse el día que menstrúan por primera vez. Sin embargo, nuestra protagonista escapa a otro “lugar”, al resguardo en una carpa que cual útero materno dará guarida a la niña-mujer que está aflorando en un mundo donde culturalmente estamos predeterminadas por ese hecho biológico a la futura fecundación y procreación, sin mayores miramientos en cuanto a sus necesidades o reflexiones sobre  lo que este acontecimiento significa realmente en su cuerpo, su individualidad y su sexualidad.

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Período, regla, menstruación, Andrés. Todos nombres que con mayor o menor literalidad designan ese estadio femenino que cada mes acompaña con sus hemorragias, dolores y cambios hormonales. Sin embargo, se hace preciso reflexionar sobre la determinación cultural que ello conlleva. Es aquí valiosa la palabra de Eugenia Tarzibachi que en su libro Cosas de Mujeres. Menstruación, género y poder (Sudamericana - 2018) explica cómo “una nueva forma estandarizada de hacer, pensar y hablar asociada al mercado transnacional de la higiene femenina (tampones y toallitas) normalizó el cuerpo menstrual bajo un ideal de cuerpo femenino para el que la menstruación era algo “normal” de las mujeres (y no una enfermedad debilitante), que podía estar bajo el propio control para no hacerse evidente ante otros (es decir, podía ser efectivamente ocultada en su materialidad y desechada con facilidad). Y, como si fuera poco, las mujeres (cuerpo menstrual y mujer fueron lo mismo en ese proceso) eran protegidas por la autoridad del saber bio-médico hegemónico sobre sus cuerpos y de las tecnologías de gestión menstrual que este saber avaló, reduciendo la dispersión de interpretaciones sobre los cuerpos menstruales que las creencias populares regían privilegiadamente hasta entonces”. Esta reflexión se linkea directamente con Weikwandu en tanto el cortometraje se remonta a otra forma de vivir la menstruación, como algo recuperado por un acto “mágico” que dará una respuesta alternativa y no hegemónica. Como continúa indagando Tarzibachi “ese proceso fue desplazando las formas tradicionales de hacer algo con la menstruación que le suponía a cada mujer armar individualmente un modo de contener y esconder el sangrado, disimular los productos en el cuerpo, lavarlos, secarlos y luego guardarlos donde quedarán ocultos de la vista ajena, especialmente de los hombres”.

En la última entrega de los premios de la Academia de Cine de Hollywood, el cortometraje documental Period. End of Sentence de Rayka Zehtabchi se llevó el Oscar por plasmar los tabúes sobre la menstruación que permean a una aldea en los alrededores de Nueva Delhi, en la India. La falta de conocimiento y las creencias populares provocan que al menos un tercio de las niñas no puedan asistir a clases debido a que se considera a la menstruación como una enfermedad. De la misma manera, los estigmas sobre este proceso hace que las mujeres no tengan acceso a templos y tampoco a productos sanitarios. Otro retrato de cómo algo tan básico y natural se imprime de manera negativa por la sociedad patriarcal que nos nuclea. Así mismo, Weikwandu reproduce este cotidiano femenino en unos once minutos de metraje de manera conciliadora con la “molestia” que conlleva hablar del tema y contra el estigma traumático que se ha impuesto en los cuerpos de las niñas. Menstruación es una palabra cargada de sentido negativo impuesto por algo externo a las mujeres y en sintonía con las nuevas teorías feministas es preciso recoger este cortometraje como una forma de visibilizar ésta problemática⚫


VER: Wekwaindu 

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Titulo: Wekwaindu

Año: 2017

País: Argentina

Director: Lucila Mariani