Volviendo a casa (2019), de Ricardo Preve

21 julio - 2019. Por: Javier Grinstein - Críticas

"Atravesar la muerte"

 

La palabra duelo tiene dos raíces. La primera, la que nos imaginamos todos, dolus,  tiene que ver con un dolor que se atraviesa. La segunda, duellum, es el famoso “te reto a un duelo”. Un ajuste de cuentas entre dos, un desafío a muerte.

Para Lacan el cuerpo de un ser querido que ha fallecido cumple un rol fundamental para el proceso de duelo. La sepultura es para el doliente importante en la reconstrucción de lo real y, sobre todo, en lo simbólico. Con esta introducción quizás este siendo un poco laxo académicamente hablando pero me alcanza para poder abordar Volviendo a Casa.

Ricardo Preve es documentalista, activista y hombre de mar. Sobrevivió a una travesía en vela desde Argentina hasta Sudáfrica a base de grasa animal y pastillas de vitaminas. Trabajó en conjunto con Médicos Sin Fronteras y otras ONGs en la lucha contra el Mal de Chagas y en otras causa humanitarias. Fue co-productor de Mondovino uno de los cuatro documentales en haber sido nominados a la palma de oro de Cannes.

Antes del estreno de su última película, el mundo fue arrasado por las dos guerras más importantes de su historia, Latinoamérica fue víctima de numerosas dictaduras articuladas por potencias imperialistas, se cayó el muro de Berlín, el neoliberalismo tomó formas democráticas, empezó una revolución digital, desapareció y fue encontrado el submarino ARA San Juan con 44 tripulantes dentro y Erika Judith Preve, hija del director, falleció a los 30 años.

Volviendo a Casa es una reconstrucción. Su director, motivado por la injusticia, según dijo, eligió una causa, una historia real ignorada y la tomó como un desafío personal. La tarea consistió en, darle voz a un olvidado utilizando distintos métodos: la arqueología, el buceo, la investigación y la ficción, también.

Esta es la historia: Chiquina Acefalo es una mujer como tantas otras, victima total de la fatalidad. Su marido, Pietro Acefalo, murió en la Primera Guerra Mundial. Sus restos nunca fueron hallados. Su único hijo, Carlo Acefalo, oficial de submarinos, fue parte de una tripulación que, en el 40, durante la Segunda Guerra, naufragó en el Mar Rojo luego de chocar con un arrecife. La tripulación encontró asilo en la isla Barra Musa Khebir, en Sudán. Para entonces, Carlo ya estaba muy enfermo por las condiciones infrahumanas a las que estaba expuesta la tripulación. Murió y fue enterrado en esa solitaria isla. Chiquina falleció tiempo después y sus restos fueron depositados en un mausoleo, lejos de los cuerpos de sus personas amadas.

Acefalo, como bien pueden imaginarse, significa “sin cabeza” y es el nombre con el que el gobierno italiano llamaba a los huérfanos. El padre de Pietro era uno de ellos. Volviendo a Casa es la maratónica misión que se propuso Ricardo Preve de encontrar los restos de Carlo en la desolada isla africana, repatriarlos a Italia y enterrarlos al lado de su madre. Es, a su vez, como les había adelantado, la reconstrucción de lo real. De lo real en tanto documento y testimonio de esta historia ignorada, lejana y particular. Pero también de lo real en otro sentido.

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Para esto, intercala diversas herramientas de lo documental (testimonios, cine directo, entrevistas) con ficción. Las microescenas, donde se reconstruye a Carlo y el devenir de su muerte, funcionan como separadores que más que darle imagen y cuerpo al documento lo que hacen es ayudarnos a transitar climas, atmósferas. Son secuencias invadidas por una música melancólica, abordadas con un ritmo que más que un aire caótico y morboso propio de las representaciones realistas de lo bélico; les da cierta solemnidad etérea. Se siente más la interioridad del director en estos fragmentitos que cuando está frente a cámara y es avasallado por la situación y algún que otro personaje pintoresco. 

Según palabras del director: Volviendo a Casa trata “de crear una evocación de temas universales a partir de pequeñas historias”. Un punto álgido de esta evocación es cuando finalmente dan con la tumba de Carlo en la isla, la excavan prolijamente y consiguen reconstruir de la ubicación de los fragmentos óseos la última posición en la que Carlo yació antes de morir: La posición fetal. Ahí es dónde, sin ningún artificio, lo simbólico cobra mayor potencia.

Cerca del final de la película Ricardo da un discurso haciendo énfasis en lo árduo que fue el camino de la repatriación de los restos. Ahí es donde entiendo yo que está la segunda parte de la palabra duelo. El desafío real en el que se sometió el director para hacer comunión entre tema y experiencia; forma y contenido; realidad y representación.

Dos posibles referencias para contrastar este documental: La primera es Nostalgia de la Luz (Patricio Guzmán, 2010). Esta película juega una relación poética entre los huesos de los desaparecidos escondidos en el desierto de Atacama por los militares durante la dictadura de Pinochet y las estrellas que vistas ahora desde observatorios en ese mismo desierto aunque puedan haber estallado y desaparecido hace años. Ausencia y pasado desde la óptica del presente. La película chilena tiene en común la búsqueda de huesos, cuerpos desaparecidos que perpetúan duelos. La diferencia, se me antoja, recae en que la chilena hace foco en la cicatriz más que en la cicatrización.

La segunda referencia que se me viene instantáneamente es una película de ficción alemana, Das Boot (Wolfgang Petersen, 1981). En esta otra, acompañamos también a una tripulación de un submarino durante tres horas de travesía. Para cierto momento de la película logramos identificarnos plenamente con ellos y nos olvidamos que son soldados nazis. Este mismo ejercicio pareciera que ejecutara Preve en Volviendo a Casa. (Y que intenté con torpeza ejercer yo en esta reseña).Dejar la dimensión política en el fuera de campo..

En la película alemana del 81, cerca del final, el capitán del submarino, un héroe hecho y derecho, decide no darle la mano a un jerarca. Un guiño definitivo al espectador para que pueda pensar que algo de esa identificación es rescatable. Sin embargo (y perdón por el violento spoiler de una película de hace casi 40 años) unos minutos después, el ataque de un avión aliado los destroza a todos. No es suficiente la distancia, no es posible la redención: un alemán, aún hoy, no puede darse el lujo de darle un final feliz a un soldado que cumplió órdenes durante el Nazismo.

Ricardo Preve, sí le da un final feliz a un soldado fascista. ¿Cómo lo hace? Primero, siendo argentino. Podemos decir, salvando muchísimas formalidades, que Volviendo a Casa es una película italiana hecha por un director argentino. Segundo, evitando hacer cualquier mención política. En una entrevista dice algo relacionado con que los jóvenes soldados fueron víctimas de los caprichos y las locuras del fascismo. Por otro lado, en un fragmento del documental, Ricardo estima a los tripulantes del submarino por padecer condiciones muy hostiles y, sin embargo, seguir adelante en el cumplimiento de su misión.

El foco está puesto en el individuo, alienado de las tensiones sociales que lo rodean. Canonizado por atravesar la muerte. Esta es la forma en la que Ricardo Preve intenta contar esa historia universal de un hombre ignorado y, de paso sin levantar mucho la perdiz, que le sirva a él, activista que está siempre dispuesto a obrar por un otro, para que también desde lejos alguien lo acompañe a él en la maratónica tarea de reconstruirse luego de la muerte de su hija⚫

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Titulo: Volviendo a casa

Año: 2019

País: Argentina

Director: Ricardo Preve