31 marzo - 2019. Por: Sofía Cazeres - Artículos

Una lengua es un mundo, y esa es la utilización de la lengua que hace Alfonso Cuarón en Roma. En la película se hablan tres: español mexicano, mixteco e inglés. El mixteco es aquel que hablan las mucamas entre sí, a susurros y mezclado con palabras en español, en la cocina y en el cuartito que habitan. El mixteco las marca en su clase social y también las distancia, les pone una barrera entre unos patrones que dan órdenes (a veces más, a veces menos autoritarias) en español mexicano. Las protege y les permite reírse de la señora y sus costumbres, hablar de amor y de intimidad. En el mixteco habitan su mundo privado que se solapa, por supuesto, con el español que también manejan a la perfección y es el que usan para cruzar la barrera entre el murmullo privado y la respuesta a un patrón. Cleo arrulla a los niños con canciones en mixteco y los reta en español.

El límite se cruza permanentemente, con la fluidez de quienes adquieren dos lenguas maternas y saben qué expresar en cada una, cómo ir y volver sin perder sentido en el pasaje. Sospecho que lo ideal sería ver Roma sabiendo tanto español como mixteco y poder ir y venir a la par de Cleo en el tránsito por su vida y sus mundo. No sé cuántos hablantes tiene actualmente el mixteco y agradezco el subtitulado en español. Pero pierdo. El subtitulado es una herramienta útil, obvio, no podemos saber todas las lenguas de las películas que vemos, pero qué pérdida enorme es que haya una mediación más entre uno y el texto interpretado; ¿cuántos detalles no advertimos porque los estamos leyendo?

Alfonso Cuarón usa el inglés en una escena, nada más. En la visita a una cena de año nuevo en una casa de ricos. Ellos hablan en inglés. Los niños se quejan, se cuestionan por qué hablan los otros en inglés “si nacieron acá”. No nos subtitulan este pasaje, no hace falta. En inglés hablan sobre trivialidades de familia adinerada en año nuevo. Dicen cosas pero podrían no decir nada.

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Queda claro que no es una utilización inconsciente la diversidad de lenguas (además, esta podría ser la primera película no hablada en inglés en ganar como mejor película en los Oscars). Pero Netflix no lo vio y, ojalá con inocencia, subtituló en “español de España” la película para los espectadores ibéricos. Pregunto, ¿no saben los españoles, tanto como nosotros, qué significa “ustedes”? ¿Realmente necesitan leer vosotros para interpretar a quiénes se interpela en ese diálogo? No solo es innecesario, paternalista (para los españoles) y ofensivo (para el resto de los hispanohablantes), como dijo Jordi Soler, sino que es un acto de colonización sobre la palabra. Lo saben perfectamente los catalanes, dentro del territorio Español: por una lengua se lucha y se tortura.

Yo tampoco hablo español mexicano, si sirve para el caso, y reconozco que jamás dije que el mar estuviera “suave” pero eso no me resta capacidad de comprensión. Y resulta curioso que no nos hayan ofrecido a los argentinos la posibilidad de subtitular La Casa de Papel, por ejemplo ¿Impidió eso que interpretáramos que un atraco es un asalto? Tampoco fracasó la serie, que va por una tercera temporada. Es llamativo, al menos, que la colonización de la palabra vaya tan solo en una dirección. La que colonizó en el 1400 ese mismo territorio que ahora pretende traducir.

Si una lengua es un mundo, en Roma Alfonso Cuarón las necesita para llevar y traer ese mundo privado y chiquito que le pertenece a Cleo y quizás por eso haya declarado con tanta crudeza, llamando a la situación “parroquial e ignorante”. Ante esto, Netflix optó por retirar lo subtítulos y ahora exhibe un cartel que anuncia que sólo el mixteco será subtitulado para espectadores hispanohablantes⚫

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