La huella de Tara (2018) de Georgina Barreiro

5 agosto - 2019. Por: Rocío Rivera - Críticas

El poder de la imagen

¿Qué tiene para decir una argentina sobre el Himalaya? ¿Cómo se puede atravesar, comunicar, informar sobre una cultura que no es la propia? Sin apropiación cultural y con el respeto que se ha visto antes en investigaciones antropológicas al mejor estilo Lévi-Strauss (no el jean, sino el antropólogo), quien a mediados del siglo XX declaraba “la antropología social y la antropología cultural eran parte de la etnología y virtualmente indiferenciables”. Por etnología se refería a la comparación entre culturas, que indudablemente componía también a la etnografía, es decir a la descripción de una cultura, y ambos, serían momentos o etapas de la misma investigación antropológica. Y un poco de esto, pero en formato cinematográfico nos ofrece Georgina Barreiro en su nuevo documental La Huella de Tara, donde se propone presentar la lógica de vida, costumbre, mitos y quehaceres cotidianos del pueblo de Khechuperi, una comunidad situada a orillas de un lago sagrado, inmerso en los imponentes Himalayas al oeste de Sikkim, India. No está de más ponderar, de una forma festiva, la marca autoral que ya la directora nos permite ir delimitando, a modo de estilema personal, en sus producciones: en esta ocasión nos presenta un pueblo cercano a India, pero en su anterior film, Ícaro del año 2014, también nos presenta una comunidad perdida, pero en este caso en la Amazonia Peruana. Interesante forma de presentar historias atravesadas con una nueva mirada más etnográfica cargada con una gran poética, estética y calidad de la imagen sobre algunas comunidades culturales diferentes a la nuestra.


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Con un dejo de la atmósfera cinematográfica onírica de Dreyer, con esos planos largos y silenciosos que invita a la introspección personal, el documental se mueve lenta y detalladamente por la vida de lxs ciudadanxs de Bhutia, cómo es que ellxs se divierten, como interactúan, como son los juegos de les niñes, como es que se arreglan para ir a la escuela, como son las fiestas, funerales y dinámicas interpersonales en este pueblo atravesado por lo ancestral pero también por la tecnología: les niñes bailan música moderna, llena de sonidos contemporáneos, al mismo tiempo que les más jóvenes también se encuentran atravesadxs por la comunicación virtual a través de sus celular.

Más allá de esta modernidad arribada a este particular pueblo, para los ojos occidentales del público porteño, el film nos entrega un mundo plagado de rituales llenos de música, colores y danzas, al mismo tiempo que muestra las maneras de vivir entre lxs más jóvenes y les más tradicionales, lxs jóvenes que salen y se divierten en la calle (bailando, saltando, conversando entre elles) y lxs parte etaria media de la comunidad, con sus pequeños problemas familiares, como son la convivencia con les hijes, afrontar un funeral inesperado, etc.

Con un sonido ambiente que no necesita de una música extradiegética que acompañe las calmas situaciones que el documental presenta, Barreiro nos entrega una pieza etnográfica rica en información para descubrir la otredad desde la otredad misma, no atravesada por el ojo comercial y occidental de la industria cinematografica de esta parte del mundo, por ejemplo,de Hollywood (pienso en films como Siete años en el Tibet, donde se occidentaliza tanto a las comunidades de Oriente, para que encaje a la perfección a los roles asignados por la división internacional del trabajo y el orden capitalista reinante). Con la imagen se basta y se sobra La Huella de Tara para evidenciar en el celuloide de esta cineasta como es que se desenvuelve la vida “del otro lado del mundo”⚫

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Titulo: La huella de Tara

Año: 2018

País: Argentina

Director: Georgina Barreiro