Monos (2019) de Alejandro Landes

Colectivo imaginario


Desde tiempos inmemoriales, pensadores de diversas culturas y disciplinas académicas han intentado responder una pregunta: ¿cuál es la esencia del humano? Es decir, fuera de las reglas que rigen nuestra vida cotidiana, de las leyes morales que nos enseñan a respetar para vivir en sociedad, en nuestra más pura expresión, ¿somos ambiciosxs, crueles, avarxs y violentxs? ¿O en realidad somos seres bondadosos, que crean comunidades, que aman, que quieren vivir en armonía?

Ya sea que nos encontremos más a gusto con la concepción del “buen salvaje” de Rousseau, o que estemos de acuerdo con Machiavelli y su visión del hombre como un ser naturalmente perverso, la verdad es que se trata de una pregunta que aún no consigue tener respuesta. Más aún, en los tiempos actuales, tiempos que han reconocido la diversidad cultural, sexual, identitaria que atraviesa al ser humano, la evidencia nos lleva cada vez más a pensar que no existe algo tal como la esencia de los seres humanos: somos diferentes, complejos, mutables. Hay personas que tienden a la crueldad y personas que sienten aversión por la violencia, por más que las primeras sean habitualmente las vencedoras. Algo así parece estar diciéndonos Monos, el tercer largometraje de Alejandro Landes.


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En este film, una cuadrilla guerrillera formada por un grupo de jóvenes, adolescentes, e inclusive un niño, tiene asignado un terreno en algún lado de la porción colombiana de la cordillera de los Andes, para entrenar, vigilar a una prisionera de guerra, y esperar a las señales de batalla. Allí las reglas son estrictas, y aunque muy distintas de las que rigen la vida en las sociedades modernas, no dejan de estar llenas de rituales que poco tienen que ver con la ideología política que proclaman, y mucho con mecanismos de control: secuencias de pasos militares para tomar la palabra, pedir permiso para vincularse sexual y afectivamente con unx compañerx, asignar un líder que se haga responsable por las acciones del grupo entero.

La prisionera es una “doctora” americana, de la cual poco sabemos excepto que se trata de una cautiva importante, y por ello debe ser vigilada cuidadosamente, y representa una especie de inversión de roles: la gringa encadenada por los sudacas. Y también sabemos poco del contexto sociopolítico de ese grupo: sabemos que están en Colombia, pero casi no hay discusiones políticas fuera de las órdenes del “mensajero” que viene a visitarlos y probar su entrenamiento de forma esporádica. Y es que sería un error interpretar esta película como una crítica a las guerrillas en sí, o como una aproximación a los conflictos políticos en Colombia, pues lo que importa en este film no son los partidos o las ideologías, sino las personas y el efecto que el poder tiene sobre ellas.

De las místicas montañas rodeadas de niebla, rocas que se alzan muy alto por sobre la vida humana, hasta la húmeda densidad de la selva amazónica: esta mudanza divide la narración en dos partes, un primer estado de vida militarizada, con respeto hacia la jerarquía original y general, y una segunda fase de aislamiento, en la que cambia de manos el poder, cambian los afectos y por ende, cambia lo que cada soldadx —y lo que la prisionera de guerra— está dispuestx a hacer para sobrevivir, o para triunfar.

Ninguna esencia queda en evidencia, solamente las pulsiones particulares de cada sujeto: la cuadrilla se fragmenta, se verticaliza, y pasa de ser colectiva a individualista. Las acciones dejan de tener sentido, el esfuerzo no recibe recompensa, y la bondad y generosidad terminan castigándose. El final parece estar dirigido hacia el espíritu del público, o mejor dicho, a la mente de cada espectadorx, pues el futuro de unx de lxs jóvenes está por definirse y nunca lo conoceremos, solo podemos adivinar en base a qué pensamos del grupo de hombres que está a cargo del mismo: ¿buenos salvajes… o perversos? ⚫

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Titulo: Monos

Año: 2019

País: Colombia

Director: Alejandro Landes