Casos complejos (2018) de Omar Forero

Villano de la sociedad

Un oficial de policía anuncia en conferencia la detención de un sicario de 18 años que junto a su compañero Jonathan, quien logró escapar, acaban de asesinar a alguien. Inmediatamente después una placa nos anuncia que lo que veremos a continuación será una representación de los hechos. Esta representación, narrada por el oficial y con música clásica de fondo, crea un ambiente más similar a un corto de Chaplin que a un hecho policial contemporáneo, logrando un tratamiento singular de un asesinato. Terminada la secuencia vemos una computadora y una mano que al presiona la barra espaciadora pausa la música de fondo cambiando el punto de vista de la película. En tan solo 6 minutos, con planos muy cortos y un ritmo casi ansioso vemos como se ponen en tensión dos estilos narrativos completamente distintos. Sin duda una pretenciosa presentación a una película que con el correr de los minutos logra sus intenciones.

Casos complejos (2018) está basada en una serie de casos policiales que transcurrieron entre los años 2013 y 2015 en Trujillo, Perú. Su director, Omar Ferrara (Chicama, 2012) parece tener una clara intención de atraer a la mayor cantidad de publico en esta película sin tener nada que envidiarle a las más caras producciones policiales de Netflix y compañía. Sin embargo, y ya que lo anterior no es necesariamente algo positivo en si mismo, cuando la película se concentra en Jonathan (interpretado por el gran debut de Gonzalo Vargas) cambia a un estilo narrativo más complejo que culmina en una combinación magnífica: la atención al caso judicial es banal y superficial, la atención a ese joven sicario es respetuosa y detenida. Paradójicamente a nivel cinematográfico el “caso complejo” de interpretar es el del Jonathan, el resto es historia conocida. Podemos no conocer Perú o puntualmente Trujillo, pero en cada región del mundo existe al menos una producción local que aborde una historia judicial de la misma manera. Lo que destaca a esta película y no la vuelve una típica historia que reivindica a la justicia mediante una excepción es justamente la atención con la que mira a su protagonista.


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En una primera mirada se podría decir que la película tambalea en las afirmaciones que parece generar en el espectador, pero cuando entendemos que esas afirmaciones son más bien una intensión de formular preguntas encontramos el punto más respetable de la película. La mayoría de las veces, cuando se quiere lograr que el espectador empatice con un “villano de la sociedad” se cuenta y justifica a través del guión como y porque llegó a eso. Pero hay algo más que sucede por consecuencia de esa forma de narrar y es que se le da una explicación al espectador, es decir, como si el mismo no pudiera ponerse en ese lugar, dándole el lugar de a quien se le tiene que rendir cuentas. Ferrara sin dudas se compromete cinematográficamente al intentar que el espectador cumpla con su cuota activa y se sumerja en la piel de ese personaje. Esto se evidencia, por ejemplo, en como interviene el pasado: no son meros flashbacks informativos, si no que más bien es una presencia que se confunde con el presente y da un resultado que nos acerque de manera mucho más honesta al protagonista.

A demás del personaje interpretado por Vargas, la película cuenta con otro protagonista bien logrado que es el fiscal que lleva adelante los casos, pero en ningún momento de la película se encuentran o tienen siquiera un dialogo. Jonathan escapa en el primer asesinato y casi no es tenido en cuenta en por el fiscal en los casos que lo involucran, alimentado así una sensación de inadecuación que es recurrente en toda la película. Jonathan no es parte de ningún espacio, no pertenece ni permanece en ningún sitio, ni siquiera es el antagonista del fiscal ¿qué lugar tiene, que lugar le damos? ⚫

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Titulo: Casos complejos

Año: 2018

País: Perú

Director: Omar Forero