La casa lobo (2018), de Joaquín Cociña y Cristóbal León

23 mayo - 2019. Por: Violeta Cofré - Críticas - Foco: EPA CINE 2019. Festival Internacional de Cine de El Palomar

"Un ominoso país de los cuentos"

 

“lo ominoso es aquella variedad
de lo terrorífico que se remonta
a lo consabido de antiguo,
a lo familiar desde hace largo tiempo”
(Freud, Lo Ominoso)

“Las apariencias engañan”, reza el dicho popular. Algo así ocurre con cierta narrativa infantil en la que se presenta la perversión, la violencia o la crueldad disfrazada algunas veces de ancianita y otras de cordero. La casa lobo, de los artistas visuales chilenos Cristóbal León y Joaquín Cociña, transita por aquellos bordes, resquicios si se quiere, entre lo familiar y lo desconocido; entre el cuento de hadas y la pesadilla ominosa.

Con una clara referencia histórica a los delitos ocurridos en Villa Alemana entre las décadas del 60 al 90 a cargo de Paul Shäfer, La casa lobo relata la historia de María (Amalia Kassai), una niña alemana que se interna en el bosque huyendo del Lobo (Rainer Krause) y que encuentra refugio en una pequeña cabaña. Allí se encuentra con otros dos niños chilenos, Ana y Pedrito, que adoptan a veces la forma humana y otras la forma de cerdos. El rodaje que tardó cerca de cinco años en finalizar, se realizó en diez museos y galerías de Alemania, Holanda, México, Argentina y Chile mediante la técnica de stop-motion.

Si bien la técnica y la narración de la película funcionan como dos componentes simbióticos inseparables, lo más sorprendente en esta obra es la experimentación estética o formal, la cual parece ser fundamental para conformar el ambiente oscuro y macabro que la distingue de otras animaciones de características similares. Así como los personajes se convierten en animales, también los materiales van mutando de papel a cartón, luego a cinta adhesiva y a pintura sobre paredes. El resultado es un contraste de texturas y colores que, en compañía de una voz en off amenazante, consiguen transmitir al espectador una sensación de extrañamiento y horror.

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Existen dos referencias a tener en cuenta para apreciar la película en toda su magnitud y complejidad. La primera guarda relación con el inicio del film, donde se presenta la propaganda audiovisual que Colonia Dignidad envió a los diferentes medios nacionales de televisión para desvincularse de las acusaciones por violación a los derechos humanos y la colaboración directa que mantuvo con los centros de inteligencia durante la dictadura de Pinochet. En el video, los cánticos y bailes, que intentan presentar a la colonia como una comunidad próspera, contrastan diametralmente con las atrocidades que salieron a la luz después del advenimiento de la democracia, momento en el que se procesa a Paul Shäfer por pedofilia y tortura.

En segundo orden, la estética del film está inspirada en la colección de cuentos infantiles de la editorial japonesa Froebel-Kan que fue muy popular en Chile durante la década del 70 y cuya principal característica era ilustrar los clásicos infantiles mediante fotografías de muñecos dispuestos en situaciones dramáticas. Aquellas fotografías, despojadas de su contexto, adquieren un tono diferente y son evocadas por León y Cociña para activar cierta nostalgia y retrotraer al espectador al momento histórico que la película retrata.

El formato de cuento de hadas suele asociarse con el relato alegórico y, en este sentido, la crítica ha interpretado La casa lobo como una metáfora de todo un país que fue vulnerado, oprimido y violentado por figuras tiránicas. Sin realizar referencias explícitas, León y Cociña logran transmitir al espectador el sentimiento de horror y desprotección que subyace de manera subterránea a la línea argumental principal o superficial⚫

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Titulo: La casa lobo

Año: 2018

País: Chile

Director: Joaquín Cociña y Cristóbal León