"Aportes para pensar la paridad en la industria cinematográfica: Por una ley justa"

Texto leído en el marco de la presentación del Proyecto de Ley por la creación de un Observatorio por la Igualdad de Género en la Cultura de la Senadora Norma Durango.

2 octubre - 2019. Por: Andrea Testa - Artículos

A modo de completar la presentación, quería agregar que también formo parte del Frente Audiovisual Feminista, un espacio de encuentro y en (permanente) construcción de diversas asociaciones y colectivas de la actividad cinematográfica y audiovisual, que fuimos juntándonos de una manera solidaria para difundir, fomentar y apoyar las luchas que cada espacio va dando en busca de paridad y de conquista de derechos.

Me parecía importante nombrarlo, nombrarnos, porque mucho de lo que aquí puedo exponer es el resultado de un trabajo colectivo, del compartir datos, experiencias, de reuniones largas y de muchas horas de pensar juntas y, sin olvidar, muchos minutos de audios de whatsapp.

Aclaración: voy a hablar en femenino pero no por ello quiero dejar de lado otras identidades, decidí armar este texto con el uso de la A porque es desde donde hoy puedo hablar. Pido disculpas si eso precipita reflexiones, lo que intento es no hablar por sobre les otres.

Buscar la paridad es lo que nos encuentra hoy, en esta presentación del proyecto de ley por la creación de un Observatorio que tenga como objetivo poder estudiar, investigar, recopilar y analizar los datos que devienen de la práctica de las diferentes áreas de la cultura. Nosotras, que estudiamos, que trabajamos, que creamos y pensamos el cine y la actividad audiovisual en general, fuimos necesitando y buscando esas cifras para poder entender qué era lo que nos estaba pasando. Seguramente, cada cual tenga su relato personal de la travesía que fue tomar decisiones, poder dedicarse a alguna rama cultural, o seguir intensamente intentándolo. Esas posibles y distintas historias, relatos de vida, seguramente también nos encuentren contándonos cosas muy parecidas, miedos, obstáculos, silencios. Por eso es que nos juntamos, cada cual encontrando su grupo de pertenencia, su forma política, su gusto o profesión, nos juntamos para comprender más allá de nosotras mismas cómo el mundo se estructura alrededor de nosotras y poder preguntarnos qué mundos posibles queremos construir.

El cine en mí se presentó como un deseo y como la posibilidad de denunciar las atrocidades de este mundo, como una herramienta para mostrar las injusticias, para acercarnos al dolor de otras personas que si no fuera por el cine, quizás nunca veríamos o escucharíamos, porque quizás cruzaríamos la calle o directamente correríamos la mirada. Cuando se habla, cuando hablamos de la Cultura como un derecho humano, además de plantear el derecho al disfrute y al trabajo, estamos disputando pensamientos y acciones sobre el mundo que nos rodea, posibilidades para construir, o mejor, de-construir sentidos comunes, imaginarios colectivos, que tienden a dominarnos, a encasillarnos, a individualizarnos. Cuanto más acceso, participación, circulación de miradas e historias haya, más posibilidades de pensar otros modos de hacer y ser.

Buscamos cifras, algunas con estudios más profundos, otras con recortes más urgentes, para poder explicar lo estructural de la problemática de género en el acceso. De algunos datos que recopilamos colectivamente para una presentación que hicimos en el marco del MICA de este año y tomando las películas estrenadas en 2018, vimos que la participación de las mujeres en el cine se da de esta forma: en el área de Dirección el porcentaje de participación de mujeres es del 16,8%, en el área de Montaje es del 19,5%, en el área de Guión del 27% sumando también las co-escrituras de mujeres y hombres, en el rol de Dirección de Fotografía sólo el 12% y en Dirección de Sonido la participación de mujeres es del 16%.

En el área del documental, por ejemplo, se tomó dos comités de presentación de proyectos distantes en 5 años y se vio que no hubo variación en la cantidad de mujeres que presentan proyectos de documental para ser evaluados. Este porcentaje se mantuvo en el 32,5% lo que nos puede llevar a preguntarnos por qué en una vía de acceso libre, sin puntajes previos, es decir que posibilita el acceso a ópera-primistas, el porcentaje sea bajo y se mantenga. ¿Será que también desde que estudiamos el poder insiste en decirnos que no servimos para dirigir porque hay otros mejores que nosotras? En las escuelas de cine se encuentran la misma cantidad de mujeres y varones estudiando, pero muchas no continúan el desarrollo profesional después de egresadas.

De las 10 películas más vistas en 2018 solamente 2 películas son dirigidas por mujeres.

En las áreas de Dirección de Fotografía, Música y Dirección de Sonido de estas 10 películas más vistas, el 100% de estos roles fueron ocupados por varones.

Esta información, repito, fue recopilada colectivamente por varias compañeras de diferentes asociaciones de técnicas, directoras, productoras y documentalistas, pido disculpas que no voy a llegar a nombrar a todas, pero sí me gustaría destacar el aporte que hizo Florencia Tundis que además de guionista es también economista y su conocimiento específico nos ayudó a todas a comprender algo más.

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Hay unos datos también muy interesantes que expusieron desde la comisión de género de SICA en la Multisectorial Audiovisual conformada por algunos sectores de la Industria Audiovisual, que la participación de mujeres en los puestos de trabajo desde el 2014 al 2018 fue de un 38% casi sin variación en esos 5 años, y que, teniendo en cuenta la escala salarial por roles (algunos como sabemos más “femeninos”), el salario promedio en los roles que las mujeres participan del 51% al 100% es del 2,06% por debajo de la media. Y que el salario promedio de las mujeres en roles que participan del 0 al 50% es del 3,09% por encima del salario mínimo. Esto quiere decir que los roles en los que las mujeres tienen mayor participación en la industria son menos pagos que los roles en los que la mayoritaria participación es de hombres.

Todo esto, lo vemos como un panorama general, que segura y necesariamente tiene que tener mayor investigación, profundización e interrelación, para llegar a estudios sobre la real participación de la mujer hoy en la industria cinematográfica. Por eso, la creación del Observatorio es fundamental para que se desarrolle conocimiento desde el Estado y podamos contar con él, muchas de nosotras, trabajadoras de la cultura, para enmarcar nuestras luchas en propuestas concretas. En estos momentos el INCAA, no está llevando a cabo una política pública que atienda esta problemática sino que somos las mujeres organizadas las que ante esta omisión del Estado, nos ocupamos de registrar la realidad y pensar juntas cómo modificarla. Por eso, la creación de este Observatorio puede demostrar la importancia y delinear caminos para que el resto de los organismos públicos de la Cultura se hagan cargo de esta falta de políticas e intervengan activamente para reducir estas brechas.

Esta situación no sólo repercute en el acceso a mejores puestos de trabajo como técnicas, ni como directoras, autoras, productoras. Sino que también se ven reflejada en los circuitos de exhibición y de legitimación, en donde las películas llegan al encuentro con el público (que para eso las hacemos). No solamente quiero mencionar la participación de mujeres en Festivales, nacionales e internacionales, sino también hablar de un circuito de exhibición que incumple una cuota de pantalla para el cine nacional (no hace falta tener mucho conocimiento sobre el tema, sino más que acercarse a cualquier cine y ver que la oferta cultural está invadida por tanques yanquis… literalmente, las últimas películas estrenadas estadounidenses ocuparon casi el 80% de las pantallas de todo el país). Si volvemos a las cifras, de las 10 películas que más se vieron el año pasado, sólo 2 fueron realizadas por mujeres; me pregunto qué espacio verdadero tuvo aunque sea esas películas en los cines de nuestro país. Imaginemos las películas que ni siquiera llegan a circuitos comerciales. ¿Y las que todavía no hicimos y las que todavía no pueden ser hechas?

El año pasado, el Festival Internacional de Cine de Mar de Plata junto con las autoridades del INCAA firmaron una carta de compromiso por la paridad y la inclusión de las mujeres en el cine y que hasta el día de hoy no tenemos noticias de su aplicación. Por primera vez en 33 años de historia del Festival, una mujer ocupó (y ocupa) el cargo de Dirección Artística, justo en un contexto de crisis económica que repercute gravemente en las condiciones para su desarrollo.

 

Buscamos paridad para conseguir un piso nuevo, no un techo. En este breve desglose podemos ver que la problemática es transversal:

Como estudiantes de cine, nos faltan maestras.

Como trabajadoras, nos faltan derechos.

Como realizadoras, nos faltan fomentos.

Como espectadoras, nos faltan películas.

Como mujeres, nos faltan nuestras propias imágenes.

Y así podemos armar infinitos pares.

 

Buscamos la paridad para poder acceder y confirmar nuestra participación política a partir de una agenda de género. A empujones, a veces suaves, a veces más tensos, logramos continuar con este trabajo histórico de hacernos lugar porque estamos luchando por la igualdad y acá podemos dejar un poco de lado lo específico, porque creo que muchas lucharon y están luchando por la construcción de un mundo distinto, para todes.

Desde los espacios de cine, colectivas, grupas, asociaciones, encuentros, debates, charlas, clases, tensionamos nuestro lugar para abrir lugar. Por eso, hoy, existe un Fondo de Maternidad impulsado por el Colectivo de Técnicas de Cine y Publicidad. Por eso, hoy, existe una Plataforma que visibiliza la cantidad de mujeres dispuestas a desarrollarse profesionalmente en el ámbito audiovisual, impulsada por MUA Mujeres Audiovisuales. Por eso, hoy, está la lucha activa por un 50/50 para el 2020 impulsada por colectivas como ACCION Mujeres del cine y la histórica asociación La Mujer y el Cine creada hace 30 años por Maria Luisa Bemberg y Lita Stantic, entre otras. Por eso, hoy, existe también la lucha por el reconocimiento y el Hagan Lugar que llevaron adelante las compañeras de SAE y EDA (asociaciones de montajistas). Por eso, hoy, ADF tiene una Presidenta mujer por primera vez en la historia de esa asociación. Por eso, desde las asociaciones que conformamos la mesa de directorxs (ADN, DOCA, DIC, RDI, RAD, PCI y Colectivo de Cineastas) luchamos por políticas públicas para fortalecer el fomento al cine independiente y hoy nos encontramos debatiendo con el objetivo de construir un nuevo Plan de Fomento con perspectiva de género para democratizar el acceso a los fondos públicos de nuestra actividad, mientras denunciamos los incumplimientos de la Ley de Cine y la caducidad del Fondo de Fomento Cinematográfico. Y seguramente no tenga ahora el conocimiento de otras tantas luchas que se están dando en el campo audiovisual, como el armado de protocolos en contra de las violencias machistas en todos los campos, no solo en los espacios de trabajo sino también de formación y participación política. O la lucha pendiente para que existan capacitaciones de género para les integrantes de comités de evaluación de proyectos en el INCAA, o la aplicación de ESI en las instituciones educativas audiovisuales. Porque también nos preocupa y nos ocupa de manera urgente qué imágenes están construyendo sobre nosotras, reproduciendo constantemente violencias simbólicas.

¡Tanto haciéndose y tanto por hacer, porque esto es movimiento y está sucediendo en todos lados!

Buscamos paridad porque buscamos defender al cine independiente para verlo libre de violencias, como mujeres políticas que luchan por un mundo más justo. Porque como mujeres feministas decimos que lo personal es político, y vaya allí nuestra lucha más profunda: transformarlo todo, en todos los sentidos, en todas las miradas y en todas nuestras realidades⚫

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