Antonio Gil (2013), de Lía Dansker

26 agosto - 2019. Por: Belén Paladino - Críticas

"El cine como ofrenda"

 

Cada 8 de enero miles de personas devotas del Gauchito Gil peregrinan en Mercedes provincia de Corrientes. Largas colas de fieles esperan su torno para poder acercarse al santuario que es custodiado por un operativo policial. Llevan banderas rojas, representaciones del ídolo, la ilusión de que se cumpla lo pedido. Este tiempo fuera de tiempo propia del ritual es registrado por la directora Lía Dansker en su primer largometraje Antonio Gil.

Durante diez años la directora registró este día sumándose al ritual con su cámara-o mejor dicho creando uno propio- buscando la manera más fiel y genuina de representar lo que allí ocurría. Esta recurrencia genera un cambio en la forma de mirar, implica desplegar una cartografía del espacio. La directora encuentra en el travelling la herramienta precisa para acompañar las largas filas de fieles. Travellings pausados y largos donde la gente de alguna manera establece un vínculo con la cámara: saluda, la ignora, dice una frase. La cámara nunca se detiene pero no es indiferente a lo que allí ocurre. Observa con atención pero no modifica el ritual.

El santuario se encuentra al costado de una ruta, una de las tantas rutas del interior del país, que se resignifica y adquiere un color especial una vez por año. El ritual también trasforma el espacio, lo que habitualmente es un espacio de paso, de tránsito, se vuelve un espacio de permanencia, un espacio de reunión. La directora registra cómo el espacio comienza a ser habitado: comienzan a desplegarse carpas, se instalan puestos de comidas y souvenirs. En algunas oportunidades también registra el espacio ya vacío, pero con signos que evidencian el transcurrir y la presencia de miles de personas.

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Las voces en off de los fieles se entrelazan generando una polifonía, no hay un único relato en torno al mito, hay tantas versiones e interpretaciones como creyentes. Lo que subyace en esas narraciones en algunas ocasiones de forma explicita y en otras de forma velada es la lucha de clases. La propia historia del gaucho Antonio Mamerto Gil Núñez da cuenta de ello, en todas las versiones es perseguido por el poder, por las instituciones y los dueños de la tierra. En cambio, en los relatos de los creyentes hay una celebración en torno a lo popular y al guaraní como marca identitaria. El espacio también es territorio de disputa y resistencia. El dueño de las tierras donde se encuentra el santuario intentó quitarlo para evitar que la gente se reuniera allí. De esta manera se evidencia la mirada peyorativa de algunos sectores hacia las creencias populares, a la que se suma la incomodidad y desconfianza que genera un santo que no cuenta con el aval de la iglesia pero fue santificado por el pueblo. Este gesto de santificación implica rebeldía ya que va por fuera de lo que está abalado por el poder y sus instituciones e implica una reivindicación de lo popular.

Lía Dansker despliega el dispositivo cinematográfico en función de las capas que envuelven al mito, no para debelarlas sino para dejar entrever sus complejidades a través de una mirada atenta y respetuosa. Al igual que los fieles del Gauchito Gil ella también decide dejar una ofrenda, reemplazando el habitual una película de... por una ofrenda de... El cine como larga peregrinación y ofrenda⚫

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Titulo: Antonio Gil

Año: 2013

País: Argentina

Director: Lía Dansker