3 de octubre - 2019. Por: Lucila Da Col - Críticas

"La urgencia del presente"

Pensar en lo real en tiempo presente es una característica del documental que no suele aplicarse con asiduidad. Por sus dificultades formales, económicas o de cualquier otra índole, pocas labores se combinan con la urgencia que motiva a Que sea ley de Juan Solanas. Que sea ley como lema, como punto de partida y de llegada de una deuda tan postergada que logró naturalizarse como dada. Sin embargo, las calles se llenaron de pañuelos verdes, en el Senado y en la escuela, en los colectivos y los medios de comunicación, en la Iglesia (si si, ahí también) y las pizzerías, todos ámbitos que empezaron a involucrarse con la causa, a pensarlo como síntoma y/o problema, como algo que le pasa a la de al lado y que me puede pasar a mí. Y frente a un vacío legal y conceptual enorme pero que desde el 2018 comenzó a llenarse de preguntas con respuestas para revitalizar un proyecto de ley cajoneado por años. Allí el cine halló su lugar de agente de cambio social, a poco menos de una semana del Día de la Acción Global por el Aborto Legal y Seguro y tras su paso por los Festivales de Cannes y San Sebastián, Que sea ley estará disponible para todes.

La cámara de Solanas, como lo hiciera su progenitor y tantas otras figuras del documental, sale a las calles hambrienta de material fresco, en un presente avasallador donde los temas pasan rápidamente al siguiente pero donde la discusión por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo encontró su espacio de lucha. Porque a diferencia de muchas leyes que se debaten puertas adentro, la ley del aborto dio su pelea en las calles, con las pibas, que desde diferentes latitudes y sobre todo, en las inmediaciones del Congreso de la Nación, se nuclearon para gritar sus derechos, con la literalidad como lo expone el documental.

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Desde varios ejes temáticos se encara la problemática del aborto ilegal y la emergencia de dar una solución por parte del Estado. Como un lienzo donde se plasma la información, el documental de Solanas se embebe de una serie de entrevistas donde reúne a políticos, militantes, activistas y demás agentes sociales. Sin dudas, donde se hace carne el material filmado es en los rostros y testimonios de mujeres sobrevivientes de abortos clandestinos o familiares que perdieron a sus mujeres, madres y/o hijas a manos de procedimientos ilícitos así como del maltrato institucional de hospitales y guardias. Es citado el caso de Ana María Acevedo, a quien se le negó un aborto terapéutico y se la condenó así a una muerte dolorosa. Con el testimonio de su familia y de tantas otras mujeres “asistidas” en guardias hospitalarias se evidencia también el trato de culpabilidad al que son expuestas las mujeres que optaron por un aborto clandestino, como un castigo divino que médicos, médicas y enfermeres imparten a las pecadoras por aborteras o ligeras, por asesinas o deseperadas en nombre de la religión y del Estado.

Y justamente, otro gran eje temático es la intromisión de las creencias, ante todo religiosas, al momento de dirimir por la legalidad. Desde Humahuaca hasta Santiago del Estero, desde la más pobre a la más rica, todas las mujeres y sus cuerpos son presos de un sistema de creencias tan arraigado como prehistórico. La ponderación tan errada de “salvar las dos vidas” sin mayores miramientos a otras realidades más que las concebidas por “Dios” clausura en un pensamiento único y unilateral lo que sucede por fuera de él.

En la clase magistral Cuando los cineastas filman personas de verdad: algunas consideraciones éticas del foro documental BorDocs, el teórico estadounidense Bill Nichols señala los desafíos particulares a los que se expone la obra del realizador en tanto testimonio de su relación con los otros: “los documentales son documentos de una postura ética”. Los códigos éticos que plantea Nichols como opción son dos disciplinas de reconocida tradición, la antropología y el periodismo. Que sea ley puede leerse a través de este tamiz conceptual en tanto testimonio que por un lado, se encarga del retrato periodístico de la actualidad. Y por otro, se adentra en las realidades que afectaron y afectan los cuerpos de mujeres y niñas víctimas del aborto clandestino, de las raíces ético-religiosa que gobiernan sobre dicha problemática y las relaciones sociales que derivan de esto. Esa ética documental queda expresada desde una mirada donde lo grave de la temática compone en sí misma el registro cinematográfico y que desde un título tajante expone con miramientos al futuro su necesidad de visibilidad.

Suscribir a las palabras del Dr. Mario Aldo Sebastiani, médico jefe de obstetricia del Hospital Italiano, resulta necesario a la hora de comprender globalmente lo imprescindible del trabajo de Solanas y de la premura por acompañar audiovisualmente la necesidad de legalizar el aborto: “con el NO, no habrá menos embriones, ni menos abortos, ni más dignidad. Solo habrá inseguridad, clandestinidad y muerte para mujeres ya vulneradas”. Y de eso da cuenta Que sea ley, un documental que desde la necesidad del presente se reviste de audiovisual para llevar a las pantallas la lucha por un derecho postergado. Una ola que pronto fue tsunami y que explotó en las cabezas de todes, por sí o por no, pero que instaló el asunto en la mesa de café, en las redes sociales y porqué no en las pantallas de cine que hoy se visten de verde para visibilizar una contienda que aún continúa y continuará, como lo expone el documental en su hora y veinte de metraje, hasta que sea ley⚫

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Titulo: Que sea ley

Año: 2019

País: Argentina

Director: Juan Diego Solanas