31 marzo - 2019. Por: Sebastián Francisco Maydana - Críticas

"Comportamientos autodestructivos"

¿Se puede escribir sobre situaciones que no se vivieron? Esta pregunta viene dividiendo a académicos y gente de letras desde hace siglos entre los que responden afirmativamente y los que se decantan por la negativa. Jorge Luis Borges, sin ir más lejos, señala en “El escritor argentino y la tradición” que su postura es opuesta a la sobredeterminación del tema de escritura por la procedencia del escritor: “los nacionalistas simulan venerar las capacidades de la mente argentina pero quieren limitar el ejercicio poético de esa mente a algunos pobres temas locales, como si los argentinos sólo pudiéramos hablar de orillas y estancias y no del universo”. Ciertamente no es difícil coincidir con esta apreciación. En efecto, no debería restringirse el temario de un escritor a aquello que conoce por proximidad. Si no, no existiría la historiografía por ejemplo. Pero aún es posible reformular la pregunta para no desechar tan fácilmente la hipótesis contraria: ¿es posible saber algo sobre la procedencia del autor a partir de la obra?

De vuelta Borges, hablando sobre su cuento “La muerte y la brújula”, relata que lo concibió como “una pesadilla en que figuran elementos de Buenos Aires deformados por el horror de la pesadilla; pienso allí en el Paseo Colón y lo llamo Rue de Toulon, pienso en las quintas de Adrogué y las llamo Triste-le-Roy; publicada esa historia, mis amigos me dijeron que al fin habían encontrado en lo que yo escribía el sabor de las afueras de Buenos Aires. Precisamente porque no me había propuesto encontrar ese sabor, porque me había abandonado al sueño, pude lograr, al cabo de tantos años, lo que antes busqué en vano”. Es decir que, sin proponérselo, el escritor deja pistas de su background, de sus experiencias, aunque la historia que esté relatando sea completamente fantástica.

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El segundo largometraje de Ignacio Sesma, Con este miedo al futuro (2018), padece un problema común a buena parte de las producciones nacionales (y, sospecho, a las extranjeras también): representa una mirada desde la clase media acomodada acerca de problemas que son ajenos a esa clase y que en gran medida desconocen. Es muy notorio sobre todo en las ficciones unitarias sobre “temas sociales” que suelen ocupar el prime time de la televisión argentina, donde se acostumbra pintar por ejemplo a los sectores subalternos como una caricatura más o menos burda, no por elección propia sino porque simplemente los guionistas no tienen idea de cómo viven los más desamparados de la sociedad. En Con este miedo al futuro hay varias pistas de esto. La supuesta universidad pública donde transcurre la acción (que de hecho es el colegio Carlos Pellegrini, donde tradicionalmente se educa a la élite porteña) resulta absolutamente artificial para cualquiera que haya cursado en sus aulas. Los personajes son propietarios de casas en barrios residenciales, consumen drogas de rico, tienen auto y discuten como si estuvieran en una charla TED. De modo que ya desde la ambientación se percibe un quiebre de la verosimilitud. No se me malinterprete, no quiero decir que sea inconveniente retratar a la clase media. Sólo que en este escenario no se entiende el conflicto que se quiere proponer: ¿la ruptura de la relación con la novia, el spleen de Buenos Aires? Se muestra al personaje principal en situaciones en las que incurre en comportamientos autodestructivos, pero sin explicar creíblemente qué lo llevó a hacerlo.

Durante setenta y cinco minutos la cámara sigue a Leo (tal el nombre de nuestro protagonista) con una obstinación casi patológica, con constantes cambios de foco y movimientos nerviosos. Si bien el dispositivo genera una intensidad y nos permite acercarnos íntimamente al personaje, esta elección directorial también redunda en una limitada variedad de planos, en la que la ausencia de planos generales, lejos de proporcionar una experiencia inmersiva, más bien dificulta al espectador ubicarse en los espacios.

Por otro lado, la elección de poner el foco en el protagonista supone una oportunidad perdida: la de mostrar a los demás personajes, que están excelentemente escritos. De hecho, y más allá de lo dicho más arriba, el guión es muy sólido, con diálogos que funcionan muy bien y actuaciones impecables de parte de actores que comprendieron bien a sus personajes. En síntesis, son las personas y sus honestas interacciones las que sostienen esta película que de otro modo podría considerarse una fantasía burguesa de lo que es la vida de un profesor de letras de una universidad pública. Si bien un escritor argentino no tiene por qué escribir sólo sobre estancias y orillas, probablemente sería razonable cederle el honor de narrar acerca de la guerra civil a un colega serbio..⚫

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Titulo: Con este miedo a futuro

Año: 2018

País: Argentina

Director: Ignacio Sesma