"Violencia y Amor"

6 septiembre - 2019. Andrea Testa - Columnas

“Para que me enseñara a tocar incansablemente con la mirada a qué distancia de mi empezaba el otro”

Serge Daney en El travelling de Kapo

El cuerpo de una mujer decapitada, antes quemada y seguramente también acuchillada.
El cuerpo de otra mujer golpeada, ahorcada y violada. 
Y otro cuerpo más, tendido, que sangra. O se deshidrata, seco, hasta el final.

Y el cine, que a veces no mira, que sólo imagina.

Que se inscribe en el presente cómodamente, sin reflexión, sin tensión, sin convicción. Como si fuese posible pensar en la estética desligada del contenido. Como si fuese posible mostrar hermosamente la tortura. O como si necesitásemos de espectaculares planos para ver la realidad, en un contexto en dónde la violencia cruel emerge en todas sus formas, en todas las calles. Y no solamente hablo de la violencia machista, hablo también del hambre y de la represión. En donde los cuerpos son el campo de batalla.

En cine se puede morir y se puede matar. Se puede elegir mostrar las muertes como espectáculo o como documento de una época. Para someter o para denunciar un estado de las relaciones de poder. Se puede elegir cómo mostrarlas pero nunca se debería esquivar la elección desde dónde se muestra y para qué. Tampoco se puede esquivar la mirada cuando la incomodidad aparece.

Hace ya un par de largas semanas dos películas se (me) cruzaron, Muere Monstruo Muere y Breve Historia del Planeta Verde, en debates sobre los cuerpos, las violencias, los contextos socio-políticos, las luchas que damos. Pasé de la indignación a creer que otra forma es posible. Una forma bella en la que el cine pueda dar pistas hacia nuevas formas de vincularnos. En Muere Monstruo Muere nos van a matar a todas, nos van a cortar la cabeza, y aquel que quizás nos salve sea el policía que es el único que supo que metiéndole la mano a la monstrua podía satisfacerla y lograr que no le arranque la cabeza. En ese mundo, en los rostros del pueblo, pobres y monstruosos, el amor no es posible.

Pero una luz se enciende. Una pequeña historia en donde la muerte es triste porque está en el lugar de la víctima, junto a ella, revalorizando el otro lado que siempre queda oculto en las vidas reales y no llega a la imaginación. Porque todo se trata de ese lugar del punto de vista, desde dónde mirar, dónde estar cuando miramos y cuando filmamos, construyendo esa imaginación, social, presente.

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En Breve Historia del Planeta Verde sí es posible el amor, aunque se muera. Se muere y eso deja una huella, como todos los rostros de las víctimas del odio. Porque lo que nos arrancan son las vidas de nuestras compañeras, amigas, vecinas, conocidas, familias. No arrancan cabezas sueltas, pedazos de cuerpos. Contra eso luchamos, también, dejar de ser partes, objetos.

No se trata de corrección política, de quedarnos en el molde, sino de sumergirnos en la experiencia de transitar estos dolores, de entablar los puentes necesarios para pensar el mundo en el que vivimos y quizás así poder transformarlo. Hoy, hay nuevas jugadoras en la cancha. Estas películas salen al campo en donde los debates están construyendo nuevas formas de relacionarnos y en donde el sistema patriarcal empieza a desestabilizarse. Ya no hay terreno firme para nada, para nadie. Tampoco es posible pensar solamente en la estética grandilocuente porque están ardiendo cuerpos. Cuerpos reales que seguramente no sean los nuestros.

Necesitaba pensar y no encontraba las herramientas de algo nuevo, alguna palabra que me saque de las ya repetidas. Cuando estoy quieta algo me angustia. Como hoy, que no encontraba el hilo, ni el comienzo, ni la pregunta final. Recordé tímidamente el texto de Serge Daney sobre el travelling de Kapo, la abyección como límite para posicionarnos en relación al cine, lo que hacemos y lo que vemos. Porque no es que quiero separar la forma del contenido en esta reflexión, sino todo lo contrario. Nos estamos olvidando de preguntarnos insistentemente qué y cómo queremos registrar nuestro presente.

¿Por qué luchamos por un cine diverso? Para que sea posible que estas historias sean contadas por sus propixs protagonistas, quizás así podamos comprender el dolor de lxs otrxs, aunque nos pase por al lado y corramos la mirada. Una pantalla grande, es difícil de esquivar⚫

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