Nuevo cine: Atenas

30 marzo - 2019. Andrea Testa - Columnas

Voy a escribir sobre Atenas y voy a escribir desde lo personal. Voy a escribir sobre preguntas porque, creo, pienso, sostengo, que si no nos movilizamos, el mundo no cambia. Sin movimiento, no hay transformación. Quiero escribir sobre Atenas y sobre el momento del disparo, cuando el cine queda en silencio y todxs nosotrxs también, mirando el cuadro vacío, esperando que no sea cierto. Pero lo es.  Quiero escribir sobre el poder del cine, cuando traspasa la pantalla, cuando la angustia por la ausencia de Perse se vuelve real.

Atenas nos muestra el mundo donde los pibes mueren y las pibas desaparecen. El mundo donde los cuerpos de lxs oprimidxs tienen el destino de la desaparición y de ser baños de sangre, charcos que inundan los pasillos de las villas, aunque no los veamos y queden fuera de cuadro, traspasando los límites de la representación. Es por esto que Atenas se vuelve un quiebre de paradigma dentro del cine que conocemos y por eso es una de las películas que lleva lo político como esencia, como forma y contenido. ¿Cuáles son las imágenes que están a la altura de nuestro tiempo? ¿Cuáles son los cines que debemos construir, pensar, encontrar?

Hace unos días, en un ciclo de cine que organiza el Colectivo de Cineastas, asociación de la que soy parte, se proyectó Cinema Novo y contamos con la presencia de Eryk Rocha, su realizador. La sala estaba llena y nos quedamos a escuchar y participar del debate posterior. Hacía unos días que habíamos estrenado Atenas, y como la maternidad me imposibilita muchas veces ir al cine, no pude hacer otra cosa que encontrar relaciones, puntos de encuentro, entre ambas películas, como una muestra pequeña pero posible del pensar el cine. Eryk, nos invitaba a reflexionar sobre el rol de los cineastas y su contexto histórico, sobre los debates políticos de la forma, de la estética, de cómo ese sentir de época se adentraba y tensionaba cada película. Hubo tiempo para pensar sobre la poca participación de mujeres en el Cinema Novo y sobre el machismo, también como muestra de época… Dos momentos me quedaron guardados y que quiero traer aquí, a esta crónica, para pensar Atenas. En un momento, le pregunté a Eryk cómo llevaba él la realización de la película en relación a la figura de su padre, a lo que él respondió que había sido un proceso afectivo pero que siempre supo que quería poder retratar lo colectivo y el sentimiento generacional, en donde su padre era una figura importante pero no la única. Luego, en otro momento, se profundizó sobre ese sentimiento generacional, sobre el rol social de lxs cineastas, y se habló de la necesidad que decían tener de conocer y comprender al pueblo brasilero, de sacar la cámara a la calle. Dos momentos en donde lo personal se vuelve político, en donde nuestra mirada del mundo sale al mundo y ese encuentro no puede ser otra cosa más que incómodo, movilizador, político.

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Vuelvo a la película de César y no puedo evitar pensar en esas tensiones, en el encuentro efectivo con la realidad, con esa parte de la realidad, a la que el cine pareciera nunca llegar. No es la biografía de César lo político destacable, aunque a muchxs de nosotrxs seguramente se nos hiele el cuerpo saberla y conocerlo. De hecho, hay un límite muy fino en evidenciar su historia de vida y no caer en preceptos morales, de aquel que robó y hoy se salvó, haciendo cine, escribiendo poesía. Sabe César de todo esto, de esta incomodidad al pensar su cine. Qué importa si roba, no roba, si sigue o no sigue, si está libre o preso, ¿no? Él mismo en las entrevistas plantea que su película habla de la cárcel de afuera, o qué bueno sería que existiesen muchxs en sus mismas condiciones materiales que tengan acceso a poder hacer cine y que esas producciones se estrenen, efectivamente, en el cine. Lo político, entonces, está en ese encuentro, en la comunidad que conforma la película, en las imágenes crudas, sensibles, sensuales con las que nos abre los ojos y pone en escena algo que ellxs conocen y sufren bien, bien de cerca.

Atenas es un hecho político. Llega al estreno luego de una serie de obstáculos, situaciones, contradicciones, imposibles de detallar hoy en este texto. Atenas gana una batalla, puede ser posible en los márgenes de lo que el sistema permite, rompe el paradigma y nos habilita a pensar un cine distinto. Un cine clasista, que pone en escena lo personal desde una mirada sumamente política, que no se queda quieta… o qué sí, que se detiene ante la injusticia, la muerte, el hambre, para que podamos ver en toda su expresión. Calla luego del disparo para que siga resonando, y que quede en nuestros cuerpos a modo de denuncia, de verdad. Como la frase de Juana, hacia el final, desesperada. Ya no es solo la enunciación de un conflicto social, son esos cuerpos reviviendo sus propias experiencias.

Sí que no es fácil, sí que cuesta, pero si no salimos a la calle nada de esto va a cambiar. Y si no se estremece nuestro cuerpo al escribir, ¿cómo hacemos para escribir? ¿Cómo hacemos para dejar de ser complacientes, para que el cine sea una herramienta de intervención, de pensamiento, movilizador? ¿Cómo hacemos para recuperar lo nuestro? ¿Cómo hacemos para que aparezcan, para que no mueran, para que no maten la posibilidad de que estas imágenes sean?

Quiero escribir y pensar sobre el cine que hacemos. ¿Cuáles son las imágenes que están a la altura de nuestro tiempo? ¿Qué cines vamos a construir? ¿Cuáles son las imágenes que no están siendo filmadas? ¿Qué silencios ampliaremos en las salas, multitudinarias, que colapsen, se agolpen, que griten y digan basta?⚫

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