La casa de Wannsee (2019), de Poli Martinez Kaplun

6 agosto - 2019. Por: Belén Paladino - Críticas -

"El cine y la casa como brújula"

Poli Martínez Kaplun desde su primer documental Lea y Mira dejan su huella se centra en una de las mayores tragedias del siglo XX: la segunda guerra mundial y el Holocausto. Lo hace desde lo íntimo, desde el testimonio de dos mujeres que han sobrevivido a los campos de extermino nazi. En su nuevo documental, La casa de Wannsee, Martínez Kaplun continúa indagando sobre los mismos tópicos, pero en esta oportunidad desde una mirada más personal, desde la propia historia familiar. Esta nueva película implica un nuevo gesto por recuperar la historia, por reconstruirla de manera colectiva..

Las historias familiares suelen tener un centro, un punto de referencia o anclaje, ese espacio vinculado al origen es la casa. Es tan fuerte ese punto de pertenencia que incluso es anterior a la noción de pertenecer a una nación. En el caso de Martínez Kaplun ese espacio añorado, arrebatado y finalmente recuperado es donde comienza a tejerse la historia familiar. Los espacios también están atravesados y son transformados por la historia. La historia del siglo XX llegó hasta la hermosa casa de los Kaplun rodeada de largos y pequeñas zonas boscosas en la ciudad de Wannsee. Forzados a dejar el país tras el ascenso del nazismo al poder, la casa fue apropiada por un simpatizante del régimen. Una vez concluida la guerra el muro que divide Alemania pasa a pocos metros de la casa, allí se instalan vigilantes soviéticos a controlar que nadie atraviese la frontera. Desde el lado occidental, sobre una colina la abuela de la directora vislumbra la que fue su casa en el viaje de regreso a su país de origen. La casa, está allí frente a sus ojos, aunque se haya atravesado un océano para estar junto a ella continúa siendo un espacio inasible, un espejismo. La directora también la mira de una forma similar, desde la puesta en escena y al circular por ella no logra habitarla. La casa aparece como un espacio difuso que nunca termina de corporizarse.

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La directora nos invita a reflexionar en el vínculo que se establece entre espacios, objetos y memoria. En ellos se depositan afectos. Su importancia no radica en su valor intrínseco, en su mera materialidad sino en su carácter simbólico, porque junto a ellos o dentro de ellos no sentimos protegidos, seguros. El arrebato de ese espacio es el presagio de un devenir errante. Todo exilio comienza con el abandono de la casa, de la intimidad, de lo cotidiano.

El aspecto más interesante de La casa de Wannsee es la polifonía que se establece respecto a la historia familiar. La propia historia es narrada desde diferentes perspectivas y concepciones del mundo y de la historia. Martínez Kaplun dialoga con su madre y tías. A pesar de ser hermanas sus experiencias han sido muy distintas, cada una ha nacido en un país diferente condicionado por el exilio forzado de sus padres y han elegido el país en el que habitan actualmente y sienten como propio. También tienen grandes diferencias sobre la religión en general y el judaísmo en particular. Pero la mayor diferencia nace cuando la directora les pregunta el porque sus padres dejaron Alemania, ¿huyeron o abandonaron el país?

Muchas cosas han quedado atrás luego de la partida: la casa familiar, el país, incluso el aspecto religioso. A lo largo de los años la identidad judía se ha ido desdibujando en la familia Kaplun, generalmente no por elección sino por la necesidad de sobrevivir y preservarse en contextos hostiles. Curiosamente muchas décadas después el judaísmo es retomado por el hijo de la directora por propia elección. Esta decisión es la que la invita a indagar en su pasado y rencontrarse con su origen. La niña que sobre un mapa que tiene como centro la casa familiar en Alemania despliega hilos que unen países y generaciones. Martínez Kaplun tira de esos hilos y en el gesto inverso logra llegar al centro, al origen de la historia⚫

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Titulo: La casa de Wannsee

Año: 2019

País: Argentina

Director: Poli Martinez Kaplun