Muere, monstruo, muere (2018), de Alejandro Fadel

23 junio - 2019. Por: Sofía Cazeres - Críticas

"Nos van a matar a todas"

Entre ovejas, una mujer intenta sostener su cabeza casi totalmente desprendida del cuello. No lo logra y cae. Es la primera de la serie de víctimas (casi todas mujeres) de Muere, Monstruo, Muere, la última obra de Alejandro Fadel. La película lleva una construcción lenta que no busca el sobresalto, sino el enrarecimiento y en ese recorrido ruedan cabezas de mujeres, siempre degolladas con marcas de dientes extraños en sus cráneos. Los hombres, encargados de la investigación de los homicidios, no tienen idea de por dónde empezar. Tanto es así que gritan desesperados “¡científica!” en cada escena del crimen sin tener ninguna pista. El principal sospechoso de las primeras muertes es el marido de cada una de las mujeres asesinadas, uno un ciego, el otro un loco que se pierde porque escucha permanentemente “muere, monstruo, muere” en su cabeza, como una repetición tonta.

En el terror se acostumbra matar mujeres. Son comunes estructuras narrativas de final girl (películas con un personaje femenino ‘puro’ que resiste hasta el final o gana, como Halloween) o rape and revenge (historias sobre mujeres violadas y dadas por muertas que regresan a vengarse de los asesinos, como I spit on your grave) y eso no las convierte necesariamente en películas misóginas como podría creerse a simple vista. La última de Halloween (David Gordon Green, 2018) o Revenge (Coralie Fargeat, 2017) son buenos ejemplos de utilización de la estructura pero sin el sesgo de género.

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En Muere, Monstruo, Muere la violencia a las mujeres es algo que habita el espacio y se expande, contagia. De ninguna manera son casuales sus muertes, pero no son narradas con una lógica causal de castigo. Francisca, enamorada tanto de David (el loco) como de Cruz (un policía que investiga los homicidios) recibe afecto y ternura de sus dos amantes. Incluso, David huye persistentemente de su casa para estar lejos al escuchar la voz tonta que lo invade con letargo. Aún así el monstruo la asfixia con la cola, pero el plano no es sexual. Fadel elige no narrar la secuencia con la mujer llorando a los gritos intentando esconderse. Sencillamente se da vuelta y el monstruo la agarra. Esta ola se extiende tanto y resulta tan inidentificable que la única mujer policía que vemos le dice a Cruz “nos van a matar a todas” y efectivamente eso sucede.

La película propone un recorrido desde el todo a la parte, de campos enormes vacíos a una cueva cerrada en la que tendrán que enfrentarse contra el monstruo que toma muchas formas y muchos cuerpos. Encerrados están David, Cruz, el jefe de la policía y otros dos. Uno a uno van saliendo a intentar luchar contra el mal mientras este logra ocupar cada espacio disponible entre los hombres. Así es como Cruz logra quedar cara a cara con el monstruo, un bicho gordo, fofo, sin muchas capacidades más que una cola larguísima que termina en forma de pene y una boca que parece ser una vagina con un millón de dientes. A Cruz sí lo devora el monstruo. Lo consume lentamente, lo toma con la cola y lo lleva hasta su boca para succionarlo. Con este asesinato recibimos todos los planos de monstruo y víctima que no tuvimos con las mujeres, la desesperación y lo explícito, sobre todo.

A las mujeres no se las mata castigándolas porque ni cuando no son puras y tienen amantes y viajan en autos junto a ellos y sus maridos se las muestra como pecadoras. La violencia es algo que sobrevuela y va infectando, de a poco, uno a uno a cada hombre. La frase tonta, así, va a seguir repitiéndose⚫

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Titulo: Muere, monstruo, muere

Año: 2018

País: Argentina

Director: Alejandro Fadel