Una chica invisible (2019), de Francisco Bendomir

"La palabra sigue sosteniendo vínculos, efectos y afectos"

 

Con un ritmo dinámico, incorporando un lenguaje que remite al uso de las más actuales tecnologías y aplicaciones y, sobre todo, sin moralejas ni moralina, una de las virtudes de Una chica invisible, estrenado en la vigesimoprimera edición del BAFICI 2019, consiste en lanzar una serie de interrogantes que, gracias al humor, la parodia y la ironía dejan su estela, sin ensayar respuestas cerradas.

¿Cómo volverse invisible en tiempos de imperativo de visibilidad? ¿Qué modos de vida son posibles en época de visualizaciones, voyeurismo y consumo ocularcéntrico? ¿Cómo se redefinen las dimensiones de la política y de la intimidad, de los lazos afectivos?

La película hace uso de esa retórica visual y sus tópicos, que consumimos cotidianamente: canales y tutoriales de Youtube, Whatsapp, Instagram, videollamadas… a través de primeros planos faciales individuales, el foco en los “intercambios” entre el sujeto y su pantalla, la presentación de los individuos en espacios cerrados: el departamento de Andrea, en que todo es pequeño, diseñado para recibir una o dos personas como máximo; el padre y su hija cada uno en su cuarto; el exnovio de Andre ante el mostrador del quiosco. La quietud imperante en esas escenas contrasta con el movimiento sacádico, rápido e hiperestimulado, de los ojos. La insistencia de esos espacios cerrados nos remite a algún capítulo de Black Mirror -no es casual que la película dialogue con ciertas líneas de la ciencia ficción, e incluso, con el animé- pero en un registro mucho menos pesimista, menos trágico -o diluido.

Esa retórica visual se combina con un escaso uso de diálogos o bien, cuando éste existe, remite a escenas beckettianas en que las palabras, arrojadas como piedras, sólo resuenan en ecos, única respuesta. El diálogo entre el quiosquero, exnovio de Andrea -que sólo consigue pensar en ella obsesivamente- y el linyera, al que convida con una Pepsi, se convierte en el más memorable: en él cristalizan tanto la profunda soledad de los personajes -aún sin que sea colocada como disvalor, pues no parecen sufrir por ella- como la necesidad de recibir palabras, especialmente aquellas que no se vuelvan instrumentales ni exclusivamente pragmáticas, una palabra -ligada al afecto, al tocar y dejarse tocar- que parece no conseguir ser proferida sino mediante objetos -los más variados- y consumos.


feature-top

El poder de la imagen, en su reproductibilidad casi infinita y en su imposible desaparición, incluso en la pulsión escópica de mirar y ser mirado, es el más evidente en esta película. La imagen de sí mismo -alimento o herida narcisista-, el deseo casi patológico de saber y ver -en función de un control y una seguridad, que producen pingües negocios- y la pulsión voyeurista -que se convierte en un modo de relación con otros y que, se mueve entre realidad y ficción- constituyen la tríada problemática que el filme anuda. Cada uno de esos elementos dinámicos es conducido hasta su límite y es allí, en ese límite que algo, efectivamente, se produce, se transforma, algo actúa. Aún relevada por la imagen, en esa transformación liminal, el poder de la palabra evidencia su fuerza: produce efectos, conduce el  clímax que nos guía hacia el final de la película. La palabra del padre toca esas fibras íntimas de la niña, el exnovio de Andrea sigue el consejo del linyera, con el objeto de “recuperar su amor” o acercarse a ella y, finalmente, el voyeur pasa a la acción -intentando aproximarse al ser real y ya no a su “fetiche”.

Al fin y al cabo, parece apuntar Una chica invisible, el mayor problema del presente no concierne exclusivamente a las imágenes y sus derivas, ni a la tecnología y sus críticas, sino que radica en los modos de la presencia, la palabra y el afecto con que aquellas se entrelazan y permiten crearnos nuevas ficciones de convivencia, nuevos modos de estar juntos, palabras para tocarnos y cuerpos para sostenernos y abrazarnos. La palabra, entre material y etérea, visible/invisible, sigue sosteniendo vínculos, efectos y afectos.

Como canta Ceratti: “Si el lenguaje es otra piel/toquémonos más/con mensajes de deseo”⚫

feature-top

Titulo: Una chica invisible

Año: 2019

País: Argentina

Director: Francisco Bendomir