Dos bocas que no tenían nada en común. Parte 1 - FELLINI, EL TRAIDOR

Juan Pablo Barbero Agosto 30 - 2016 Artículos

 

 

1 - FELLINI, EL TRAIDOR

A fin de cuentas qué hay de extraño en que una boca me  llevase a la otra. Continuamente, sin interrupción,
cada cosa me llevaba a otra cosa, tras cada objeto se ocultaba otro objeto
tras la mano de Lena estaba la mano de Ludwik, tras una taza había un vaso
tras un raya en el techo se veía una isla; el mundo era en realidad una
especie de biombo y no se presentaba de otra manera sino enviándome
cada vez más lejos. Los objetos jugaban conmigo como si yo fuera pelota.

Witold Gombrowicz

Hay miles de ejemplos de lo más variados para pensar la adaptación literaria en el cine ya que muchos de los grandes directores a lo largo de su filmografía han elegido a grandes escritores para llevar acabo una transposición.  Hay miles de formas de adaptar una obra, pero cuando se piensa en adaptación, ¿en qué se piensa? Se puede hablar de fidelidad o traición; fidelidad, cuando la película le es fiel a la obra literaria, ya sea cuento o novela, y el traspaso de una obra a otra es adecuado siempre y cuando se mantenga en los parámetros de la obra literaria, ya sea esta la adaptada, porque son poquísimos los casos, casi inexistentes los que fueron en viceversa: del cine a la literatura, ¿cuándo se escribió un cuento basado en una película? Uno piensa en la extensión y quizás esa es la cuestión, una película nunca va a poder describir todo lo que pasa en una novela, ya sea este el caso o no, la fidelidad no es de lo que me interesa hablar, por lo menos en este apartado. Es conocido el caso del enojo de Anthony Burgess al ver la versión cinematográfica de “La naranja mecánica” por Stanley Kubrick y varias ediciones del libro cuentan con la carta del escritor al director, pero uno no puede negar la magnitud de la película a pesar de que Kubrick de alguna manera se salió con la suya, eligiendo lo que quería contar, cómo lo quería contar y con qué lo quería contar. ¿Cuándo una adaptación es fiel? Quizás yendo a lo concreto, cuando ningún espectador que ya leyó el libro antes, sale disconforme de la sala, diciendo “faltó esto…faltó esto… faltó esto”, ya estoy harto de escuchar eso y entiendo que se lo diga, no hay que respetar a cualquiera, pero pensar en las faltas cinematográficas no permite pensar en cuestiones cinematográficas. No quiero detenerme en esto, ya que pensar en la fidelidad, vuelvo a repetirlo no me interesa, ya se habló demasiado de esto. Lo que me interesa primordialmente es la traición, pero primero vale rescatar ¿por qué entender la traición como algo negativo y no como una genialidad? La palabra traición es muy dura, pero divertida en lo absurdo de la cuestión.

Todos los grandes escritores fueron adaptados, pero de todos los ejemplos, me gustaría hablar en este caso de Edgar Allan Poe, ya que hay muchísimas adaptaciones cinematográficas de su obra y directores renombrados se han tomado el gusto de poe-tizar su filmografía con pinceladas oscuras del escritor norteamericano. Desde Jean Epstein adaptando “La caída de la casa Usher” a Jaques Torneur adaptando un poema titulado “La ciudad en el mar”, puede discutirse o no, la fidelidad, pero como dije, acá no interesa. Un director como Roger Corman adaptó a Poe en varias ocasiones, hasta inclusive hizo su versión de “La caída de la casa Usher” como Epstein, pero también como el director checo de animación Jan Svankmajer y aquella extrañeza del cine experimental cinematográfica titulada de la misma manera dirigida por los desconocidos Watson y Webber en el año 1928. No importa quién le fue más fiel a Edgar Allan Poe, o por lo menos no importa en este escrito, lo que a mi me interesa, vuelvo a repetirlo es quitarle lo negativo a la traición, y si tenemos que hablar del traidor por excelencia, en este caso, sería nada menos que Federico Fellini, con su adaptación en la película Historias Extraordinarias (1968) donde también colaboraron Vadim y Malle en tres diferentes episodios. Estos dos últimos no sobresalen, son historias fieles, correctamente adaptadas con lo que dice la obra, Poe es la cabecera en todo momento, respetan tal cual, o más o menos lo que narran los cuentos y nada es tan sobresaliente a pesar de las actuaciones de Brigitte Bardot y Alain Delon que no son ni las mejores, ni las peores de su carrera. Pero cuando uno ve la parte de Fellini queda asombrado por la originalidad, queda asombrado por la traición, queda asombrado porque Fellini iguala a Poe ya que no sólo es una adaptación de Poe, sino que también es una película de Fellini, porque Fellini está de principio a fin y grita en la cara del espectador que no es necesario para una adaptación el respeto de la obra, sino sólo la pincela poética, creo que nunca antes escribí la palabra “poesía” con tantas ganas, vamos a jugar a darle un nuevo sentido a la palabra: Fellini el poeta. Fellini el traidor.

Fellini el que mejor entiende a Poe en esta película en episodios, a pesar de la lejanía, porque las tumbas de Poe se encuentran muy lejos de los circos de Fellini, pero el que mejor entiende esta distancia es él mismo, ya que el director italiano ni siquiera comparte el mismo título, como diciendo “esta es mi versión, esta es mi película, esta es una obra nueva”. Fellini es el único de los tres que elige poner a Poe en el tiempo del director y no del escritor, y eso no es algo menor como para no tenerlo en cuenta, el director italiano nos muestra a Poe en tiempos de la televisión y el LSD y eso nos hace entender que a los escritores no hay que entenderlos como un muro inquebrantable, sino más bien como un germen del cual hay que dejarse enfermar, abrir las tumbas y profanar los cuerpos de las mujeres, hacer bailar a las mujeres en el circo de la televisión y vas a ver ahí a Poe manejado por Fellini. Entender que si Poe es un escritor moderno quiere decir también amoldable, ya que dos autores que al parecer nada tenían que ver uno con el otro, al fin y al cabo también se relacionan, como dijo Gombrowicz, “Caí en una especie de sorpresa temblorosa ante el hecho de que dos bocas que no tenían nada en común tuvieran pese a todo algo en común.”, Gombrowicz no lo dijo sobre películas, nada que ver, pero las palabras son reemplazables y las ideas fijas,en países diferentes, tiempos diferentes, mundos diferentes, amoldables siempre y cuando exista una marca, un sello, y de esto rebalsa la filmografía de uno de los más grandes directores italianos de todos los tiempos. Porque ser un autor, quiere decir tener una marca y decir “este soy yo” en cada plano del film. Quizás Fellini quiso jactarse de la primer frase del cuento que adaptó, habiendo rechazado “El corazón delator” optó por un cuento menos conocido quizás, menos Poe quizás, ya que el escritor es conocido por sus cuentos tenebrosos y este relato “Nunca apuestes tu cabeza al diablo” está en esa breve serie de relatos humorísticos y sarcásticos y quizás eso es lo que el atrajo a Fellini, el humor en Edgar Allan Poe, cito la frase inicial del cuento: “Con tal que las costumbres de un autor sean puras y castas- dice don Tomás de las Torres en el prefacio de sus Poemas amatorios- importa muy poco que no sean igualmente severas sus obras” . Desde esta frase pienso en la adaptación y lo mezclo en un cajón con la frase de Gombrowicz, quizás en el fondo Poe y Gombrowicz tengan también mucho que ver, es sólo cuestión de disección, supongo, de retorcer un poco, de serle infiel a la convención de la adaptación. El texto literario funciona como un disparo y no como un candado, no es casual que Fellini después de haber estado en el hospital por su película maldita “El viaje de Mastorna” haya decidido regresar al cine con su primer adaptación literaria de su carrera, y haya elegido al maldito por excelencia, Edgar Allan Poe. ¿Fellini es un director maldito?

En lo que conlleva a Toby Dammit, el personaje, lo primordial es la desaparición del narrador testigo del cuento y narrar desde su punto de vista, desde los ojos de Fellini que muestra una Italia triste detrás de las ventanillas de la industria cinematográfica, embotellamientos similares al sueño de “Ocho y medio”, personajes de “Amarcord” y esa masa de personajes donde cualquiera puede ser el mítico personaje de Poe “El hombre de la multitud”, detrás de las ventanillas, el mundo horrendo de las luces que enceguecen, la fama, la angustia, la locura televisiva, la superficialidad televisiva con un par de culos que sólo pueden decir gracias. ¿El absurdo moderno de la televisión qué tiene que ver con Edgar Allan Poe? Lo que tiene que ver es Fellini. El personaje detrás de cámara le hacen una entrevista que bien puede recordarnos a la entrevista en “La ricotta” de Pasolini, ya que ambas pertenecen a esa serie de películas italianas de episodios y Pasolini es nombrado por el productor que desea hacer el primer Western católico italiano, y en “La ricotta”… Fellini danza…; Toby Dammit, ya desde su vestuario se parece al escritor, Fellini sienta a Poe en un sillón y da pinceladas del texto entremezclada con el circo televisivo, que en realidad los circos nunca dejaron a Fellini a pesar de las tumbas de Poe, ahí Poe sentado, jactándose de sus adicciones, y se da vuelta y con ojos tristes le echa la culpa a su madre, cito mi frase favorita del texto donde el personaje testigo habla de la madre de Toby Dammit: Tenía la desgracia de ser zurda, y es preferible no azotar a un niño antes que azotarlo con la mano izquierda. El mundo gira de derecha a izquierda. No sirve azotar a un bebé de izquierda a derecha. Si cada golpe asestado en la dirección adecuada extirpa una propensión al mal, de ahí se desprende que cada golpe en sentido contrario profundiza aún más la maldad. El Toby Dammit protagonista de Fellini es tan malo como el de Poe, la diferencia está en que el de Fellini tiene un Ferrari, y este le permite al cine volver a abandonar el texto y mostrar la psicodelia, pero aún terrorífica Italia con pinceladas Poe-ticas (sigamos jugando con esta nuevo sentido de la palabra) para que Fellini recorra a toda velocidad, escapando de todo, no teniendo un rumbo, ya que cada golpe que fue dado en dirección contraria dejó nulo de dirección a la víctima, sin rumbo, pero con un Ferrari. No creo que sea casual que las escenas sean similares después en “La naranja mecánica”, ese efecto de velocidad descontrolada, otra vez se vuelven a tocar los puntos: El enojo de Burgess con Kubrick. ¿Qué hubiera dicho Poe de Fellini? Volvamos a la frase inicial: “Con tal que las costumbres de un autor sean puras y castas- dice don Tomás de las Torres en el prefacio de sus Poemas amatorios- importa muy poco que no sean igualmente severas sus obras” Lo mejor de la adaptación de Fellini es que demuestra cuán puro puede ser el cine frente al referente literario y lo lleva a paroxismos, donde mientras más lejos se va del texto más se acerca a los paroxismos de Poe, mientras más lejos, más cerca. Es una forma diferente de lectura, es cerrar los ojos para abrirlos, en vez de abrirlos para cerrarlos; es distinguir fidelidad de traición y lo malo de lo bueno, invertir los códigos morales, y juntar la traición con lo bueno y lo fiel con lo malo, Fellini traidor hace una película con moraleja: Nunca apuestes tu cabeza con Fellini, ya que él conoció el infierno por Mastorna y en cualquier infierno te vas a encontrar a Edgar Allan Poe. La literatura de Poe narra el descenso en diferentes aspectos, “La caída de la casa Usher”, “El descenso al Maelstrom”, “El pozo y el péndulo”, entre otros, hasta pensar en una tumba, es pensar en cierta medida en el descenso, bueno a pesar de eso, Fellini juega con revertirlo, porque el infierno con los colores que lo conocemos está en el principio, en el aeropuerto, una cámara que deambula y recorre el escenario nos muestra el absurdo exagerado, el desahogo, lo turbulento de miles de ojos que miran y el Toby Dammit de Fellini, sube por las escaleras, asciende, y cuando llega a la sima, ve al diablo personificado en una pequeña niña con una pelota en las manos. La película está lleno de estos momentos delirantes donde se puede relacionar la película con el cuento, dos versiones diferentes del diablo, dos apuestas diferentes, dos autores diferentes pero que sin embargo se relacionan, porque cuando dos grandes autores se juntan lo mejor es también pensar en los aspectos fuera de la obra, en lo que no se dice o se deja de lado. “Caí en una especie de sorpresa temblorosa ante el hecho de que dos bocas que no tenían nada en común tuvieran pese a todo algo en común.” Creo que lo mejor de la adaptación es la pregunta que me hago cuando digo que es una adaptación, ¿es una adaptación? ¿una obra nueva? No sé cómo llamarle, tampoco importa, no creo que sea necesario. Toby Dammit es tan Poe como Fellini, y esto es lo fundamental para que de una adaptación valga la pena olvidarse del libro por un rato y confiar en la más absoluta independencia cinematográfica para transmitir algo nuevo.

El Toby Dammit de Fellini pone en una balanza algo que no es banal: la diferencia en el ritmo, Fellini vio necesaria la idea de la ligereza de la cámara, de la ligereza del montaje, de la ligereza del Ferrari, no como una idea banal, sino como una idea filosófica. ¿Cómo percibe el autor el ritmo de su tiempo? El mundo gira de derecha a izquierda y cada vez más rápido. Por momentos el protagonista parece salido de otro tiempo, al tiempo de Edgar Allan Poe quizás, toda una riqueza la actuación corporal, lo gestual es fundamental para el cambio generacional, ya que la falsa delicadeza se convierte en insolencia y los lenguajes de cada autor aparecen por momentos como un juego de “ahora soy yo, ahora soy yo” una ola entremezclada tan poé-tica como felliniana que desmembrar palabra por palabra sería más absurdo que volver a intentar retomar Mastorna. Me alcanza con jugar un rato, con descubrir autores en autores, con ver a la traición como algo positivo.

 

Juan Pablo Barbero

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Dos bocas que no tenían nada en común. Parte 1 - FELLINI, EL TRAIDOR