Hermanas de los árboles (Sisters of the Trees, 2018), de Lucas Peñafort y Camila Menéndez

Cuéntale al niño la leyenda

“Cuéntale al niño la leyenda, madre, porque no sea minero.” De esta manera inicia una poesía de Manuel J. Castilla, David Zamar compuso la música que la hizo canción, hoy es interpretada, entre otrxs, por Clara Cantore. Hay algo en este procedimiento que resulta oportuno, algo en esos pasos en que la poesía es escrita para luego ser canción, algo que podría aplicarse al proceso de capturar formas o fenómenos. Como si la transmisión final que produce (en este caso oír una forma artística) quedara guardada en nuestra memoria para luego reconocerla en una forma similar (sea una forma artística o de otra índole). O, dicho de otro modo: algo que nos cambia la manera de percibir el mundo una vez que entramos en contacto con esa poesía o melodía, algo a lo que no podremos ser indiferentes, quizá, por el resto de nuestras vidas. Es claro que el cine cambio nuestra forma de ver, pero es el arte el que influye verdaderamente en nuestra manera de sentir. Hermanas de los árboles no solo es una pieza cinematográfica, la poética que presenta este documental se podrá sentir cuando reconozcamos su forma, por ejemplo: en una poesía o en un paisaje.

Codirigida por Camila Menéndez y Lucas Peñafort, este film retrata la vida de las mujeres que habitan Piplantri, un pequeño pueblo del estado indio Rajasthan. Con una intimidad entrañable marcada por las sonrisas que lxs protagonistas regalan con tanto cariño a una cámara tan cercana, iremos conociendo su historia de empoderamiento.

Las habituales placas de títulos abren el documental con el sonido ambiente de fondo. En un fuera de campo, lo primero que oímos es que se está talando un árbol, lo que a continuación se percibe pareciera ser una tormenta o incluso, si agudizamos y nos dejamos llevar por unos motores que parecieran helicópteros, una zona de guerra. Los planos iniciales afirman y desmienten: efectivamente hay una persona talando un árbol sin embargo el cielo está completamente despejado. Este inicio que puede recordar a La ciénaga no es menor, esos estruendos en fuera de campo continuarán durante todo el film y si bien no podríamos decir que el sonido organiza el documental como en las ficciones de Martel si nos ubicará constantemente en un tiempo y espacio. Finalmente, aunque solo con algunos comentarios y magníficos planos generales, se nos explicará de donde proviene: son el producto de la explotación minera. El documental no es sobre la minería, pero las minas son parte del paisaje y por eso no se desentiende de ello así como ningún habitante lo hace. Aquí es donde comenzaremos a divisar una idea en la narrativa del film, casi una militancia por parte de lxs directores sobre como filmar los espacios: a cada imponente plano de la explotación minera se la contrarresta con un pequeño brote, con una tortuga comiendo un tomate, con los bellísimos colores de las telas que visten las mujeres. Allí, en ese intervalo de los planos, esta la fuerza del documental y la magia del cine; donde un primer plano engrandece las dimensiones de aquel pequeño brote y lo impone (gracias a la sutileza del montaje) al estremecedor paisaje nocturno de esas minas de mármol que nunca descansan. Los planos de los camiones circulando por la noche parecen directamente sacados de una película de ciencia ficción.

Regresemos a esa primera escena: un hombre tala un árbol, alguien le pregunta que está haciendo sin obtener respuesta, los estruendos se intensifican y lxs niñxs corretean alrededor como cuando festejan a quien comete una travesura. Algo ya nos indica que lo que acaba de ocurrir no fue “normal”. Nadie nos explicó nada, pero en 120 segundos ya viajamos a la India y comenzamos a conocer la cultura de Piplantri. feature-top

Las transiciones de casa en casa que se hacen a pie nos ilustran un mapa conectado por relaciones humanas. En esos momentos el sonido es nuevamente fundamental, ya no en el fuera de campo pero si con una densidad que permite a unx sumergirse en esos pies que patean por el pedregal y que nuevamente son sorprendidos por los estruendos de las maquinas que extraen el mármol. Ese choque entre maquina y naturaleza persiste durante todo el film, lxs directores aquí plantan bandera: el contexto donde viven es determinante para esas personas y es necesario intentar reproducirlo para poder transmitir su realidad.

Durante todo el documental la palabra tiene un gran peso, si bien esto permite conocer la historia de lxs pobladores se puede intuir que la idea es mostrar a una población en constante comunicación donde todxs son escuchandxs y no tanto revalorizar la palabra como una verdad absoluta. En uno de los pocos pasajes donde se habla sobre la minería se comenta que esta llegó con promesas de palabras que, si bien en parte se cumplieron, no alcanzaron para ilustrar toda la realidad que la misma provocaría. Seguido a este pasaje se nos muestra a los niñxs estudiando, nuevamente la relación entre las imágenes es el modo de expresión que elije el documental.

Hay algo realmente notable que no es para menos en la composición de la película y es como se busca transmitir el sentimiento que tienen lxs pobladores con respecto al agua, una o dos veces se aclara verbalmente que era y es, en tanto no se cuide, un problema. Pero nuevamente, aun si esto no se dijera, a nadie se le pasaría por alto gracias a la atención con que se filma la interacción con el agua. Todo un documental oculto sobre como filmar el agua.

Poco a poco se va tejiendo una red de lazos, acciones y sentimientos que crean una historia reflejada en el documental. El presente empoderado de las mujeres de Piplantri entiende un modelo económico que repercute en patrones culturales y sociales arraigados prehistóricamente. Como se nos explica: desde 2005, cada vez que nace una niña en Piplantri, se plantan 111 árboles en su nombre para celebrar la ocasión. Esto no es un capricho es una acción estatal concreta que acompañada por otras medidas no solo mejora el espacio que habitan, si no que logra modificar poco a poco como se percibe la llegada de una niña al mundo. Ya no son una carga económica que tiene el infanticidio como solución, son una promesa de cambio y esperanza.

Hermanas de los árboles comprendió como capturar la esencia de lo que sucede: al recrear los vínculos entre esos rostros y los sonidos que oyen, esas manos y las texturas que tocan, esos cuerpos y su relación con el agua consigue transmitir lo que sienten esas mujeres sin imponer, como muchas veces ocurre en los documentales, lo que vieron en ellas. Hermanas de los árboles supo cómo capturar un presente que creo una leyenda para que las niñas como Nikita puedan ser doctoras, y claro para que ningún niñx se vuelva minerx⚫

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Titulo: Hermanas de los árboles

Año: 2018

País: Argentina

Director: Lucas Peñafort y Camila Menéndez