Aquella Praga inalcanzable

Juan Pablo Barbero Abril 4 - 2017 Artículos

 

 

Como una pared firmada con aerosol, el color cubre las telarañas, el polvo, que tapa la pintura ya pintada, que cubre una pared donde detrás hay un castillo, o una ley, inalcanzable para los ojos, pero alcanzable en forma, porque lo inalcanzable ya tiene una forma, que también es llamada con varios nombres, ya que perseguir lo inalcanzable es absurdo y el absurdo es llamar con varios nombres a la misma cosa y dar vueltas y vueltas, como gira un carrusel o como gira una roca gigante en una montaña al subir y caer, subir y caer, subir y caer, la roca gira como el carrusel que da vueltas y vueltas, el carrusel gira como la burocracia que da vueltas y vueltas, la burocracia gira como la roca al caer de la montaña para llegar al fondo de la cuestión, pero cuando no hay cuestión, no hay fondo y la roca vuelve a caer porque sin darse cuenta estaba subiendo otra vez. La pared está firmada, pero de un color diferente todos los días, el absurdo de decir el color es por culpa de las leyes de la naturaleza ya que todos los colores te llevan a una cosa directa, el color distinguible e indecible es de una letra gigante, la letra K y no es la K del kirchnerismo, sino la letra kafkiana, que transforma a la política en literatura, y a la literatura en política. Porque una letra tiñe el color y el color se vuelve kafkiano, pero ¿cómo es el color kafkiano? Sin dar una respuesta definida, dejamos de dar vueltas y que respondan una selección de escenas de películas y otras de la vida real, pero ¿cuánta diferencia hay entre las películas y la realidad si al recordarlas al fin y al cabo todo pertenece al mundo de la imagen, que corresponde al mundo del lenguaje, que corresponde al mundo del mundo de Kafka?


Kafka era checo, la nueva ola checoslovaca de los años 60 está pintada de color kafkiano. Pero esto no es lo que busco, es obvio que Praga va a servirse de su más grande referente. Cambiemos de país, sin caer en las adaptaciones comunes, y no por ser comunes, estoy hablando de un término negativo, sino que no hablemos de adaptación pero sí de pincelada para diferenciar ambos aspectos. Adaptaciones serían las de Welles, Haneke, entre las más conocidas pero también la extraña adaptación de “La metamorfosis” (1975) de Jan Nemec, director checo, pero adaptación filmada para la televisión alemana, y resalto esta casualidad o causalidad, no lo sé, pero Kafka era un escritor checo que escribía en alemán y es esta la adaptación más extraña dentro de las comunes, porque quizás una adaptación deja de ser común cuando se vuelve sólo una pincelada, cuando se está adaptando pero con sólo una salpicadura, una chispa, una idea sin recurrir a una obra completa, un germen que enferma a la obra y la encierra en algo mucho más grande que un germen, una enfermedad mucho más grande que un papel, una puerta cerrada mucho más grande que la pared. Esta adaptación es quizás la más extraña, porque es la que rompe la idea de la tercera persona literaria y con una subjetiva vertiginosa vemos a través de Gregorio Samsa, recorremos las paredes y nos escondemos en los candelabros, tenemos el punto de vista de la cucaracha asustadiza dentro de una habitación inmensa. Pero a pesar de cambiar la persona literaria es la que quizás también más se acerca a la literatura, porque lo importante en la cucaracha es quizás no reconocerla, privarnos de esa imagen y que quede siempre como una idea, porque lo importante en Kafka creo que es no cómo se veía una cucaracha, sino cómo veía, cómo se movía, cómo moría. El cine condenado a darnos una imagen de lo inimaginable, puede aún continuar con el misterio gracias a diferentes tecnicismos, en este caso el uso de la subjetiva, porque lo importante en Kafka siempre no es el qué, sino el cómo y creo que esta adaptación de Nemec no es la mejor adaptación, pero particular porque toma decisiones fuera del relato original para acercarnos aún más a una idea sobre Kafka: el énfasis en la forma sobre el fondo, el cómo sobre el qué. Esta es la única película alemana en la filmografía checa de Jan Nemec. ¿Casualidad o causalidad? No importa, adaptaciones hay muchas y de las más variadas en todos los aspectos y formas, desde films comerciales hasta un film de Danielle Huillet y Jean-Marie Straub. Hablemos de pinceladas para entender la marca en la pared, yendo a lo directo, Praga otra vez, aunque esto parezca muy fácil, hay varios films de la nueva ola checoslovaca que cumplen con esto, nombrando uno: Postava k podpírání (1965), me parece un ejemplo perfecto ya que el film te envuelve en la atmósfera del escritor checo, pero esto no sólo pasa en Praga, de lo que en realidad me interesa hablar sin dar vueltas (como el carrusel, o la roca, o la burocracia) es de un lugar diferente, de un cine diferente, de un tiempo diferente: la Praga rumana.


No sé puede hablar de cine rumano sin nombrar a su exponente principal, la caída del régimen dictatorial de Nicolae Ceaucescu. Los nuevos directores forman parte de la generación del 2000, ya que la revolución rumana fue en 1989, y la libertad de expresión era nivel 0 durante muchísimos años. Creo que una de las imágenes más importantes para entender este nuevo cine son las fotos de la revolución, como también el video del fusilamiento del dictador y su mujer, a penas verlo, tirado en el piso sin vida, después de haber tenido tanto poder, el comunismo rumano tiene otro gran referente anterior, Gheorghe Gheorghiu-Dej, quien murió de cáncer y no fusilado, el dictador muerto después de haber convertido a Rumania en una colonia penitenciaria, pensemos en el relato de Kafka: La colonia penitenciaria es visitada por un explorador donde el oficial lo invita a la ejecución de un condenado pero primero le muestra la máquina para matar con gran entusiasmo. El explorador no aprueba las reglas de la colonia, acusando los métodos inhumanos por parte del régimen totalitario, el oficial se defiende con nostalgia por los viejos tiempos del oficial anterior mientras el condenado y el verdugo no entienden ni una palabra. El oficial muere al final del relato siendo despedazado por su misma máquina. No me parece tan raro pensar así la muerte de Ceaucescu, quien instauró en Rumania, su colonia penitenciaria, un culto a su persona; en el relato de Kafka el condenado es acusado de deshonrar a sus superiores, y la culpabilidad no se pone en duda en ningún régimen totalitario, ni en el rumano, ni en el kafkiano, la autoridad tiene la palabra principal y la condena es la pena de muerte en la máquina que tiene un delicado funcionamiento mecánico, descrito muy minuciosamente, enfatizando en la emoción que le da al oficial hablar de cada detalle e intentar convencer al explorador del increíble invento que es aquella máquina, se divide en tres partes, donde el condenado se acuesta y es ajustado a la maquinaria, donde una de las partes escribe con agujas la condena en la espalda del condenado y la sangre se limpia automáticamente para que pueda leerse el mensaje, que en este caso, ni siquiera el condenado ni siquiera está enterado de su condena. Al ser desaprobada la idea del oficial por parte del explorador, los lugares cambian y quien muere por los engranajes de la maquinaria es el dictador ¿Qué diría la espalda de Ceaucescu si hubiera muerto en la máquina kafkiana en vez de ser fusilado?


Luego de aquel fusilamiento resurgió el cine rumano, porque las películas pudieron volver a salir a la luz y las películas podían decir lo que querían, el silencio impuesto por Ceaucescu se había callado, ya que la colonia penitenciaria había sido destruída, sacando el escudo de la bandera rumana que empezó a flamear en lo más alto de los festivales de cine, “4 meses, 3 semanas y 2 días” de Cristian Mungiu ganó la palma de oro en Cannes, como también fueron premiadas películas como “12:08 al este de Bucarest” de Corneliu Porumboiu y “La muerte del señor Lazarescu” de Cristi Puiu, el reconocimiento del nuevo cine rumano empezó a expandirse por los diferentes festivales de cine del mundo hasta el día de hoy, donde parecen cada vez sentir la necesidad de alejarse del caso Ceaucescu, pero siempre va a ser fundamental para entender esta nueva generación, aquella línea donde la realidad y el cine se vuelven indiscernibles y en un fondo inseparables. ¿Qué se entiende por cine político o hacer políticamente cine? No se puede discutir el poder político de los textos de Kafka sin estar haciendo literatura política; Kafka, el más interpretados de los interpretados, se volvió hasta un adjetivo del mundo moderno y ahora, gracias a esta nueva ola de cineastas, puede considerarse también un adjetivo rumano porque algunas de estas películas están repletas de pequeñas insignias que puede servir como un flechazo directo al escritor. Propongo empezar a relacionar, como si fuera una especie de juego, diferentes escenas pertenecientes al nuevo cine rumano que podrían considerarse que tienen una pincelada kafkiana. Max Brodd, amigo y editor de Kafka, decía que cuando Kafka le leía algunas líneas, había veces que se reía mucho de sus propios escritos. Todos sus relatos mezclan situaciones extrañas y humorísticas, esas que hacen brotar una sonrisa por sólo una parte de los labios porque no es una sonrisa entera, ya que a uno le da gracia el absurdo pero sin dejar de incomodarte porque Kafka siempre va a ser contemporáneo, por eso sus situaciones pueden verse en diferentes lugares, desde una oficina hasta un hospital, desde un pequeño pueblo a una gran ciudad. Lo inalcanzable de la ley para el hombre gira en el absurdo burocrático y esas vueltas, que se resumen hasta en los más burdos dichos populares, pueden volverse hasta pequeñas lecturas de asociaciones impostergables, porque cuando uno no puede correr la mirada, tiene que ver hasta el fondo, y ver un carrusel, que da vueltas y vueltas, da vueltas como el proceso burocrático, da vueltas como la piedra de Sísifo al caer y subir, caer y subir, caer y subir, y otra vez arriba vuelve a empezar, pero el carrusel no es un mito, sino sólo una asociación que pensé al volver a ver “Historias de la edad de oro” (2009), película rumana en episodios que bien nos podría recordar a las películas de Pier Paolo Pasolini: “El decameron” o “Los cuentos de Canterbury”, por esa idea de contar pequeñas leyendas, que parecen tener una especie de moraleja, pero la diferencia está en la distancia que separan las películas, ya que lo que los rumanos tienen de particular es la necesidad de revisar un pasado bastante presente (“El papel será azul” de Radu Muntean) y Pasolini se va directamente a otra época. “Historias de la edad de oro” son leyendas rumanas en forma de mediometrajes, todas escritas por Cristian Mungiu y dirigidas por diferentes directores, salvo una, que la dirigió él mismo. Cito esta película porque su primer relato “La leyenda de la visita oficial”, fue la que me hizo acordar, a modo de matáfora, si quieren, a aquel humor que no le permitía seguir leyendo a Kafka sus propios relatos. Resulta que en un pequeño pueblo llega la noticia de que va a haber una visita oficial, como bien dice su título, y el pueblo empieza a prepararse siendo aconsejados por un agente que también viene del gobierno para controlar los preparativos. Los ciudadanos arman carteles, inflan globos, todos esperan con emoción la visita de alguien que tiene un poder mayor al de ellos como simples ciudadanos de un pequeño pueblo, pero obviamente el absurdo no queda en la búsqueda de palomas, sino en haber conseguido un carrusel para esperar a este hombre que va a venir, y luego llega otra noticia que no va a venir y la preocupación pasa a ser otra: ¿Qué vamos a hacer con el carrusel?, pregunta uno de los ciudadanos. Todo el mundo arriba, responde el agente y así sucede, desde el alcalde hasta le oficial, los pocos ciudadanos, todos a toda velocidad en una máquina que da vueltas y vueltas, y el humor llega a su punto cúlmine cuando el alcalde se descompone y el agente del gobierno pide que frenen la máquina, pero enseguida levanta la mano un hombre, que es quien prendió la máquina y le responde al agente “dijiste todo el mundo arriba” entonces no hay quien apague la máquina que va a toda velocidad dando vueltas con todas las autoridades en el juego que pasan horas y horas girando hasta el fin del relato. Con lo que quiero quedarme de esta parte es con la idea esta de “dar vueltas” porque al fin y al cabo que las cosas den vueltas como un carrusel, como dice el dicho popular, por algo es. Cuando algo da vueltas sin definirse en un camino, sólo en un torbellino, empieza a pensarse la idea de algo que no va a poder suceder, de algo que no va a poder llegar y esto es lo que Kafka plantea en su absurdo existencial, lo inalcanzable, las vueltas burocráticas que tiene que sufrir la humanidad en el mundo moderno. Pensemos en “El proceso” una de las tres novelas inacabadas, inacabadas porque ni el mismo Kafka pudo ponerle punto final a la burocracia descrita en sus páginas, el protagonista, Joseph K. es arrestado una mañana y no le saben decir por qué, él tampoco conoce su sentencia pero a lo largo de la novela busca una respuesta donde sólo se adentra a la inaccesibilidad de la ley, recorriendo laberintos y haciendo de algo tan común como lo es la burocracia, algo tan siniestro y absurdo. Kafka no pudo terminar su novela porque hay partes que faltan en el medio del engranaje, o capítulos sin terminar, pero sí lo que pudo hacer es darle un final a la vida de su protagonista, que antes de ser degollado, dice sólo las palabras: “Como un perro”. Bueno bien, Joseph K. en cierto punto se parece a el señor Lazarescu y como nos dice el título de entrada, la película de Cristi Puiu nos va a mostrar, a lo largo de dos horas y media, la muerte del personaje adentrado en una situación kafkiana pasando de hospital en hospital sufriendo la más absurda burocracia del sistema hospitalario rumano y es esta quizás la película más kafkiana de todas y creo que merece un apartado aparte.


“(…) no hay duda que detrás de todas las actuaciones de esta corte, y en el caso de mi arresto y la diligencia actual, se esconde una gran organización. Una organización que no sólo se ocupa de tener guardianes sobornables y necios inspectores y jueces de instrucción, que en el mejor de los casos son discretos, sino que además sostiene jueces de alto rango con un incontable e indispensable séquito de servidores, escribientes, gendarmes y otros ayudantes; quizá incluso verdugos, la palabra no me intimida ¿Y cuál es el sentido de esta organización, señores míos? Consiste en arrestar personas inocentes, iniciando en su contra procesos insensatos e infructuosos, como en mi caso ¿Cómo podría toda esta insensatez evitar la peor de las corrupciones burocráticas?”


Antes de seguir con “La muerte del señor Lazarescu”, volvamos a Cristian Mungiu y de esta manera ver su filmografía mientras se espera ansioso el estreno de su nueva película “Los exámenes”(2016), que fue premiado en la última edición de Cannes como mejor director. Mungiu, como todos en la nueva ola rumana, son lectores de Kafka; hay dos escenas de diferentes películas que en cierto punto parecen relacionarse, volviendo al segmento “La leyenda de la visita oficial” y pienso en el momento anterior al absurdo del carrusel, pienso en ese pueblo que espera, que se disfraza, que sonríe por la visita de alguien superior, ¿Qué quiere el pueblo de ese alguien superior? De estas situaciones de inferioridad social está repleta la obra de Kafka, por ejemplo en “El castillo”, que tan inalcanzable es, como la ley para Joseph K. o la paz para Lazarescu, la gente de la aldea siente la misma necesidad de forjar una relación con la gente que pertenece al castillo, pero a este castillo nadie de la aldea puede llegar y la gran mayoría ni lo intenta, sólo saben que alguien que es de ahí lo puede llevar. Esta idea es similar a la otra película insinuada, “California dreamin” (2007), de Cristian Nemescu en su corta filmografía por su muerte temprana en un accidente automovilístico; pero en este caso el castillo, se llama capitalismo y la aldea comunismo. Un tren con soldados estadounidenses queda frenado en una pequeña comunidad de Rumania por cuestiones burocráticas no se le permite el paso. La estadía de los soldados altera las emociones de los habitantes en los diferentes ámbitos, en el colegio se les habla de Estados Unidos y en las ventanas las chicas suspiran por la masculinidad de los soldados. Pero hay algo más allá que el disfraz de hombre rudo, ese tren va a los Estados Unidos y Rumania permaneció tanto tiempo en el comunismo que desea un cambio sustancial en la vida de cada uno. “Llevame con vos” son palabras de las chicas enamoradas hacia los soldados, porque saben muy bien que en una sociedad machista, donde no se les escucha porque no pueden hablar, ni siquiera intentan porque saben que es en vano, la dureza de cómo narra el aborto Cristian Mungiu en “4 meses, 3 semanas y 2 días” es política, es un grito contra la dictadura reciente. California Dreamin puede asociarse con esa idea del castillo kafkiano, al pensar como lo inalcanzable a ese cambio social, pero lo importante no es el cambio total, sino lo absurdo del deseo, la búsqueda, pienso a Estados Unidos como un castillo inmenso donde el sueño americano está presente sin conocerse, pero el deseo de cambiar tapa los ojos inocentes de unos personajes que no pueden hablarle a los soldados, porque casi nadie sabe inglés, y en Kafka siempre el lenguaje es un problema, pensemos en el Gran nadador que no sabía nadar pero fue premiado en las olimpíadas y tampoco entiende el lenguaje de su pueblo y no se puede comunicar. En la película los personajes quieren abandonar Rumania y vivir en Estados Unidos, como la gente de la aldea quiere pertenecer al castillo.


Esta cercanía al humor kafkiano en relación a las deficiencias burocráticas puede también verse en la película “Policía, adjetivo” (2009) de Porumboiu, un film que está repleto de la atmósfera absurda de la burocracia policial estirando en tiempos muertos todo lo que un film clásico hollywoodense tiraría a la basura, lo que a Porumboiu le interesa es la sutileza de observación, la espera, la pesadez de la duración en consecuencia de una incapacidad de cambiar una ley ya vieja. Esta espera es similar a la del texto “Ante la ley”, donde el personaje se pasa toda su vida frente a una puerta cerrada esperando a que el guardián la abra. Estos conflictos con la estupidez de las leyes fueron frecuentes en los textos kafkianos si hasta el caballo de Alejandro Magno tiene un lugar en la burocracia por la importancia que tiene en la historia universal. Kafka se burla todo el tiempo del sistema en el que se encuentra alienado, un sistema compuesto por mentes siniestras que necesitan de personas incompetentes para hacerlo ineficaz e inalcanzable para los demás. En el caso de la película nombrada, el protagonista, un joven policía se niega a cumplir una orden superior para arrestar a unos jóvenes que fuman marihuana y el motivo de desobediencia, es justificarse con que esa ley pronto va a cambiar y el daño social sería injusto para unos jóvenes que en realidad no están haciendo nada malo. El absurdo de observar a personas como si fueran sospechosas llega a su paroxismo cuando el oficial superior le obliga a leer del diccionario las definiciones sobre la ley y el policía no puede hacer otra cosa que ceder, a pesar de comprender lo tonto de la situación. El humor de los films rumanos es ese humor de una sonrisa pequeña e incómoda que apenas se nos mueven los labios.


“La muerte del señor Lazarescu” es sin dudas un film que dialoga todo el tiempo con Kafka. ¿No son similares las dificultades de Joseph K. con la del pobre anciano rumano? Ambos insertos en un camino con más grietas que senda, las grietas tapadas con inutilidad, la senda finge ser un puente, pero no todos pueden caminar por este. Lazarescu no puede. Joseph K. no puede. Porque la burocracia es inmensa y es horrenda, y el extrañamiento del absurdo cotidiano es lo que mueve el puente, lo que incomoda y no deja caminar porque no te permite el paso, en realidad caminar te deja, pero lo que no te permite es llegar a ese punto donde toda la caminata tuvo sentido, ya que el sentido es lo inalcanzable y termina en la muerte “como un perro”, la forma del absurdo kafkiano que hoy es rumano más que en cualquier otra cinematografía contemporánea. Lazarescu un viejo que vive con sus gatos enferma y unos vecinos llaman a la ambulancia, este renegado en todo su recorrido empieza a deteriorarse por los multiples vaivenes del sistema hospitalario, donde algunos doctores se niegan a atenderlos, otros se pelean por el humor del anciano y otros simplemente no le dejan lugar por un contexto invisible pero perceptible en toda la atmósfera que propone la historia, un accidente en la ciudad tiene a la noche alterada y la entrada y salida de los hospitales tiene más frecuencia que lo habitual, pero en ningún momento la película nos muestra el accidente, sino que se centra en el deterioro de Lazarescu, siendo subido y bajado por la ambulancia, transportado por toda la ciudad, cada vez más cansado y cada vez más viejo, el deterioro es similar a las del hombre que espera frente a las puertas de la ley, debe permanecer sentado en un banco esperando su muerte, pero acá el banco es una camilla de ambulancia pero el deterioro es similar, al igual que en “el artista del hambre”, la idea del deterioro del hombre frente al absurdo, hasta en pequeños detalles, como la pérdida del habla y el cansancio de quienes están a su lado. Lazarescu muere como un perro degollado por la ineficiencia del sistema. Y esta ineficiencia, fruto de la narración, es una continua selección de decisiones porque hacen del absurdo el tema principal de la película, y es necesario para Cristi Puiu hacer sentir el peso de este laberinto, con largos planos y situaciones agobiantes, con personajes que se cansan de estar en escena, con recovecos que se agrietan de tanto estirarse. Este énfasis en las duraciones son una característica primordial en su filmografía, su siguiente película “Aurora” narra el sutil recorrido de un hombre hasta cometer un asesinato. Como también sucede en otro film rumano, donde un personaje sorprende con un repentino ataque asesino como lo es el coronel retirado de “Niki y Flo”, película fundamental de esta cinematografía, que une dos épocas diferentes del cine rumano, ya que esta película es dirigida por el director exiliado Lucian Pintilie, unas de las pocas referencias que tiene el pasado cine en Rumania durante varios años, y Cristi Puiu, estandarte de esta nueva ola, colabora en la escritura del guión. Los personajes de Niki y Lazarescu son similares en apariencia, hasta usan un atuendo parecido, un pijama a rayas y una cara larga que contrae toda la tristeza de Rumania. Niki fue abandonado por sus hijos, uno muere y la otra se va a vivir a Estados Unidos, no hay por qué volver a nombrar ejemplos anteriores para pensar la idea del castillo, sino que ahora pensaremos la otra novela inacabada de Kafka: América. Aquel sueño engañado. Aquel sutil sueño engañado. En cambio la sutileza agobia a Lazarescu hasta su máximo deterioro y para hacer sentir el deterioro tenemos que soportar el recorrido e identificarnos con el personaje porque la crítica social es tan universal que compete a todos los Lazarescus del planeta, a todos los Josephs K. del planeta, entonces a todas las personas que están detrás de la pared, que detrás hay un castillo, inalcanzable.

Juan Pablo Barbero

juampabarbero@caligari.com.ar

Aquella Praga inalcanzable