El lugar de la desaparición (2018), de Martin Farina

Nuestro monstruo interior

Así pues, gracias a los cuentos de hadas, tanto los niños como las niñas
que se encuentran en el período edípico pueden conseguir lo mejor de dos mundos
distintos: por una parte, disfrutan plenamente de las satisfacciones edípicas en sus
fantasías y, por otra, mantienen buenas relaciones con ambos progenitores en la
realidad.

Psicoanálisis de los cuentos de hadas, de Bruno Bettelheim

 

Con una mezcla de cine experimental y algo de suspense cercano al terror, Martín Farina nos asoma a los lugares más oscuros de una familia que, al momento de decidir acerca del futuro de los bienes del padre, revela más muchas de sus miserias. En el inicio, nos da la “bienvenida” la imagen de una señora mayor que se niega a salir en cámara porque no le gusta cómo está resultando la escena y que, además está apurada por poner la mesa. A continuación, una de las voces en off que nos acompañará durante la historia, explica el tipo de vínculos que se han construido o tejido para conformar un tipo de familia que elige asimilar a un quiste; en el cual hay unidad, pero también enfermedad y pus.

Durante la primera mitad, las imágenes de la casa familiar, venida a menos, se mezcla con algunas de videos familiares de los 90s y otras de Zalmon Markus, el padre de la familia,  quien con una avanzada edad es presentado como pasible de manipulaciones y engaños. Uno de los hijos trata de advertirle, pero a sus espaldas se están debatiendo el futuro de la vivienda y quizás de la persona. Todo es mostrado a través de imágenes aparentemente inconexas y voces en off que nos van enredando como en una telaraña, para quedar tan reducidxs y casi indefensxs, casi al igual que Zalmon.

La segunda mitad, presentada con los títulos “iniciales” harán más explícito aquello que comenzaba a presentarse, sin dejar de lado aquel estilo. La fragmentación, presente en la estética de la narración, sirve como elemento para profundizar la idea de quiebre en esos vínculos familiares que eran presentados como una unidad “enferma” o disfuncional. No solo hay disociación entre las imágenes y las palabras, sino entre lo que se dice de frente o a espaldas de la persona mayor de la familia, así como entre las personas más jóvenes que conforman el clan.

Por otra parte, subyacente, como la música de terror que asoma cada tanto, se escucha la preparación para un examen auditivo de inglés que se revelará hacia el final de la primera parte, operando de cierre esclarecedor y también como metáfora de la prueba que están pasando los Markus; así como tantas otras familias deben atravesar cuando quien fuera alguna vez la cabeza envejece y el resto toma decisiones sin consultarle.

Es un relato extraño para contar algo que sucede en la vida cotidiana. Las personas envejecen y quien tenga mayor influencia, llevará la voz cantante a la hora de decidir, silenciando no solo la voz más vieja sino también la de quienes quieran hacerla oir. En ocasiones, se decide a favor de quien envejeció pero puede existir algunas que vayan en su detrimento o simplemente en contra de lo que alguna vez hubiera querido. Es difícil delucidar cuál de las opciones se juega en la familia de esta película.

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El lugar de la desaparición repite ciertas situaciones que se irán resignificando por el momento en el que están situadas o por la misma reiteración, como el portero que suena y el: “Ori... subí”, el reloj con péndulo o el repaso del plano y de la casa misma, mientras unas voces susurran algo que, si bien puede no ser tenebroso, adquiere ese matiz por el solo hecho de hacerlo en voz baja... como si alguna conspiración se estuviera pergeñando. Cada superposición de relatos con imágenes inconexas abonan la idea de conspiración.

El clima de terror subyace a lo largo de todo el relato y no es para menos si se piensa en que las miserias familiares deberían aterrorizarnos más que cualquier monstruo. Quizás como explica Bettelheim, los monstruos o demonios del terror estén figurando aquello que nos cuesta más enfrentar, aquello que está tan cerca y es parte de nuestra configuración, como el ogro o el dragón malvado en los cuentos de hadas. Acá no hay ogro, sino una presencia que acompaña al viejo Zalmon mientras recorre los recovecos de su casa con la mirada perdida.

Así como el cuento de hadas permite a lxs niñxs “quedarse con lo mejor de dos mundos”, este relato, a través de sus elementos de terror, quizás ayude a los miembros de la familia a transcurrir el difícil momento, el cual es reforzado por el pedido a un dios que les conceda unidad y paz, como elemento mágico que podría ayudar a ordenar el caos y traer tranquilidad en aquello que lxs perturba pero que quieren ejecutar a pesar de todo⚫

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Titulo: El lugar de la desaparición

Año: 2018

País: Argentina

Director: Martin Farina