Viaje al cuarto de una madre (2018), de Celia Rico

12 julio - 2019. Por: Belén Paladino - Críticas

"Caricias y silencios"

 

El cine español está viviendo una renovación generacional liderada por jóvenes directoras que presentan sus óperas primas. Primeras películas que parten de lo autobiográfico para narrar pequeñas historias centradas en los vínculos familiares, con protagonistas muy jóvenes que atraviesan momentos claves en una etapa donde cada experiencia es determinante. Estas historias transcurren en pequeños pueblos, lugares con los que las directoras mantienen un vinculo afectivo y donde han pasado parte de su infancia. Las películas se vuelven una excusa para volver a transitar esos espacios y reflexionar sobre la propia historia y las complejidades de ser hija. Viaje al cuarto de una madre de Celia Rico se suma al camino inaugurado por Carla Simón con Verano 1993 y la más reciente Ojos negros de Marta Lallana e Ivet Castelo.

Celia Rico se centra en la cotidianidad de Estrella y Leonor. Madre e hija viven juntas y afrontan en silencio la ausencia tras la muerte del marido y padre. La intimidad, la cercanía, costumbres y pequeños rituales que comparten ambas mujeres corren peligro cuando Leonor decide que su futuro es lejos del pueblo y de España.

La directora logra dar cuenta de las complejidades y ambigüedades de la relación entre madre e hija. Los desencuentros son resueltos a través de gestos, donde las palabras no son necesarias para explicar los vínculos porque es el cuerpo, es la mirada la que manifiesta las decepciones, distancias, las reconciliaciones y cercanía. Como cuando Estrella regla a su hija un par de botas para el frío de Inglaterra asegurándole de esta manera que apoya su decisión.

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La muerte del padre tampoco es subrayada o construida a partir del dramatismo sino desde lo cotidiano: Estrella aplazando el momento de ir a dormir en la cama matrimonial, seguir utilizando el plural. Ambas mujeres parecen querer esconder de algún modo la perdida, pero esta aparece con más insistencia en los momentos en que toman decisiones importantes, irrumpe cuando cae una caja de zapatos mientras buscan una valija, cuando una operadora de una compañía telefónica llama para comunicarse con el responsable de la línea. En el proceso del duelo los momentos breves de felicidad amenazan ser interrumpidos por el dolor. Pero en otras oportunidades la ausencia funciona como refugio. Luego de una discusión con su hija Estrella se acurruca en el espacio de la cama que pertenecía a su compañero, luego del regreso a casa Leonor va en busca del acordeón que tocaba su padre.

El departamento donde viven ambas mujeres se convierte en el espacio central, casi todo ocurre allí, es el espacio que las une, es el punto de encuentro. La directora decide escindir del relato la vida de Leonor en Inglaterra, solo llegan ecos de esa experiencia lejana a través de llamadas y mensajes. También es el espacio donde Estrella afronta las ausencias, un refugio donde decide sanar e incluso nace la posibilidad de un nuevo amor, un espacio al que Leonor vuelve en una breve visita escondiendo algunas decepciones de su nueva vida.

La partida de Leonor habilita un cambio del punto de vista, un relevo que nos acerca a Estrella. La directora logra una gran cercanía con cada una de ellas, aunque sean silenciosas podemos entender su dolor y celebrar sus pequeños triunfos. La independencia de Leonor implica que Estrella tenga la posibilidad de buscar su camino, de volver a convertirse en la protagonista de su propia vida. Viaje al cuarto de una madre da cuenta de este crecimiento, del deseo de moverse, de transformarse. Celia Rico a partir de la sutileza y la delicadeza del gesto logra transmitir el momento justo en que se deja de ser solo hija o madre para convertirse en pares, en dos mujeres que se vuelven compañeras y aliadas⚫

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Titulo: Viaje al cuarto de una madre

Año: 2018

País: España

Director: Celia Rico