El humor, el mal, la humanidad. Una conversación sobre actuación con Nicolás Goldschmidt

12 mayo - 2019. María Canale - Columnas

A Nicolás lo conocí a los veintipocos en el pool de San Bernardo. Lo conocía desde antes, pero a partir de esa noche en el Sanber nos quedamos cada uno en la vida del otro. Él tenía una cresta rubia en medio de su pelo negrísimo y unas bermudas de jean cortadas. Estaba filmando una película y lo habían lookeado así. Yo casi no había visto Chiquititas porque mi mamá no me dejaba, así que a Nico lo vi actuar en teatro y en cine, casi nada de todo lo que hizo en la tele. Primero nos enamoramos, después nos peleamos un poco y después fuimos amigos hasta el día de hoy. Siempre siempre conversamos sobre la actuación, nos fuimos a ver en las cosas que cada uno hizo, nos recomendamos pelis, obras, artistas, nos ayudamos a prepararnos para los castings. Esta charla es una como tantas de las que hemos tenido y ojalá sigamos teniendo, porque es lindo y necesario pensar la actuación a través de la vida y las experiencias.

¿Empezaste a actuar desde muy chico, eso fue por elección, devenir, necesidad?

Pasaba en mi casa todo el tiempo. Mi vieja actuaba, con mis hermanos actuábamos en casa, hacíamos cosas, era parte de lo que hacíamos. Yo había visto trabajar a mi mamá, había visto trabajar a mis hermanos en publicidades o capítulos de cosas. A penas surgió la posibilidad de hacer algo que fue cuando hice Apasionada, tenía cinco años. Cuando me dijeron está esto yo dije “es el sueño del pibe”

Nah!

Yo me acuerdo, me acuerdo de querer hacer eso. Veía películas, me acuerdo de ver Volver al futuro y pensar yo quiero hacer eso. Entender que había algo ahí de la forma de tener aventuras lo más cercanas a la imaginación. Yo en lo cotidiano jugaba muy solo, tenía un imaginario de armar historias.

Y después de más grande fue algo que elegiste o era lo que ya sabías hacer, ¿te lo preguntaste?

Durante mucho tiempo ni me lo pregunté, no pasé por ese momento de ¿qué voy a hacer de mi vida?. Lo que que creo que no entendía era que podía ir haciendo otras cosas, pensaba tengo que ser actor y había un armado en la cabeza de lo que ser actor tenía que ser y eso después se pudo expandir.

¿Qué era ese armado en la cabeza?

Yo tenía que trabajar en tiras, hacer plata.

y eso era ser actor.

Claro.

¿Cuándo se fue desconfigurando esa noción de ser actor, qué fue lo que motorizó ese deseo?

Para mi hubo algo que fue bastante importante que fue darme cuenta de que no era bueno actuando, eso estuvo muy bueno. En el mundo de la televisión todos te dicen que lo que haces está re bien, cuando uno hace una peli también, te dicen che estás re bien y eso a veces te puede hacer armar algo en la cabeza; después te encontrás con gente que te dice che, no está bueno. En terrenos que yo no conocía, como el teatro, que tiene otros tiempos.

Entonces el fracaso te conectó con el deseo.

Fue fundamental.

¿Quién fue el primero que te dijo por acá no?

Banegas (Cristina). Me dijo, está todo sobreactuado, no entiendo por qué así. Me mató. Bartolo (Ricardo Bartís) también me ha matado. Y cuando tenés esas caídas tenés que ponerte a buscar.

Tenés que dar las cartas otra vez.

Claro. Es medio como si tuvieras en el bote un agujero, tenés que pensar cómo taparlo, lo tenés que hacer, es una cuestión de supervivencia.

¿En algún momento pensaste me tengo que dedicar a otra cosa, o quiero dedicarme a otra cosa?

Ponele, pero como una fantasía de desaparecer del mundo y tener otra vida, algo así. Si creo cada vez más que tengo que aprender otros oficios.

Somos unos inútiles los actores.

Claro. Dejar de entrenar actuación, y entrenar carpintería, electricidad.

Saber cosas de supervivencia en este mundo.

Captás como otras cosas, te concentrás en otras cosas.

¿Qué actuación te interpela, qué cuerpos, qué es lo que vos le pedís a un actor como espectador?

Me doy cuenta de que hay algo que me gusta y es que haya una percepción del humor y del mal, no porque tengas que ser cómico, sino que cuando hay un entendimiento del humor, incluso en situaciones dramáticas, me parece que eso multiplica un montón. Del mal digo en el sentido del mal como una posibilidad en todos, que eso pueda aparecer, eso relacionado a lo perverso que te conecta con otro lado. Viniendo para acá pensaba en esto de las edades, me pasa que no me interesan muchos actores grandes, sobre todo varones. En mujeres es distinto.

Camila Sosa Villada decía lo mismo, ella decía algo así como que cree que los varones por algo de su lugar adquirido del patriarcado no se la tuvieron que ingeniar tanto, que ella cree que las mujeres en general son mucho mejores actrices que los hombres de su edad porque ellas tuvieron que trabajar mucho más para sobresaltar.

No se si lo pienso desde ahí… siempre vi algo de cierta sensibilidad con respecto al campo femenino que permite otras cosas. Puede ser algo de eso que Camila dice, porque veo en el tipo algo más práctico, que terminan resolviendo.

Igual cuando alguien te emociona, te emociona y ya, es inobjetable. Podemos decir un montón de cosas de la actuación de Machín pero la verdad es que verlo actuar es un placer.

Machín justamente, yo me río mucho siempre que lo veo.

Porque tiene eso del humor y del mal.

María Onetto también tiene algo de eso. Cuando me tienen medio nervioso, inquieto como espectador me gusta. Igual cada vez más pienso que esas cosas son conjunciones, no está en el actor nada más, es todo el armado que está sucediendo lo que opera en uno como espectador.

¿Pero qué sentís que es lo que opera un cuerpo para ser atractivo, para ser mirado?

Cierta noción de la erotización que se arma con quien está mirando, y conciencia de eso para aprovecharlo. Poder entrar y salir de ese contacto. Eso y ciertos juegos con el tiempo, entender que el tiempo está siendo muy distinto en ese momento. No es plano, uno puede dar saltos. Lo de los salto quizás suena complejo, pero me parece que está en cosas muy mínimas. Yo pienso bastante en lo del tiempo cuando estoy en escena (teatral), pienso en las pausas, o en cuánto tarda en llegar lo que emito desde donde sale hasta donde tiene que llegar. Y en el espacio, ¿cómo hago para intentar estar en todo el espacio, para ocuparlo todo?, veo el recorrido entre lo que estoy haciendo y el espectador, cómo está impactando eso. O también pensaba en esto de cuando el aire pesa y entonces sentís cada movimiento que haces, más relacionado a lo que pensaba Grotowski.

Todo eso al momento de filmar ¿sirve o no sirve de nada?. A mí me pasa que filmando yo no la pienso tanto, aunque a veces sí, pero opera diferente el estar.

No sé… me doy cuenta, al menos en esta experiencia que estoy teniendo ahora (La serie de El Diego para Amazon Prime), que soy muy aleatorio en el método que utilizo. Un día voy y siento que soy un ninja sensei y otro día soy un bardo desordenado.

¿Pero no hay una cosa que te coloca? A mi pasa con los personajes en las películas que hay una cosa física que hace como brrrm y pone en carril.

Para mi ahora eso está siendo el sonido. Esa idea de apoyarse en el sonido está buena, me sirve bastante. Para lo que estoy haciendo me pone en un tono, por ejemplo me pasa mucho más ahora de probar distintas tonalidades o formas de decir para textos muy simples, para encontrar el tono más cercano al personaje.

¿Qué te pasa con la actuación en la escena local nuestra? ¿Qué opinión te merece?

Podría hablar del teatro, porque es lo que más veo en cuanto a actuación. Las tiras no las veo, siento que ya sé que es lo que está pasando ahí. Cada tanto veo algo que me gusta, ponele, verlo a De la Serna en la tele me encanta. Pero en teatro me parece que hay todo un movimiento que yo veo que es realista, no veo otra cosa, eso me parece que es medio la norma, por lo menos de las cosas que ví últimamente, capaz es que es justo lo que yo vi, pero intuyo que un poco el teatro está plagado de realismo. Hay casos, La madre del desierto (Ignacio Bartolone), me pareció una propuesta más copada. Muchas veces lo que se actúa en teatro está muy ligado al sentido del texto o del relato de la obra y es difícil ver algo más extraño. Creo que esas cosas están más en las pruebas de danza o de performance, o en las cosas que no están tan constituidas como una obra. Ahora encima está el fenómeno Microteatro, no me dan ganas ni de ir, a ese lugar, y es algo de lo que más se ha promovido en el último tiempo. Eso me parece notorio de la actuación, cuando se armó lo del Fiba en la calle, los bunkers esos a los que la gente hacía filas y entraba de a quince veinte a ver a unos que tenían que actuar y actuar y actuar y actuar. Me daba una cosa medio esclava, ahí en el bunker en la calle.

Me parece que lo de Microteatro es una prueba más interesante para los actores que para los espectadores en el sentido del ejercicio de hacer algo cada quince minutos que esté vivo las cinco seis veces que lo repetís en esa noche. Como espectador no sé si vas a ver algo muy revelador ahí.

En ese sentido la actuación ahora batalla, está batallando en los espacios que se le ofrecen, hay que hacerlo. No podemos no actuar. Sucede algo de eso. En ese sentido me parece que siempre se va para adelante y eso está buenísimo.

¿Qué interpretaciones/cuerpos en escena que hayas visto no te olvidás más?

Me acuerdo de ver Potestad, de Pavolvsky, actuada por él y yo no entendía que había comenzado la obra. Había habido un tema que un par no habían conseguido entrada entonces se había armado un especie de quilombito en la puerta, entonces se escuchaban las voces discutiendo. Pavlovsky empezó a hablar y yo dije, bueno está hablando de lo que está pasando, va a esperar un rato y después va a empezar la obra, pero él ya había empezado a actuar. Cuando entendí que estaba actuando, que yo no podía entender la diferencia entre que él esté siendo él o actuando, fue muy contundente, fue como ah no entiendo nada.

Era hermoso él en escena, un tipo hermoso.

Si, todo enorme, con una voz y una cara…cierta presencia que era como eh yo estoy acá, no hay mucha diferencia. Eso me pareció un acto hermoso y pensar que lograr un poco de eso puede llegar a ser muy gozoso. Esa es una que no me olvido. Después está Denis Lavant en Holy Motors que para mí es una peli muy para el actor.

Le escribieron una película para que juegue.

Todo lo que quieras hacer Denis. Ves varias cosas, unas hermosas, algunas muy extrañas, otras malas, con un personaje hasta se inventó un idioma.

¿Quienes son tus maestros? no tienen que ser en si los profesores de teatro.

En general son ellos, Cristina Banegas, Graciela Camino, Bartolo. Ellos tres.

¿Y algún compañero con el que hayas trabajado, algún director o directora?

Los compañeros fundamentales fueron los de La máquina idiota y los de La liebre y la tortuga, ambas obras dirigidas por Ricardo Bartís. En La liebre y la tortuga vos eras parte como de una feria de actores, entonces era ver muchas posibilidades que había para actuar o para hacer una escena. Después de eso hice un unipersonal, pasé de ser treinta a ser uno y sentía que los tenía a varios de los de La liebre conmigo; pensaba, acá hablo como tal, acá como tal otro. Eso es para mí lo que está bueno, que uno como no puede ser el otro, no hay chance, por eso nadie es mejor.

Cada uno es único.

Claro, ¿viste cuando a uno le agarra celos o envidia de cómo actúa la otra persona?, pienso que no importa, porque no puedo ser él, es sólo él. Y qué bueno que así sea. Yo prefiero pensar, ¿qué me puedo llevar de eso? ¿Qué le copio? ¿Qué puedo hacer yo de eso que hace el otro?. Sol, una compañera de La liebre, me fue a ver al unipersonal (Ametralladora) y después me dijo, al principio sos yo, y yo le dije si si, ¿viste?. Hablaba un rato como ella y eso me servía para ir entrando en otra cosa.

¿Y tenés rituales para prepararte antes de actuar?

Para el teatro me canso. Corro corro corro. Trato de cansarme antes de estar en escena porque si no tengo mucha energía. Para aplacarme un poco, dejarme bobo me viene bien. Sino tenso mucho, tiendo a la tensión. Y para filmar soy muy jodón, me gusta joder en el set durante todo el tiempo que no estoy filmando. Para mi hay algo muy de hacer reír o tratar de reírme, es algo que me doy cuenta que me sirve. Vos tenés que generar en el equipo algo de eso que querés generar después en los que vean la serie. Para mi es fundamental eso. Después los vínculos con la gente, qué trato tenés con cada uno, obviamente con todo el equipo tenés más contacto con algunos que con otros. El utilero que te viene a dar los objetos, la que te maquilla, la que va siguiendo la continuidad, vas teniendo un vínculo con cada une y eso para mí está bueno, prestarle atención a eso. Porque finalmente son los que te están poniendo las fichitas para que vos las vayas usando.

Si, somos todos los engranajes de la máquina.

Claro, para mi esa buena relación es fundamental. Yo sino no puedo laburar. Me cuesta más si me estoy llevando mal con alguien.

¿Y para qué actuás, para quién?

Para quién nose, no tengo alguien en particular.

¿Para vos?

Sí, creo que sí. Para qué me gusta más. Cuando me busco o me ofrecen un espacio y un tiempo me gusta esa idea de aprovecharlo. Habitar ese tiempo. Lo entiendo como un idioma, nunca lo vi como otra cosa. Para mi está buenísimo que los actores hagan un montón de cosas pero no en el mismo proyecto, así vos te podés atravesar por las palabras que escribió otro y la luz que te tira tal, y eso para mí es lo que finalmente va haciendo el todo. Creo que hay algo de eso de encontrarme en otros también. Es muy satisfactorio cuando te pasa de decir, eso que escribiste lo quiero decir.

¿Qué das al actuar y qué te da actuar?

Querría decir honestidad, pero en realidad no sé, en el sentido de que también está muy lejos la actuación de la honestidad. O la habitan dos opuestos, uno se sincera dando lo que tiene, lo que es, su humanidad; así soy así lloro, así me río. Pero al mismo tiempo también te estoy mintiendo.

Me gusta eso que uno da su humanidad al actuar. ¿Y qué te da actuar?

Goce.

¿Qué pasa cuando no estás actuando? Porque un poco el designo de este oficio es no saber cuándo va a ser la próxima vez que vas a actuar. O quizás no te permitís que eso ocurra, porque también pasa eso de atolondrarse de cosas porque alto cagaso que quede el espacio vacío.

Para mi es increíble el espacio vacío si estás viajando en ese momento, ja! sino no está bueno. No está bueno. Te diría es increíble vivir las experiencias, para llenarse de bla bla bla, pero a mí no me cabe, a mí me gusta estar actuando. Por eso te digo, si estoy viajando es distinto. Igual un rato de vida real está bárbaro. Eso Ure lo decía muy bien, para él eran mejor los actores que habían laburado mucho tiempo de otra cosa, porque después tenían una noción de lo que era lo real, la realidad. Que sino los actores todo el tiempo estamos concientizando la vida cotidiana, que está bárbaro pero te quita cierta crudeza.

Cierta humanidad.

Claro, por eso decía lo de que uno al final nunca es tan humano, porque hay algo ahí que igual está armado.

¿Ahora tenés algún momento de la nada en tu horizonte?

Pasa que flashié viajar ahora cuando termine de filmar. Lo único que haría de teatro ahora es Ametralladora. Ahora siento que necesito una lavada.

Vaciarte. A mí me re pasa eso. Después de algo tan grande e intenso como lo que estás haciendo ahora de Maradona hay que vaciarse después.

Quiero buscar otro cuerpo, volver a mi cuerpo, a mí, tengo ganas.

Dirigiste cine y teatro, ¿qué te pasa con dirigir, es algo que te gusta o sólo lo probaste?

Me gusta siempre la idea de armar. Cuando doy clases me copo mucho más con la idea de armar algo más que con dar clases. Eso sí fantaseo, en algún momento armar un grupito de gente y hacer algo, me gusta, me interesa algo de explorar lo fantástico. Otras cosas que no sean humanas. Lo pienso para más adelante igual. Por ahora no.

Si tuvieses que elegir otro oficio, es el fin de la ficción, tenés que dedicarte a otra cosa…

Me encantaría tener un oficio oficio, tipo carpintero. Pienso en algo de poder hacerme mi casa, eso me flashea. Yo conocí gente que se hizo su casa, pienso que sería lindo poder entender cómo hacer una casa. Me imagino que tenés que poner unas vigas…

¿Qué te dan ganas de hacer ahora, más allá de vaciarte del Diego y viajar?

Hay un montón de cosas que me dan ganas de hacer. Me gustaría hacer de pescador en una peli, de travesti me encantaría, me encantaría hacer de rokero, y después flasheadas tipo zombi me vuelvo loco. Una de zombis. Me dan ganas de actuar en otros idiomas. Si no es actuar me gusta tocar, me gusta escribir, de todo, sueños, cosas sueltas, ideas de cosas que quiero filmar, o de series. Tener sexo obvio, comer, dormir, eso me encanta.

Muchas Gracias.

No gracias a vos. Démonos un abrazo.

No se va a grabar el abrazo, pero dale⚫

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Columna de María Canale

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